“Don Perfecto” (Crecimiento Cristiano 5 de 6)

reachingoutLectura Bíblica: Mateo 5:48.

INTRODUCCIÓN:

A veces nos vemos tentados a hablar del hermano “Don Perfecto”, y cómo quiere que todos seamos igual de perfectos que él o ella. Pero eso sería criticar, y no de forma constructiva. Así que hoy mejor hacemos lo que correspondería en un caso así. Hablaremos de la perfección cristiana, desde el punto de vista bíblico. Veremos qué quiere decir la Biblia con ser “perfecto”. Quisiera recordar brevemente que la santificación abarca el participar de la naturaleza divina, y es algo progresivo. El carácter de cada uno de nosotros se compone de lo que “come y bebe” intelectualmente hablando. De igual modo, si alimentamos nuestra mente con el Pan de Vida, con las palabras de Cristo y estudiamos lo que hizo y enseñó, nos vamos transformando a su imagen. Entonces, ¿podemos ser perfectos aún estando en proceso de santificación?

La Perfección bíblica.

Las palabras “perfecto” y “perfección” son traducciones del hebreo “tam” o del plural “tamim”, que significan “completo”, “recto”, “pacífico”, “íntegro”, “saludable” o “intachable”. Por otro lado, el término griego equivalente es “teleios”, que significa “comlpeto”, “perfecto”, “completamente desarrollado” o “que ha logrado su propósito”.
En el Antiguo Testamento, cuando la palabra tam o tamim se usa en relación con algún ser humano, tiene un sentido relativo. Por ejemplo, en Génesis 6:9, podemos leer: “Noé, hombre justo, era perfecto entre los hombres de su tiempo, caminó Noé con Dios”. Otras versiones parafrásticas de la Biblia, como la Dios Habla Hoy, registran el sentido relativo de “perfección” de la siguiente manera: “Noé era un hombre justo y bueno, que siempre obedecía a Dios. Entre los hombres de su tiempo, tan sólo él vivía de acuerdo con la voluntad de Dios”. En esta traducción dinámica, vemos que “perfecto” es “vivir de acuerdo con la voluntad de Dios”. No se refiere a una “PERFECCIÓN” absoluta. El único perfecto es Dios. De hecho, Noé tenía defectos, como leemos en Génesis 9:21 “Un día Noé bebió vino y se emborrachó, y quedó tendido y desnudo en medio de su tienda de campaña”. La Biblia amonesta en muchos lugares acerca de las bebidas alcohólicas, nos insta a no probarlas. No hay que confundir el vino sin corromper (mosto) con el vino símbolo del pecado, el que tiene alcohol. Pero esto lo dejaremos para otro día. Noé se equivocó en esta ocasión, y probablemente en muchas otras de las que no tenemos registro. Si hubiese sido “perfecto” en el término absoluto, no habría podido cometer tal torpeza. Hay otros ejemplos, y se nos iría el tiempo de hoy sólo viendo los ejemplos, y no habríamos terminado. Abraham también se dice de él que era perfecto, lo podemos leer en Génesis 17:1 y 22:18. No obstante, Abraham mintió, era un mentiroso cuando dijo que su esposa Sara era su hermana. Job, es otro claro ejemplo. En Job 1:1 y 18 se dice que Job es varón perfecto delante de Dios, pero en Job 40:2 – 4 leemos una conversación que inicia Dios con Job: “¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? ¡Responda a esto el que disputa con Dios! Entonces respondió Job a Dios y dijo: Yo soy vil, ¿qué responderé? ¡Me tapo la boca con la mano!”.
En el Nuevo Testamento, la palabra “perfecto” a menudo describe a individuos maduros que vivieron de acuerdo con toda la luz de que disponían, y lograron desarrollar al máximo el potencial de sus poderes espirituales, mentales y físicos. Pablo nos da un indicio en Filipenses 3:12 – 15, donde, hablando de la resurrección y del día de la redención, dice lo siguiente: “No que lo haya alcanzado ya, ni que sea perfecto; sino que prosigo por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos”. ¿Se contradice Pablo tan sólo en tres versículos? En absoluto. Entonces, ¿qué quiere decir pablo con “ni que ya sea perfecto”, y luego con “todos los que somos perfectos”? Otras versiones de la Biblia vierten ese “todos los que somos perfectos” de otro modo. Dice: “Los que tenemos una fe madura”. En Hebreos 5:14 leemos “El alimento sólido es para los que han alcanzado la madurez”, aquí se recoge bien el sentido, aunque debería decir “es para los perfectos”.
Los creyentes debemos ser perfectos en nuestra esfera limitada, así como Dios es perfecto en su esfera infinita y absoluta. Mateo 5:48 recoge esas palabras de Jesús: “Sed, pues perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. ¿Acaso nos invita Jesús a ser iguales a Dios? Eso es imposible. Pero sí que podemos imitar a Dios, tener su carácter a nuestra esfera, a nuestro nivel. Ilustración: Si un niño cumple con las posibilidades académicas propias de su edad, no se le puede pedir más. No es lógico que un niño de 6 años (a no ser alguna excepción de la naturaleza) sepa hacer raíces cuadradas y menos derivar fórmulas complicadas de física y química. Pero sí que se le puede exigir el poder leer y escribir con cierta fluidez. El niño es “perfecto” en su esfera, en su nivel. Tampoco es lógico que una persona adulta, que vaya a la universidad, no rinda un examen de nivel de secundaria o primaria. Cada uno es “completo”, “perfecto” en la medida en que desarrolla sus facultades hasta sus posibilidades (dependiendo de la edad, medio social y cultural, etc.). Lo mismo sucede con la perfección espiritual. No se le puede exigir lo mismo a una persona que jamás pudo tener acceso a la Palabra de Dios, que a aquellos que la hemos tenido décadas acumulando polvo en la estantería. Nosotros hemos tenido oportunidad de aprender y desarrollar nuestro carácter por medio de la santificación. Tampoco es lo mismo una persona que hace unos días, semanas que conoció el Evangelio, que aquél que hace años lo conoce.
A la vista de Dios, un individuo perfecto es aquél cuyo corazón y vida se han rendido completamente a la adoración y el servicio de Dios, creciendo constantemente en el conocimiento de lo divino. Un individuo perfecto para Dios, es aquél que anda en toda la luz que ha recibido. Vive todo aquello que ha aprendido hasta el momento, en la Palabra de Dios.

La perfección completa en Cristo.

Ahora la pregunta es, ¿cómo podemos llegar a ser perfectos? A pesar de nuestros defectos. Esto es una frase hecha, pero que trataremos de explicar: “El Espíritu Santo nos trae la perfección de Cristo”. Efectivamente, por fe, confiando en que si Dios lo prometió, así será. Por fe, el carácter perfecto de Cristo llega a ser nuestro. Nadie podrá jamás pretender que tiene esa “perfección” por sí mismo. Necesitamos de Cristo para cambiar aquello negativo que tenemos en nuestras vidas, defectos de carácter, etc. Así es como podemos llegar a vivir toda la luz que estamos conociendo, y ser perfectos en nuestra esfera. La perfección, es alcanzable, pero sigue siendo un don de Dios. Recordemos que aparte de Dios, fuera de él, nosotros no tenemos capacidad de cambiar lo malo que hay en nosotros en algo bueno. Jesús dijo en Juan 15:5 “El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí, nada podéis hacer”.

Avancemos hacia la perfección.

¿Qué papel nos toca desempeñar a nosotros como creyentes? Una vez que Cristo mora en nosotros, crecemos hacia la madurez espiritual, esto es, en perfección. Dios ha dado dones a su iglesia, pero con una finalidad, la encontramos en Efesios 4:13 en una versión parafraseada: “Hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios. De este modo alcanzaremos la edad y el desarrollo que corresponden a la plena madurez de Cristo”. Otras versiones, como la Reina Valera del 60, rinden: “…a un varón perfecto, a la medida de al estatura de la plenitud de Cristo”. Necesitamos crecer más allá de nuestra “niñez” espiritual. No se trata simplemente de recibir una serie de estudios bíblicos y luego bautizarse. El creyente debe continuar estudiando, investigando la Biblia por sí mismo, cada día. Al igual que un niño pasa de la leche a la papilla, luego a verdurita, y finalmente a alimento sólido, el creyente debe pasar por la misma experiencia en su alimentación espiritual. A eso se refiere Pablo en Hebreos 6:1 “Así que sigamos adelante hasta llegar a ser adultos, dejando atrás las primeras enseñanzas acerca de Cristo. No volvamos otra vez con asuntos elementales, como la conversión y el abandono de las obras que llevan a la muerte, como la fe en Dios, las enseñanzas sobre el bautismo, el imponer las manos a los creyentes, la resurrección de los muertos y el juicio eterno”. Dicho de otro modo, Pablo les dice: “¿Es que tenemos que volver a comenzar con los estudios bíblicos más básicos? ¡Progresemos, por favor!” Pablo expresa su deseo de otro modo en Filipenses 1:9 – 11: “Pido en oración que aumente más y más vuestro amor, y que alcancéis mucha sabiduría y entendimiento en todo, para saber escoger siempre lo mejor. Así podréis vivir una vida limpia y no habrá nada que reprocharos cuando Cristo regrese; pues entonces presentaréis una abundante cosecha de buenas acciones gracias a Jesucristo, para honra y gloria de Dios”.
Aún así, la vida santificada no se encuentra libre de obstáculos, aunque Pablo nos amonesta a ocuparnos con diligencia de nuestra salvación, en Filipenses 2:13 nos alienta con las siguientes palabras: “Dios es quien hace nacer en vosotros los buenos deseos y quien os ayuda a llevarlos a cabo, según su buena voluntad” (Dios pone en nosotros el querer, como el hacer). Para esto, la oración continua es indispensable si hemos de vivir una vida santificada que sea perfecta en cada etapa del desarrollo. Pablo oró así por los creyentes de Colosas. Leamos Colosenses 1:9, 10 “Por esta razón, nosotros, desde el día en que lo supimos, no hemos dejado de orar por vosotros y de pedir a Dios que os haga conocer plenamente su voluntad, y que os dé toda clase de sabiduría y entendimiento espiritual, así podréis portaros como deben hacerlo los que pertenecen al Señor, haciendo siempre lo que le agrada, dando frutos de toda clase de buenas obras y llegando a conocer mejor a Dios”.

Resumen.

Hoy hemos estudiado la “perfección” desde el punto de vista bíblico. El término, tanto en el Antiguo Testamento, como en el Nuevo Testamento, si se refiere a seres humanos, es un término relativo. Se refiere a la perfección dentro de la esfera posible de desarrollo de cada uno, así como no se puede exigir lo mismo a un niño de dos años que a un adulto. Perfecto es algo que cumple el objetivo para el que fue creado o diseñado. Hemos visto ejemplos de personas que fueron consideradas por Dios “perfectas”, a pesar de sus errores. Fueron perfectas porque aceptaron el perdón de Dios, y permitieron que les fuese transformando (santificando) a lo largo de sus vidas. Hermanos, así sí que todos podemos ser “perfectos”, la cuestión es que no dejemos de crecer como cristianos. Ese estancamiento implicaría dejar de ser “perfectos”. Sigamos creciendo. Sigamos estudiando con más interés la Biblia. No nos relajemos, porque el que no sube, empieza a bajar.
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1 comentario:

ROGERIO MOTATO REINA dijo...

buenisimo este estudio de la perfección es entendible gracias bendiciones