Las Diez Promesas VI–VII: Sexta y Séptima Promesa: Dios promete cuidar de ti y de tu familia. (Sexto y séptimo mandamiento).

INTRODUCCIÓN:

Estamos analizando la declaración de amor de Dios expresada en 10 votos matrimoniales o promesas que se encuentran en Éxodo 20. Ese texto, comúnmente conocido como “Los Diez Mandamientos” es en realidad un certificado matrimonial, donde se registran los votos que Dios pronunció al comprometerse públicamente, ante el universo entero, cuando tomó a Israel, a sus hijos, como esposa.
La primera promesa de Dios es serte fiel siempre, estar contigo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza.
Su segunda promesa es estar constantemente a tu lado, hacerte compañía en todo momento, no necesitarás ninguna foto suya porque tienes al Original a tu lado. También promete cuidar de ti y de tu familia, como el médico visita a los enfermos para sanarlos.
Dios ha prometido escucharte con toda su atención cada vez que le llames en oración. No importa los errores que hayas cometido hasta ahora, siempre está dispuesto a escuchar y a ayudar dando una nueva oportunidad.
Dios ha prometido también apartar un tiempo cada semana para estar en familia. Un día especial cada sábado, para gozar juntos de todo lo que ha creado, con toda la familia, incluso con las visitas que tengas en casa. Dios quiere tener una fiesta cada semana. Sólo te pide que recuerdes esa cita semanal.
Otra promesa, que introduce las de hoy, es el compromiso de Dios en ayudarte a ser un buen joven, un/a buen/a hijo/a. Y como garantía de que cumple su promesa, te dice que Él es el primer interesado en ayudarte a ser un/a buen/a hijo/a porque así todo el universo puede ver su amor y dedicación por ti.
Vamos hoy con la sexta promesa.

Sexta promesa: El “Padrino”

A partir de ahora, tenemos que ver las promesas (mandamientos) restantes bajo el prisma de la primera parte de la Ley. Os recuerdo el contexto de Éxodo 19:4-6, que vimos el primer día: Se presenta como un Dios Omnipotente, que se preocupa en extremo por nosotros y provee todo lo necesario. Un Dios que nos tomó en “alas de águila”, somos su “especial tesoro”, y nos recuerda que “toda la tierra” es suya.
También debemos tener presente que a partir de ahora nos va a mostrar cómo honrarle. Pero no dando órdenes, sino prometiéndote que te va a ayudar a lograr los objetivos.
Éxodo 20:13 es una promesa muy sencilla y corto: “No matarás”. No dice “no mates”. Es un imperativo de futuro, no lo olvides. Lo que Dios te está diciendo con estas dos sencillas palabras es que a partir de ahora no tendrás que matar, no tendrás la “necesidad” de atentar contra la vida de nada ni de nadie, ni para defenderte ni para conquistar.
Recuerda que Dios está a tu lado constantemente, cada día, en todo momento. Si realmente fuésemos conscientes de la presencia real de Dios (que nos ha prometido), nos daríamos cuenta de que tenemos a nuestro lado a un Ser grande, fuerte, celoso. Esta parte no la traté en cuando hablamos de la segunda promesa, pero ahora es necesario hablar de ello. Dios dice que es “fuerte” y “celoso”. ¿Qué significa realmente esto?
Las muchachas jóvenes, si van a pasear por un lugar oscuro, o se les hace tarde, si se cruzan con un desconocido sería lógico que tengan miedo, ¿cierto? Pero si las acompaña un guardaespaldas, alguien grande, fuerte, poderoso, capaz de defenderlas, se sentirían más seguras.
Dios es el que promete acompañarte siempre (segunda promesa) por eso no te hace falta llevar encima una foto suya. Y añade que es “fuerte”. Está ahí para defenderte en todo momento. Cuando lo llames (tercera promesa) nunca usarás su nombre en vano, porque acudirá inmediatamente a tu ayuda, al rescate, y puede hacerlo porque es “fuerte”.
Pero además es “celoso”. Con este término ocurre lo mismo que con “visitar”. ¿Qué es ser celoso? Para los seres humanos, ser celoso es no fiarse de alguien, desconfiar, pero Dios no es así. En la Biblia, ser “celoso” es ser devoto de algo, ser “fan” de alguien. Dios no desconfía de ti. En todo caso, su celo por ti, ser celoso por ti (no de ti) le lleva a dar la cara cuando alguien pasa a tu lado y te mira mal, te dice alguna grosería. En ese momento, Dios que te acompaña, sale a tu defensa y se pone en medio, entre el posible agresor y tú. Es un Dios “celoso” en contra de los que te quieren hacer daño, buscando solamente tu salvación y seguridad.
Ahora, en este contexto, Dios te promete que a partir de ahora, si le aceptas como tu Dios, como el “esposo”, ya no tendrás más necesidad de defenderte tú solo, por ti mismo sin medios, agrediendo a otros. Él lo hará por ti.
Alguno me puede decir ahora: “Pero en el Antiguo Testamento se habla de guerras y cosas horribles”. Eso fue algo que Dios no quería. Dios ya había hecho esta promesa “no matarás” antes de esos tristes capítulos de la historia. Dios no quería que su pueblo se tuviese que involucrar personalmente en despejar la tierra de Canaán poco después de la Boda (40 años después). Tristemente así ocurrió y marcó una tendencia para el resto de la historia de Israel como nación.
Recordemos, ¿cómo se libró Israel del ejército de Faraón? ¿Tuvieron que luchar contra ellos? No. Fue Dios quien defendió a Israel sepultando al ejército en el Mar Rojo. Él es el dueño de toda vida, sólo Él puede tomarla de nuevo.
De igual modo, más adelante. ¿Cómo tomaron Jericó? Sin armas, con una procesión alrededor de los muros de la ciudad. Fue Dios quien tomó la ciudad por ellos.
Poco más adelante, poco después de la “boda”, leemos en Éxodo 23:27-28: “Yo enviaré mi terror delante de ti, y consternaré a todo pueblo donde entres, y te daré la cerviz de todos tus enemigos. Enviaré delante de ti la avispa, que eche fuera al heveo, al cananeo y al heteo, de delante de ti”. En Deuteronomio 7:20 se repite la misma idea: “También enviará Jehová tu Dios avispas sobre ellos, hasta que perezcan los que quedaren y los que se hubieren escondido de delante de ti”.
¿Quién de los presentes tiene carné de conducir? ¿Os sentís cómodos cuando conduce otra persona y estáis sentados en el lugar del copiloto? Especialmente los maridos, ¿no os pasáis el rato diciendo “pon el intermitente”, “cuida por aquí”, “acelera”...? ¿Cuántas veces pisáis el pedal del freno aún sabiendo que no está en vuestro lado? Lo cierto es que no nos gusta dejar el control del vehículo a otro. Desconfiamos de que la otra persona pueda reaccionar a tiempo, o no haga las cosas como a mí me gusta.
Con Dios nos ocurre exactamente igual. Por nuestra incapacidad de creer firmemente en Sus promesas, no somos capaces de disfrutar de ellas. Nos ocurre como a Jonás, sabemos que Dios va a tener más misericordia que yo de mis enemigos, y no nos gusta...
Se nos olvida que somos la Esposa, la “niña de sus ojos”, “su especial tesoro” y que nuestro Esposo no permitirá que tengamos que pelearnos solos para sobrevivir. Es más, Dios quiere que otros se sumen a la boda, añadir más miembros a la familia. Ezequiel 18:32 nos dice: “Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis”. ¿Quién soy yo para juzgar quién debe morir o no? Dios está diciendo, “déjame a mi esa decisión, ya no tendrás que hacerlo tú”.
Es más, no se trata solo de violencia física. Dios te promete que “no matarás” en todos los aspectos. Jesús tuvo que volver a explicar esta misma promesa de nuevo durante su ministerio:
Mateo 20:21-22 “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego”.
El problema más grave no es “matar”, que ya es un problema grave en sí, sino el por qué lo haces. ¿Por qué? No es por la ofensa que te hayan hecho, o el ataque. La verdadera razón es porque no confiamos en la promesa de la protección divina. Es desconfianza o falta de fe. Dios te ha prometido hacerse cargo de todo ello.
Es más, Jesús llevó el entendimiento humano a otro nivel que ya estaba allí desde el principio. Insultar a alguien es el primer paso antes de matarlo físicamente. Es igual, la intención es la misma, estás desconfiando de Dios y te estás defendiendo con una agresión verbal. El problema es el mismo. Pero Dios te dice: “A partir de ahora, no matarás, no será necesario que seas agresivo”.
Dios promete hacernos gente de paz. (11) Juan 14:27 “Mi paz os dejo, mi paz os doy”. Gente de reconciliación: (12) 2 Corintios 5:18 “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación”.

Séptima promesa

Una vez que Dios nos ha prometido protegernos y proteger lo más fundamental, el derecho a la vida, se ve en la necesidad de organizar la vida en este mundo. La base de la sociedad es la familia. Dios promete ayudarte a proteger tu familia, es la séptima promesa.
Éxodo 20:14 “No cometerás adulterio”. A partir de ahora, no tendrás por qué ser infiel, no solo a mi (primera promesa), sino también a tu esposo/a terrenal. Vas a honrar a toda tu familia, padres, y también esposo/a. Vas a saber cuidar el regalo más íntimo que te puedo hacer. Tu forma de vivir a mi lado va a ser una experiencia tan original, auténtica y emocionante que no te aburrirás, no te va a hacer falta buscar “emociones nuevas” fuera del regalo íntimo que te voy a hacer (o te he hecho ya). Tus emociones serán tan satisfactorias, que no necesitarás ningún “extra”.
Proverbios 5:15-19 “Bebe el agua de tu misma cisterna, Y los raudales de tu propio pozo. ¿Se derramarán tus fuentes por las calles, Y tus corrientes de aguas por las plazas? Sean para ti solo, Y no para los extraños contigo. Sea bendito tu manantial, Y alégrate con la mujer de tu juventud, Como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, Y en su amor recréate siempre”.
Si eres capaz de ser fiel a tu Esposo celestial, el invisible y del que no te hace falta una “fotografía” (imagen), ¿cómo no vas a ser feliz con el cónyuge al que sí ves? En la familia de Dios se restauran las relaciones disfuncionales. Dios promete restaurar todo “adulterio”, “alteración” de algo que jamás debió ser contaminado, algo tan esencial como la base de la sociedad misma: La familia.
Jóvenes: Si confiáis en Dios, le pedís en oración la pareja ideal, el hombre o la mujer que Él sabe que será la mejor compañía para toda la vida, te garantizo que, si tienes paciencia y confías en Dios, te dará mucho más de lo que puedas soñar. Te dará una persona para compartir toda una vida, y se hará corta, y entonces necesitarás toda una vida eterna para querer disfrutar de ese regalo que Dios te va a dar. A mí me ha pasado con mi esposa Susana.
Lo que importa no es solo el aspecto exterior, sino el contenido. Dios te dará lo mejor.

CONCLUSIÓN

Es curioso el orden de las promesas: Primero el prólogo (quinta doble promesa), a continuación, lo básico, el derecho a la vida, sin la cual el resto no sirve de nada. Luego viene la promesa de restauración y preservación de la base de la sociedad, la familia.
No te olvides nunca que tienes al Ser más poderoso del Universo viviendo constantemente a tu lado, deseando pasar cada minuto contigo, siempre dispuesto a escucharte, siempre dispuesto a cuidar de ti, haciendo planes semanales para hacer una fiesta familiar.
Aún más, quiere ayudarte a ser todo un ejemplo de honra familiar, está dispuesto a defenderte en todo momento, incluso estar vigilando contra aquellos que quieran hacerte daño y ni te des cuenta (celoso). Está siempre de guardia, vigilante para que no tengas ni siquiera que discutir con otros, déjale a Él que lo haga por ti.
Está deseando hacerte un regalo precioso, un compañero o compañera como hizo con Adán y Eva, alguien ideal para ti, y quiere ayudarte a que esa relación sea saludable, sana y duradera. Te lo ha prometido y lo cumplirá.
Pide ahora a Dios en oración que te ayude a confiar y a esperar su protección y ese regalo maravilloso para la eternidad, o a restaurar tu matrimonio.
Ora con la seguridad de que te escucha. Agradécele por querer ayudarte a ser un buen hijo, alguien que de ejemplo. Y no olvides que, aunque no te sientas digno, el primer interesado en ayudarte es Dios mismo. Te invito a orar.
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Las Diez Promesas V: Quinta Promesa: Dios promete ayudarte a honrar a tus padres. (Quinto mandamiento).

INTRODUCCIÓN:

Esta semana seguimos “descubriendo” cosas interesantes de Dios. Os recuerdo rápidamente, que Dios hizo una declaración de amor en 10 votos (promesas) matrimoniales. Éxodo 20 es un certificado de matrimonio, donde se registran los votos que pronunció al comprometerse públicamente, ante el universo entero, que tomaba a Israel, a sus hijos, como esposa.
La primera promesa que Dios nos hizo es ser tu esposo, tu Dios, y a serte fiel, que estará contigo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza.
Su segunda promesa es estar constantemente a tu lado, de hacerte compañía en todo momento, no necesitarás tener una fotografía suya para acordarte de Él. También promete cuidar de ti y de tu familia, como el médico visita a los enfermos para sanarlos.
Dios ha prometido, en tercer lugar, escucharte con toda su atención cada vez que le llames, y está deseando ayudarte. No importa los errores que hayas cometido hasta ahora, siempre está dispuesto a escuchar y a ayudar.
Dios ha prometido también apartar un tiempo cada semana para estar en familia. Un tiempo especial cada sábado, para gozar contigo de todo lo que ha creado, junto a tu familia, incluso invita a las visitas que tengas en casa. Dios quiere tener una fiesta cada semana. Sólo te pide que recuerdes esa cita semanal.
Vamos hoy con la quinta promesa, que cierra las promesas que se refieren a él mismo.

Quinta promesa: El “prólogo”

Las 4 primeras promesas se dedican a la relación entre Dios y el hombre (vertical). Las seis promesas que restan por ver, están dedicadas a nuestras relaciones con los demás. Dios promete cuidar de tus relaciones con los demás, evidentemente si le dejas que te ayude.
Es más, el orden en que están las seis promesas restantes no es casualidad, tiene un por qué, una explicación lógica y muy bonita, que va desde fuera hacia adentro. Desde lo más visible o “grave”, como “matar”, acabando con lo más íntimo, lo que nadie ve, sólo Dios puede ver, lo que piensas, lo que “codicias”. Pero esto lo veremos con más detalle el viernes, cuando hayamos repasado todas las promesas.
La quinta promesa, es la que siempre se nos ha dicho que es “el único mandamiento con promesa”. Pero después de leer, estudiar y entender realmente lo que Dios estaba queriendo expresar en estas promesas tan profundas, sólo puedo decir que es una “doble promesa”, aunque ya habéis visto que cada una de las promesas que vimos, tienen implícitas muchas más promesas dentro de ellas.

Quinta promesa

Éxodo 20:12 “Honrarás a tu padre y a tu madre, para que tu vida se alargue en la tierra que yo, el Señor tu Dios, te doy” (RV Contemporánea).
En otras palabras, entendiéndolo tal cual como una promesa, hoy Dios lo expresaría: “Te prometo que si aceptas todas las promesas anteriores, haces de mi lo primero en tu vida, aceptas mi compañía, conversas conmigo, dedicas un tiempo especial para pasarlo en familia, te prometo que serás un hijo honroso y te ayudaré a cumplirlo”. Honrarás a tu padre y a tu madre. Luego veremos la segunda parte, que es muy interesante.
En Ezequiel 18:20 leemos: “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él”.
Sabemos que nuestra conducta moral afecta nuestra salvación personal. En la segunda promesa vemos que Dios no puede “castigar” a un hijo por lo que hizo el padre, sino que lo visita para que no repita sus errores y sanarlo “espiritualmente”.
Vemos que Dios trata de interrumpir la propagación del pecado de forma descendente, para evitar que vaya a peor y afecte a más personas. Sin embargo, en sentido inverso, en sentido ascendente, es más difícil el asunto. Si yo me equivoco, Dios intentará que esto afecte lo menos posible a las futuras generaciones, pero si me equivoco, la deshonra causada a mis padres, es más difícil de remediar. No obstante, Dios promete ayudarte a que, al menos, de ahora en adelante, puedas ser un joven que honra a su padre y a su madre.
En Deuteronomio 27:16 leemos: “Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre. Y dirá todo el pueblo: Amén”. Otra versión, la Biblia La Palabra en este texto dice “desprecie” en vez de “deshonre”.
Entendemos que los padres estamos buscado la mejor educación para nuestros hijos, y una mala conducta en los hijos, sea de la naturaleza que sea, es un desprecio público por los consejos, esfuerzo y dedicación que unos padres han hecho por la crianza y desarrollo de su descendencia. Dicho de otro modo, tus padres (por regla general) han hecho los mejores esfuerzos para darte la mejor educación. Faltar al respeto o actuar mal hace que otras personas cuestionen la educación que tus padres te han dado. Actuando mal hacia otros, estás “deshonrando” a tus padres.
Este mandamiento va mucho más allá de solamente cuidar a los padres cuando son ancianos. Va mucho más allá de hablarles con cariño, amarles, etc. Este mandamiento nos dice que cualquier fallo o error moral por nuestra parte es una deshonra para nuestros padres.
Un ejemplo más de los muchos que hay en la Biblia: Levítico 21:9 “Y la hija del sacerdote, si comenzare a fornicar, a su padre deshonra”. Pero seamos positivos.
Proverbios 17:6 repite la idea de esta promesa en positivo: “Corona de los viejos son los nietos, Y la honra de los hijos, sus padres”.
Dios nos promete que a partir de ahora, aceptándolo como Esposo, él será el “Jefe de la familia”, y con él a su lado, seremos capaces de honrar a nuestros padres terrenales. Dios promete ayudarnos a honrar, es decir, a comportarnos adecuadamente. Además añade algo interesante cuando esto ocurra. Tiene un “premio extra” para los que aceptan este trato, esta promesa y deciden honrar a los demás, y por lo tanto a Dios, nuestro Padre.
Lo encontramos en 1 Samuel 2:30: “mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco.” En Salmo 15:4 se repite la idea: “Dios honra a los que temen a Jehová”.
La honra está ligada con el espíritu humilde, así lo dice Proverbios 29:23 “La soberbia del hombre le abate; Pero al humilde de espíritu sustenta la honra”. En otras palabras, esta promesa de Dios implica que el Señor nos promete dar un espíritu humilde.
Este mandamiento tiene una cara más de la moneda, implica a los padres de forma activa. Dios se empeña en darnos honra (de ahí la doble promesa de este mandamiento) Isaías 48:11 nos lo muestra: “Por mí, por amor de mí mismo lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro”. Dios se compromete a ayudarnos a honrarle, por su nombre, para defender su dignidad.
No nos olvidemos que el famoso juicio investigador, más allá del destino eterno de cada uno de nosotros, el Gran Juzgado, el que está en entredicho es el mismísimo Dios, acusado por Satanás de ser injusto. Cuantos más casos favorables haya, más salvos haya, se reivindica más y más el amor y justicia divinos. Por eso Dios te regala tantas promesas. No para obligarte, no para castigarte en el primer fallo que cometas, sino que busca ayudarte por amor a ti, y por demostrar también su verdadero carácter de amor.
Es una promesa maravillosa. Dios promete ayudarte a comportarte de forma decente, moralmente correcta, de modo que honrarás a tus ancestros, y además, esa conducta tendrá una recompensa extra, Dios nos prolongará la vida en este mundo para ser ejemplo de conducta a los demás. Así lo leemos en Isaías 55:5 “He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti, por causa de Jehová tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado”. A Dios le interesa mantener en este mundo el máximo tiempo posible a una persona que acepta esa promesa, y que puede ser un ejemplo y testimonio para los que le rodean.
En la Biblia se habla de la Iglesia como la esposa de Jesús. Por lo tanto, este texto se aplica a nosotros, Proverbios 11:16: “La mujer agraciada tendrá honra, Y los fuertes tendrán riquezas”. Nosotros somos agraciados. Tenemos la Gracia de Cristo, y solo por el hecho de que Dios te haga objeto de su Gracia, de su perdón y te de una segunda oportunidad, te honra más que a ningún otro ser creado del Universo. ¿Te das cuenta de lo importante que eres para Dios? ¿Te das cuenta de la cantidad de motivos que tienes para sentirte feliz y orgulloso de ser un/a hijo/a de Dios?
Hay mucho más que decir de la honra a los padres, como Colosenses 3:20, 21 “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten”.
En el contexto de la Quinta Promesa, este texto cobra nueva vida y nuevo significado. Se convierte en un ruego que Pablo hace de parte de Dios. Jóvenes, es cierto que tenéis que obedecer, pero Dios os ayudará a hacerlo. Es más, padres, tenéis el compromiso de Dios en echaros una mano para que los hijos no se desalienten cuando fallen. Hay que animarlos y ayudar a los jóvenes, especialmente cuando se equivoquen. (Otros textos de interés, Mat. 15:1-9; Mr. 7:9-13).
¿Por qué ésta es la primera promesa de las 6 dedicadas a las relaciones entre las personas (horizontal)? NO es casualidad, y por eso es un mandamiento también especial con doble recompensa.
Si os fijáis, el resto de “mandamientos” o promesas son acciones bastante concretas (robar, matar, mentir, etc.) aunque con implicaciones muy amplias. Sin embargo, “Honrar” es algo muy general, muy abarcante. La pregunta ahora sería, ¿y cómo se honra a padre y madre? Dios ha prometido ayudarte a hacerlo, pero ¿cómo en concreto?
Malaquías 1:6 nos da una pista: “El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor?”.
En otras palabras, Dios nos está indicando que la única forma de honrar a padre y madre es honrándolo a Él. Pero no se detiene aquí. Dios usa esta promesa como prólogo del resto de promesas que aún quedan por ver. Es una introducción explicativa, de todo lo que quiere hacer por ti en este mundo.
Luego, entrará en detalles, y empieza a explicar punto por punto cómo va a ayudarte a honrarle a Él, y por lo tanto a tus padres. Va a explicar y prometer ayuda punto por punto sobre cómo va a echarte una mano para que seas un ejemplo aquí en este mundo, y Dios haga lo posible para prolongar su vida en esta tierra como ejemplo y testimonio para aquellos que aún no creen en Él.
Mañana veremos más promesas que te permitirán ver cómo Dios está deseando ayudarte cada día, incluso por su propio interés.

CONCLUSIÓN

No te olvides, el Ser más importante de todo el Universo está deseando vivir a tu lado todos los días, oírte cada vez que le hables, ser tu esposo, pasar tiempo contigo y ayudarte en todas las tareas, asuntos y preocupaciones que tengas.
No importa los errores que hayas cometido hasta ahora. Aunque hallas fallado, Dios prometió estar constantemente dispuesto a responder cada vez que invoquemos su nombre y perdonar nuestros fallos.
Es más, con esta promesa de hoy, Dios revela que Él es el primer interesado en ayudarte a honrarle a Él y a tus padres, porque así también se demuestra su propio amor y bondad ante el universo entero. No hay nada más en el universo que Dios desee que ayudarte a ser un verdadero hijo, de tus padres, y un verdadero hijo de Dios.
¿Quieres aceptar esta promesa que Dios te hace en este día? Te invito a orar a Dios, pídele que cumpla su promesa en ti. Pídele ayuda para aceptar su promesa.
Ora con la seguridad de que te escucha. Agradécele por querer ayudarte a ser un buen hijo, alguien que de ejemplo. Y no olvides que, aunque no te sientas digno, el primer interesado en ayudarte es Dios mismo. Te invito a orar.
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Las Diez Promesas IV: Cuarta Promesa: Dios promete pasar un día en familia contigo. (Cuarto mandamiento).

INTRODUCCIÓN:

A lo largo de esta semana me propongo que os enamoréis cada vez más de ese Dios tan maravilloso que tenemos. Espero que poco a poco vuestra mente y entendimiento se vaya abriendo cada vez más y vayáis conociendo mejor a nuestro Señor.
Esta semana hemos “descubierto” cosas interesantes de Dios. Os recuerdo rápidamente, que Dios hizo una declaración de amor en 10 votos (promesas) matrimoniales. Éxodo 20 es un certificado de matrimonio, donde se registran los votos que pronunció al comprometerse públicamente, ante el universo entero, que tomaba a Israel, a sus hijos, como esposa.
La primera promesa que Dios nos hizo, es el primer voto matrimonial, con el que se compromete a ser tu esposo, tu Dios, y a serte fiel, que estará contigo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza.
El segundo voto matrimonial es su promesa de estar constantemente a tu lado, de hacerte compañía en todo momento al punto que no necesitarás tener una fotografía suya para acordarte de Él. También promete estar al cuidado de ti y de tu familia, como el médico visita a los enfermos para sanarlos.
La tercera es que Dios ha prometido escucharte con toda su atención cada vez que le llames, y está deseando ayudarte. Tenemos un Dios maravilloso, que se goza en hacer promesas, pero más aún, se goza aún más en cumplir sus promesas. No importa los errores que hayas cometido hasta ahora, siempre está dispuesto a escuchar y a ayudar.
Vamos hoy con la cuarta promesa, que cierra las promesas que se refieren a él mismo.

Cuarta promesa

Leamos Éxodo 20:8-11 “Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es sábado para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.”
Sé que este texto lo habéis leído muchas veces, que incluso os lo sabéis de memoria. Pero decidme en sinceridad, ¿no es este texto a veces como una “carga”? Tener que renunciar a un trabajo, a un empleo por poder guardar el sábado, ¿es algo que todo el mundo hace con alegría?
Si a veces se hace difícil guardar el sábado, ¿como puede ser esto una promesa? Sin duda, os adelanto que es una promesa especial, y precisamente por no haber entendido este “mandamiento” como una promesa, lo hemos convertido demasiado a menudo en una “carga”.
El sábado se ha convertido a menudo en una larga lista de cosas que “no hay que hacer”. No hagas esto, no hagas aquello, no hagas lo de más allá... Llega un momento que los niños, los jóvenes están pensando más en cuándo se va a poner el sol que en otra cosa.
Tengo una pregunta para los que están aquí presentes, casados. ¿Os acordáis del día de vuestra boda? Fue bonito, ¿verdad? Espero que todos digan que sí... o tendrán un problema esta noche durmiendo en el sofá. Tengo una pregunta más, ¿quién se acuerda de los votos matrimoniales?
Por regla general, no nos acordamos de todos los votos con detalle. “Acepto serte fiel en la salud, en la enfermedad, en la riqueza, en la pobreza, guardarme sólo para ti, no tener otro hombre/mujer aparte de ti...” y finalmente damos al botón de “Sí a todo” y aceptamos todos los términos y condiciones sin recordar la “letra pequeña”.
Pero hay algo que, estoy prácticamente seguro que ninguno de los casados incluyó en sus votos matrimoniales. ¿Quién prometió dedicar un día a la semana para estar en familia, y solo en familia?
¿Cuántos matrimonios fracasan o tienen problemas por falta de comunicación, o por falta de pasar más tiempo libre juntos? ¿Dedicas tiempo a estar en familia, con tus padres, con tu esposo o esposa, con tus hijos?
En este cuarto voto matrimonial, Dios promete tener una cita semanal especial con su esposa, tener una especial atención por ella en una cita especial. Te promete apartar un tiempo especial para estar contigo. A tal punto está tan seguro de su cita semanal especial, que él NO va a fallar, que sólo la pregunta es para ti. No dice “Acordémonos de la cita semanal”. Dice, “acuérdate”, porque él da por hecho que SIEMPRE va a estar en la cita esperando. El único que puede fallar a la reunión familiar eres tú. Por eso la promesa empieza con el verbo “acuérdate”.
Pide, antes de indicar las condiciones de la cita, que nos acordemos de que tenemos una reunión familiar, en la que pueda cumplir su promesa de estar un tiempo especial contigo.
Esta promesa tiene otras pequeñas promesas dentro. Quiero que las veáis conmigo.
Dios promete que nos bendecirá para trabajar, subsistir durante toda la semana. Pero nos pide que nos acordemos de la cita semanal con él. Si nos acordamos de la cita, promete estar toda la semana con nosotros (ver promesas 1 al 3), pero esta es especial. Al igual que Él trabajó 6 días para preparar nuestro hogar (este mundo), y luego destinó el primer día completo a compartirlo con Adán y Eva (el primer día completo de Adán y Eva fue el primer sábado), nos pide que sigamos dedicando un día especial para fomentar nuestro “matrimonio” con Él: “mas el séptimo día es sábado para (dedicado a) Jehová tu Dios (tu esposo)”.
Dios promete que será un momento de tanto gozo (si lo hacemos adecuadamente) que todo el que viva con nosotros disfrutará de esa fiesta. Estaremos deseando dejar de trabajar para estar con él, invitaremos a esa fiesta a los que vivan con nosotros, a nuestros hijos. Toda la familia está invitada, hasta los amigos y mascotas. (Aquí se puede ampliar mucho este tema, pero por manido, lo dejo).
Con esta promesa también nos delimita el momento, el lugar en el tiempo para la cita. Dios se compromete ese día concreto, no otro. Podemos citarnos con alguien a las 12 del mediodía en la plaza principal, pero de nada sirve que cada uno acuda a esa hora, a ese lugar, en días distintos. El compromiso de Dios conlleva que respetemos sus condiciones, en este caso, el sábado.
“Seis días trabajarás, y harás toda tu obra”. Dios te está prometiendo, no solo una cita, sino una cita que no interferirá en tus planes personales. Como en todo matrimonio sano, saludable, hay espacio para la vida personal, y Dios te está diciendo, “tenemos una cita especial a la semana, pero respetaré tu tiempo para tus asuntos”.
Es más, está prometiendo también que trabajarás, No dice “si trabajas”, dice que trabajarás. En esta promesa Dios te está diciendo que si respetas la cita que te ha prometido, buscará la forma de el resto de días de la semana puedas trabajar. Es una promesa. Dios promete proveer trabajo también, de una manera o de otra, y dejar tiempo y espacio libre para tus asuntos personales también.
Luego continúa diciendo: “mas el séptimo día es sábado para Jehová tu Dios”. Recuerda de nuevo que el séptimo día de la semana, el sábado, que en hebreo shabbat significa descanso o reposo, es precisamente eso, “descanso para el Señor tu Dios”. Y el día en el que Dios aparta un tiempo para descansar, desea estar con su esposa, contigo. Pasar tiempo a solas con la familia. Recuérdalo, “acuérdate de la cita, porque para mí (Dios) es un día especial de descanso familiar”. Dios insiste en su promesa de apartar un tiempo especial, es especial para Él y quiere que también sea un tiempo especial para ti.
Esta promesa es tan especial, que Dios te da instrucciones para que realmente sea una reunión llena de gozo y felicidad. Dios te dice cómo preparar ese tiempo especial para disfrutarlo plenamente. “No hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas”.
En otras palabras, Dios te dice, “quiero estar con toda la familia. No quiero que estés preocupado por nada. Deja lo que no sea imprescindible para otro momento. Es más, no quiero que nadie falte a la cita. Quiero disfrutar con toda la familia al completo, con los hijos que te he dado, que también son mis hijos. Es más aún, quiero disfrutar tanto de la familia, que no sería justo que lo pasemos estupendo y ver a los criados aparte de la alegría familiar. Quiero que tu empleado (siervo) se una a la familia. Son parte de la familia”.
Y Dios va más allá aún y añade: “No estés pendiente de la lavadora, de tender la ropa (hoy no tenemos “bestias”, pero sí máquinas). No porque sea “pecado”, sino porque nos quita tiempo de estar juntos, de hablar, de reír, de disfrutar. El pecado es dejar al invitado principal de la fiesta sin prestarle atención.
Añade aún más. “Si resulta que tienes una visita en casa, ¡mejor! ¡Que se una a la fiesta! ¿O es que te avergüenzas de mi? Tus amigos son mis amigos, ¡vamos a disfrutar de la amistad en familia!”
A continuación añade: “Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó”.
En otras palabras, Dios te recuerda que Él es el Creador y dueño de toda la naturaleza, de la tierra, de todos los recursos. No hay nadie más importante que Él, y aún así, se tomó su tiempo para disfrutar de lo que había hecho. Dedicó un día entero para disfrutar de su obra recién terminada, y promete invitarte cada semana a disfrutar de todo lo que Él creó. Santificar significa en el original “poner aparte”, apartar algo para un fin especial.
Y Dios nos recuerda en este voto matrimonial una promesa que ya hizo hace miles de años, disfrutar de todo lo que hizo con tu compañía, la de toda la familia, con los vecinos si es posible y con las visitas que tengas.
Si estás esperando la visita de un Rey que desea compartir todo su reino contigo, ¿no pedirías permiso en el trabajo para poder tener ese día libre? No puedes faltar a un día así. Pasear en la naturaleza, conversar con la familia, compartir ideas de cómo van los asuntos del Reino. Es una cita demasiado importante como para perderla por cosas temporales. ¿No podría darte un rey otro empleo si lo perdiste por recibirle en tu casa? Pues el Rey de Reyes, también ha prometido eso. “6 días trabajarás”.
CONCLUSIÓN
El Ser más importante de todo el mundo, de todo el Universo está deseando vivir contigo todos los días, oírte cada vez que le hables, ser tu esposo, pasar tiempo contigo y ayudarte en todas las tareas, asuntos y preocupaciones que tengas.
Dios te ha prometido que no te va a hacer falta ninguna fotografía suya, porque Él personalmente está a tu lado todos los días. Dios ha prometido pasar cada minuto a tu lado interesándose por ti, por tus problemas, por tu salud.
No importa los errores que hayas cometido hasta ahora. Aunque hallas fallado, Dios prometió estar constantemente dispuesto a responder cada vez que invoquemos su nombre y perdonar nuestros fallos.
¿Quieres aceptar esta promesa que Dios te hace en este día? Te invito a orar a Dios, pidiéndole que cumpla su promesa en ti. Ora con la seguridad de que te escucha. Pide que te ayude a valorar realmente el tiempo de calidad que te ofrece cada semana. Pide a Dios que cumpla su promesa y, ya que es el dueño de la tierra y todo lo que hay en ella, que provea lo que necesitas. Agradece por su promesa de pasar tiempo en familia contigo, y pídele que te ayude a estar a la altura, a compartir con otros esta promesa maravillosa. Te invito a orar.
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