Dios el Espíritu Santo (3 de 3)

Dios el Espíritu Santo (y 3)

Introducción

En el tema anterior vimos que hemos sido creados para ser morada del Espíritu Santo, cuya presencia perdió la raza humana por naturaleza. Se nos prometió de nuevo la presencia, pero no pudo ser de forma plena hasta después de la muerte de Cristo en el Calvario, pudiendo ahora nacer de nuevo en el Espíritu, siendo nuevas criaturas. En el tema de hoy trataremos el Espíritu Santo y su misión a favor de los creyentes.

Misión del Espíritu Santo en el mundo

Una vez reconocida la promesa del Espíritu Santo, y su cumplimiento inicial, nos queda ver cuál es la misión del Espíritu. La podemos dividir en dos partes, la primera sería la misión en el mundo, y la segunda sería su misión a favor de los creyentes. El Espíritu Santo en el mundo, busca a aquellos seres humanos que están dispuestos a aceptar a Dios. Sólo por la obra del Espíritu Santo en este sentido, es como podemos llamar a Jesús “Señor”. Así lo afirma Pablo en 1 Corintios 12:3 “Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo”. Por otro lado, según Juan 16:8, el Espíritu Santo nos convence de pecado, justicia y juicio. Es decir, el Espíritu Santo nos lleva a una profunda convicción de pecado, especialmente el de no aceptar a Cristo. Luego nos convence de “juicio”, es decir, si somos culpables de pecado, seremos condenados por el juicio divino. Esto nos lleva a la necesidad de confesión y arrepentimiento en Cristo. Es decir, sabemos que hay una nueva oportunidad si aceptamos a Cristo como nuestro salvador personal. El Espíritu Santo nos convence de ello y nos impele a confesar así nuestros pecados, arrepintiéndonos y aceptando el sacrificio vicario de Cristo. Esto nos lleva a la experiencia de la conversión, somos personas distintas después de este proceso. Esto es el nuevo nacimiento “de agua y del Espíritu”. Este nuevo nacimiento en el Espíritu Santo se manifiesta externamente a través del bautismo por inmersión, como muestra o demostración de ese cambio interior. Ya hemos llegado a ser de nuevo, morada, “templo” del Espíritu Santo.

La misión del Espíritu Santo a favor de los creyentes

La mayoría de los textos bíblicos que mencionan al Espíritu Santo, hacen referencia a su relación con el pueblo de Dios. Según 1 Pedro 1:2 el Espíritu santifica al pueblo de Dios. Eso es cierto, pero no indefinido. Hay quien piensa que una vez se ha aceptado a Cristo, no importa lo que hagamos, somos salvos. Esto no es correcto. Nadie continúa experimentando la presencia del Espíritu Santo y su obra sin cumplir ciertas condiciones. El apóstol Pedro afirmó en Hechos 5:32: “nosotros somos testigos de estas cosas; y también el Espíritu Santo, el cual Dios ha dado a los que le obedecen”. La obediencia no salva a nadie, esto queda más que claro en las Escrituras. Pero la Gracia de Cristo no me autoriza a continuar trasgrediendo la ley de Dios. Ejemplo: Si yo cometiese un delito, automáticamente iría a prisión. Si se me ofrece un indulto, quedo en libertad de nuevo, pero no me exime de continuar guardando la ley. Si de nuevo desobedezco, otra vez vengo a estar condenado. Lo mismo sucede con la Salvación. Cristo nos indulta pagando él la condena de muerte que pesa sobre nosotros. Esto no nos autoriza a de nuevo pecar, que es ir en contra de la ley de Dios, como dice el apóstol Juan en 1 Juan 3:4 “Todo el que practica el pecado, practica también la infracción de la ley, pues el pecado es infracción de la ley”.
A los creyentes, por lo tanto, se nos amonesta a no desobedecer a Dios. En Hechos 7:51 leemos: “Vosotros, que sois duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos, resistís siempre al Espíritu Santo; como hicieron vuestros padres, así también hacéis vosotros”. Por otro lado, el apóstol Pablo nos indica en Efesios 4:30: “Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”. Luego la presencia del Espíritu Santo en nosotros no es perenne e incondicional. Y en 1 Tesalonicenses 5:19 se nos amonesta: “No apaguéis al Espíritu”.
¿Qué hace el Espíritu a favor de los creyentes?

1. Ayuda a los creyentes

Al presentar el Espíritu Santo en Juan 14:16 Cristo lo llamó “otro Consolador”. La palabra griega que es traducida como “Consolador” también significa “ayudador, consejero, intercesor, mediador o abogado”.
Aparte del Espíritu Santo, el único Mediador que menciona la Biblia, es Jesús mismo. Él es nuestro Abogado e Intercesor ante el Padre. Así lo leemos en 1 Juan 2:1 “Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”.
Como Intercesor, Mediador y Ayudador, Cristo nos presenta ante Dios y revela a Dios ante nosotros. Es el único mediador por ser Dios y Hombre, como vimos anteriormente. El Espíritu Santo es también Mediador, porque nos conduce a Cristo, como vimos en los dos temas anteriores, y por lo tanto, nos manifiesta o da a conocer su Gracia. Esto explica que en Hebreos 10:29 se le llame Espíritu de Gracia.
Por otro lado, el Espíritu Santo es quien hace efectivo en el creyente la gracia redentora de Cristo. El Espíritu Santo es el que cambia a las personas, a los creyentes. Ejemplo de este tipo de cambio del que habló Jesús a Nicodemo en Juan 3 lo tenemos en la propia vida de Pablo. En 1 Corintios 15:10 leemos: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo”. Es el Espíritu de Dios quien hace esto una realidad en nosotros.

2. Nos trae la verdad de Cristo

Como ya hemos visto en más de una ocasión, Cristo hizo referencia al Espíritu Santo como “el Espíritu de Verdad”, así lo podemos leer en 1 Juan 14:17; 15:26; 16:13. Las funciones del Espíritu Santo incluye la de hacernos recordar todo lo que Cristo enseñó. Así lo leemos en Juan 14:26 “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. No sólo nos recordará lo que Cristo ha dicho, hay aún más, lo leemos en Juan 16:13 “ero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir”.
El mensaje del Espíritu Santo se centra en dar testimonio a los hombres acerca de Cristo. Así lo leemos en Juan 15:26 “Pero cuando venga el Consolador, el Espíritu de verdad que yo os enviaré de parte del Padre, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí”.

3. Trae la presencia de Cristo

Según Juan 16:7 Jesús dijo: “Os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré”. El Espíritu Santo viene a nosotros, como vimos en el tema anterior, somos templo del Espíritu Santo. Con su presencia tenemos también la presencia de Cristo en nosotros. Si Cristo hubiese permanecido entre nosotros, por causa de su humanidad, no habría podido atender a todos los creyentes del mismo modo. Su humanidad lo limita en cuanto a su presencia física. Pero enviando a su Espíritu, el Espíritu Santo, puede estar en cada creyente. El Espíritu Santo es el representante de Cristo, pero con la “ventaja” de no estar atado a una humanidad física como Cristo, que lo limite.
En la encarnación, el Espíritu Santo trajo la presencia de Cristo a una persona, en este caso, a María. Pero en el Pentecostés, el Espíritu Santo trajo el Cristo resucitado y victorioso al mundo, de forma personal para cada uno de los que lo aceptan. Cristo prometió en Mateo 28:20 “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Esta promesa puede realizarse gracias a la venida y presencia del Espíritu Santo. Por este motivo se le da al Espíritu un título o nombre que no aparece en el Antiguo Testamento, pero sí en el Nuevo Testamento. En Filipenses 1:19 se le llama “el Espíritu de Cristo”. El único modo por el que tanto el Padre como el Hijo pueden permanecer en el creyente, es a través del Espíritu Santo. A la vez, por el único medio por el que el creyente puede permanecer en Cristo, es también a través del Espíritu.

4. Guía la operación de la Iglesia

Por todo lo visto hasta ahora, podemos afirmar que si el Espíritu Santo es el único que trae la verdadera presencia de Cristo, lógicamente es el único y verdadero Vicario de Cristo en la tierra. Esto es lo que distingue principalmente al protestantismo. Depender de otro Vicario o dirigente, sería poner lo humano a la altura de lo divino, o en lugar de lo divino.
El Espíritu Santo dirigía la iglesia primitiva de primera mano, como nos indica el caso de Hechos 13:2 “Mientras ellos ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado”. El Espíritu Santo controlaba las actividades de los apóstoles, ejemplo tenemos en Hechos 16:6, 7 “Atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió”. Respecto a los ancianos u obispos, Pablo les recuerda, según Hechos 20:28, que el Espíritu Santo les ha puesto al cuidado de las ovejas. Por último, la resolución del primer concilio de la Iglesia comienza con las siguientes palabras: “Ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros…” (Hechos 15 28).

5. Equipa a la iglesia con dones especiales

Otra función del Espíritu Santo es otorgar a la iglesia dones especiales para el buen funcionamiento de la misma. En 1 Corintios 12:7―11 podemos leer: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para el bien de todos. A uno es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de conocimiento según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu; A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas, y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere”.

6. Llena el corazón de los creyentes

Pablo hizo una pregunta a los creyentes de Éfeso que es crucial para cada creyente a lo largo de la historia. Esta pregunta la encontramos en Hechos 19:2 “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?” Cuando se recibe el Espíritu Santo, viene una convicción del pecado que uno tiene en su vida. Recordemos que esa es una de las labores del Espíritu, convencer de pecado. Pero ser lleno del Espíritu es algo más, no es sólo el conocimiento y convencimiento del pecado.
La recepción del Espíritu Santo, que nos transforma a la imagen de Dios, comienza con el nuevo nacimiento, como hemos visto. Pero continúa más allá con la obra de la santificación, esto es, la obra de ir abandonando aquellas cosas que son viejas, comenzando a vivir conforme a la voluntad de Dios. E. G. W. comenta: “La ausencia del Espíritu es lo que hace tan importante el ministerio evangélico. Puede poseerse saber, talento, elocuencia, y todo don natural o adquirido; pero, sin la presencia del Espíritu de Dios, ningún corazón se conmoverá, ningún pecador será ganado para Cristo. Por otro lado, si sus discípulos más pobres y más ignorantes están vinculados con Cristo, y tienen los dones del Espíritu, tendrán un poder que se hará sentir sobre los corazones. Dios hará de ellos conductos para el derramamiento de la influencia más sublime del universo”.1
El Espíritu es vital. Todos los cambios que Jesús hace en nosotros, son a través del Espíritu que mora en nosotros. Como creyentes, deberíamos ser conscientes en todo momento que sin el Espíritu de Dios no podemos lograr nada. Hoy día, el Espíritu Santo dirige nuestra atención hacia el mayor don de Dios, su Hijo. Ruega para que no resistamos sus llamados, su voz en nuestra mente, nuestra conciencia, sino que aceptemos el único medio por el cual podemos ser reconciliados con nuestro amoroso y misericordioso Padre celestial.

Resumen

Hoy concluimos con la quinta creencia básica o fundamental que podemos encontrar en la Biblia, Dios el Espíritu Santo. Hemos visto que es necesaria la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, lo cual no se interrumpe mientras seamos obedientes a la voluntad de Dios tal cual está expresada en su Palabra.
Vimos que el Espíritu Santo ayuda a los creyentes de muchas maneras, es el mediador, el abogado, el ayudador, etc. Es quien opera en nosotros el cambio o la santificación. Es quien hace efectiva toda promesa y gracia de Dios en nosotros. Por otro lado nos traía la verdad de Cristo, nos ayuda a conocerlo y aceptarlo como nuestro Salvador. También trae la presencia de Cristo en nuestro ser, nos ayuda a participar de esa naturaleza divina para vencer el pecado.
El Espíritu Santo también guía a la iglesia. No sólo la guía, sino que la provee de dones especiales para que pueda cumplir de forma más eficaz su misión de predicar el Evangelio. Por último, llena el corazón de los creyentes, transformándolos así, llegando a reproducir en ellos la imagen de Dios. Es así como Cristo puede morar en nosotros y operar esos cambios que tanto necesitamos. El próximo tema comenzaremos a hablar de la creación. ¡Feliz Sábado!
1 3JT p. 212.
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