“El Héroe de la Navidad” (Jesucristo 2 de 11)


INTRODUCCIÓN:

Cada vez que llega la Navidad, las pantallas de cine y las jugueterías se llenan de “héroes” que encandilan a los niños, y a veces a los no tan niños. Es el momento de negocio, y por si no nos damos cuenta, es el momento en que nuestros hijos buscan un modelo “extra” en el que fijarse.
Lo cierto es que no puede haber un héroe si no hay personas en apuros. A eso se dedican estos personajes, a rescatar víctimas desvalidas. Puede sonar irónico, incluso peyorativo el hablar de héroes de navidad. Pero sabemos muy bien que hay héroes reales, que viven en el anonimato, personas que arriesgan su vida por la de otros, a veces de forma cotidiana. También hay héroes que han dado su vida por otro ser humano, o por varios.
La humanidad está metida en un gravísimo problema, que además quiere ignorar. Ese problema trae consigo muchísimos otros problemas, como enfermedad, guerra, desastres, sufrimiento, muerte, etc. ¿A qué problema nos referimos? Al pecado. Es esa enfermedad que nos lleva a ser lo que no deseamos, a hacer lo que no queremos (aunque cuando se está muerto en el pecado, es lo que más se desea). ¿Qué hace Dios para solucionar esto? ¿Nos ha dejado sin un Héroe para esta grave situación? Esta situación es mucho más grave que un tren a punto de descarrilarse, o un autobús a punto de caer por un puente. O incluso que una bomba bioquímica a punto de estallar sobre una ciudad. ¿Qué hace Dios? ¿Dónde está el Héroe para solucionar esto?

Predicciones acerca del Salvador.

Dios hizo algo, en el mismo momento que surgió el problema, prometió que el Salvador, el Mesías, el Ungido surgiría de la simiente de Eva. Así que nacería un Héroe de entre los hijos de Eva. Pero de ella desciende toda la raza humana, por lo que cualquiera que haya vivido sobre este mundo puede haber sido el Mesías. Esto incluiría a personajes como Buda, Mahoma, Gandhi, Confucio u otras personas pretendidamente “iluminadas”.
Pero Dios poco a poco fue cerrando el círculo para ir dando indicaciones para identificar al Mesías. La siguiente promesa que hay que tener en cuenta limita al linaje de Abraham la descendencia de donde vendría el Mesías. Dios le prometió a Abraham en Génesis 22:18 “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra”.
Todos los que no sean hijos de Abraham quedan descartados como progenitores del Mesías. Las naciones que no descendiesen de Abraham no tendrían al Mesías en su seno. Excluye, entonces a otras religiones no cristianas ni judías, como el budismo, o el zoroastrismo, etc. Es curioso, porque en esas religiones, se celebra el nacimiento de sus “Héroes” o dioses, en las fechas navideñas, pero no son los verdaderos héroes de la navidad. Esto no quiere decir que estén fuera del alcance del perdón divino. El perdón es universal para todos. Estamos hablando de las indicaciones para identificar al auténtico Mesías, al Salvador prometido por Dios.
El dato es que Abraham nacería el Mesías. Pero Abraham fue el padre de dos grandes naciones o religiones. Abraham engendró a Ismael de Agar, la sierva egipcia. Ismael fue el padre de todo el mundo islámico. Por lo que algunos podrían decir que Mahoma, es descendiente de Abraham y podría ser el Mesías. Abraham tuvo otro hijo, esta vez de Sara, su esposa. Ese niño se llamó Isaac. La pregunta entonces es, ¿por cuál de los dos seguiría la promesa? ¿De quién nacería el Mesías, de Ismael o de Isaac?
En Génesis 26:3 – 4 encontramos la respuesta. Dios dice a Isaac: “A ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre. Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente”.
Dios confirma con Isaac el pacto hecho con Abraham. Es en la descendencia de Isaac, y no en la de Ismael, donde encontraremos al descendiente que será una bendición para todo el mundo. Con esto, sabemos que en el mundo Islámico no encontraremos al auténtico Mesías, al Salvador del mundo, al Héroe que va a salvar a la raza humana. Esto tampoco indica que los musulmanes estén desprovistos de misericordia, es decir, el perdón divino, como hemos dicho antes, está al alcance de ellos también.
Hemos de buscar al Mesías entre los descendientes de Isaac. Ahora, Isaac tuvo dos hijos. Esaú y Jacob. A Esaú también se le conoce como Edom. Fue el padre de los países árabes, al sur de Palestina. ¿Hemos de buscar el Mesías entre sus descendientes, o entre los descendientes de Jacob? Génesis 28:13 – 14 tiene la respuesta. Dijo Dios a Jacob: “Yo soy el SEÑOR, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.También tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te extenderás hacia el occidente y hacia el oriente, hacia el norte y hacia el sur; y en ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra”.
Es Jacob quien recibe o hereda la promesa de Dios a Abraham e Isaac. Se le repite la frase “en tu simiente (o Descendiente) serán benditas todas las familias de la tierra”. Luego hemos de buscar al Mesías dentro de la descendencia de Jacob, o Israel, como fue llamado posteriormente por el propio Dios, y no entre los descendientes de Edom o Esaú, no hay ningún héroe a buscar de entre los árabes.
Dentro de Israel nacería el Mesías. Pero Israel (o Jacob) tuvo doce hijos. ¿Cuál de ellos recibiría la promesa? En Génesis 49:10 leemos “No será quitado el cetro de Judá ni el bastón de mando de entre sus pies, hasta que llegue Siloh; a él se congregarán los pueblos”. El Siloh, será Aquél a quien acudan todos los pueblos, familias o naciones. Queda claro que de Judá nacería el Siloh, que significa “el que existe”, recordando que Dios es el único que tiene vida o existencia en sí mismo. Otra posible traducción es “el que trae paz”, pues Siloh es de la misma raíz que la palabra Shalom, que significa “paz”.
Ahora el círculo de búsqueda del Mesías se ha reducido mucho, tendría que ser de la tribu de Judá, hijo de Israel, hijo de Isaac hijo de Abraham. Pero aún así, muchos son los que han nacido en la tribu de Judá. Así que se necesitan más datos específicos que identifiquen al auténtico Mesías, Salvador del mundo.
Isaías predijo que el Salvador vendría como un niño varón y que sería tanto humano como divino. En Isaías 9:6 leemos: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.
Según el versículo siguiente, sería hijo o descendiente del Rey David. Dios, a través del profeta Miqueas nos indicó que el lugar del nacimiento del Mesías sería Belén (Miqueas 5:2).
Hay otras religiones no cristianas que afirman el nacimiento milagroso de su líder espiritual, de su Dios-Hombre, como por ejemplo el Dios Tamúz, se dice que nació milagrosamente de su madre, antes de convertirse en la diosa Asera o Astarté, porque concibió de Baal, al estar tomando el sol. Es más, para ser exactos, el renacimiento del sol, festejo relacionado con esta trinidad pagana, tiene lugar en el solsticio de invierno. ¿Héroe navideño? Para los paganos lo era, pero no es el héroe correcto, no salva a nadie de nada.
Por otro lado, Jesucristo nació también de forma milagrosa. Isaías 7:14 nos indica: “El Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”.
Si ésta fuese la única prueba para identificar al Mesías, tendríamos dudas sobre cuál de todos los que afirman esto, tiene razón. Pero no es la única prueba, ni la concluyente, pues ni Tamúz ni su madre Astarté descienden de Abraham, y menos de Isaac y Jacob. Con lo cual, sólo hay un caso en que todos estos factores confluyan, en Jesús el Cristo, hijo de José, hijo de David, nacido en Belén de Judá. Por cierto, muy probablemente no nació en la época que consideramos navideña.
Por si hubiese lugar a alguna duda más, aún tenemos abundante prueba para asegurarnos de estar ante el auténtico Salvador. Por ejemplo, en Isaías 61:1 – 2 leemos: “El Espíritu de Yavé el Señor está sobre mí, porque me ungió Yavé; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Yavé”.
A pesar de tener esa misión, sería rechazado. Así lo vemos en Isaías 53:2 – 4 “Raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, Varón de dolores, experimentado en quebranto… y no lo estimamos”.
Salmo 41:9 nos adelanta que un amigo lo traicionaría. “Aun mi íntimo amigo en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, contra mí ha levantado su pie”. Además nos da el detalle del pan, tal cual hizo Judas en la última cena. En Zacarías 11:12 se nos anuncia hasta el precio exacto de la traición. Treinta piezas de plata.
En Isaías 50:6 se nos menciona la injusticia y el maltrato físico al que sería sometido el Mesías. “Entregué mi cuerpo a los que me golpeaban, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba. No escondí mi cara de insultos y esputos”.
En Salmo 22:18 se nos anuncia con mil años de antelación, que sobre las ropas que vistiese el Salvador, se echarían suertes para ser repartidas entre los que le matasen. El Salmo 22 es todo un poema sobre los sufrimientos del Mesías. Otro Salmo, el 34:20 nos indica que ninguno de sus huesos sería quebrantado. Y en Zacarías 12:10 se nos menciona que su costado sería traspasado. Salmo 69:1 profetiza que en su sufrimiento le darían a beber vinagre. Respecto a sus manos y sus pies, ya fue anunciado que serían perforados, agujereados, como se puede leer en Salmo 22:16 “Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malhechores; me horadaron las manos y los pies”. Y su actitud dócil y sumisa en todo el proceso judicial, así como en su tortura y ejecución, fue anunciada por el profeta Isaías, en el capítulo 53 versículos 4 – 8, donde leemos: “Ciertamente él llevó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores… Herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curado… Yavé cargó en él el pecado de todos nosotros… Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido”. En el versículo siguiente, en Isaías 59:3 se hace una profecía que parece de cumplimiento difícil. Leemos: “Se dispuso con los impíos en su sepultura, pero con el rico fue en su muerte”.
Si hiciésemos una predicción acerca de un personaje público, afirmando que moriría como un criminal, pero que a la hora de enterrarlo recibiría honores, pocas personas creerían que eso es posible. Sin embargo, así sucedió con Cristo. Fue muerto como un criminal, entre ladrones. Pero a la hora de enterrarlo, recibió sepultura en la tumba de un rico, la de José de Arimatea, como nos indica Mateo 27:57 – 60.
En el pasaje paralelo de Marcos capítulo 15:43 ­– 46 leemos: “Vino José de Arimatea, miembro prominente del concilio, que también esperaba el reino de Dios; y llenándose de valor, entró adonde estaba Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiera muerto, y llamando al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. Y comprobando esto por medio del centurión, le concedió el cuerpo a José, quien compró un lienzo de lino, y bajándole de la cruz, le envolvió en el lienzo de lino y le puso en un sepulcro que había sido excavado en la roca; e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro”. Hay que notar que se le envuelve en una sábana de lino, material muy caro. Juan 19:38 nos aporta un dato más: “Vino también Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras”.
Jesús recibió una sepultura de lo más exquisita, con los mejores ungüentos, los más caros, y en gran cantidad. Siempre se habla de la crueldad de la muerte de Jesús, pero se suele pasar por alto que hay una profecía que indica cómo sería su entierro, y esto también se cumplió, como estamos viendo.

Resumen.

Sólo Jesucristo ha cumplido con todas esas profecías. Las Escrituras trazan su genealogía desde Abraham hasta él mismo, en Mateo 1:1 en adelante. Por otro lado, aunque el mensaje de Jesús causó una profunda huella en la historia, en aquel momento fue rechazado por los contemporáneos. Judas Iscariote traicionó a su Maestro a cambio de treinta piezas de plata. Durante las siguientes horas, fue azotado, escupido, insultado, condenado a muerte y crucificado. Los seguidores de Cristo reconocieron que su muerte constituía el único sacrificio sustitutivo que fuese válido para los pecadores. Pablo declaró en Romanos 5:8 “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. En otra ocasión, escribió: “Andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:2).
Hemos encontrado el verdadero Héroe de la Humanidad. El que vino a rescatar a una raza entera en peligro de extinción. El que vino a desactivar una bomba de relojería que hay dentro de cada uno de nosotros llamada Pecado. Hoy hemos identificado de forma clara al Mesías, no hay duda de que Jesucristo es el único que cumple con todos los requisitos. Jesús es el único y verdadero héroe de la navidad, no porque haya nacido en estas fechas, sino porque en realidad es lo que estamos conmemorando, o al menos eso se supone que hacemos. Gálatas 4:4 nos lo recuerda: “Pero cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer, sometido a la ley”. Poco importa si en estas semanas realmente nació Jesús o no. Lo que importa es que, al menos, compartamos y celebremos que nació nuestro Héroe, el que nos salvó, el que nos vendrá a buscar en breve. Jesús es el auténtico, único y gran Héroe de la Navidad.
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