¿Por qué crear? (La Creación 3 de 5).

shoreIntroducción

En el tema de hoy vamos a tratar de conocer el Dios de la Creación y por qué quiso crear.

El Dios de la Creación.

¿Qué clase de Dios es nuestro creador? ¿Qué nos dice la creación acerca de Dios? ¿Se interesa un Personaje infinito como él en nosotros, minúsculos átomos de vida en un distante rincón del universo? Aún más, después de haber creado el mundo, ¿se dedicó Dios a cosas mayores y más interesantes?

Un Dios responsable.

El relato bíblico de la creación comienza con Dios y pasa después a hablar de los seres humanos. Este texto de Génesis, como vimos, va describiendo la preparación del ambiente perfecto para la raza humana. De este modo, la creación de Adán y Eva fue la corona, la “guinda” de la creación. Esto nos dice que Dios es un gran planificador. Tuvo en cuenta los detalles previos a la creación del hombre. Plantó un jardín para que fuese el hogar de los primeros seres humanos. Además, Dios es un gran Pedagogo, les dio una responsabilidad, la de cuidar ese jardín, medio que usaría para enseñarles cosas. Dios creó a los seres humanos para que nos relacionásemos con Él, no de una forma antinatural o forzada, sino por libre decisión, por amor.

¿Quién fue el Dios creador?

En el acto creador, todos los miembros de la Deidad cooperaron. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Luego en el versículo siguiente leemos que el “Espíritu de Dios se movía sobre las aguas”. Finalmente, en Génesis 1:26 se usa el plural “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Respecto la actividad de Cristo en la creación, lo encontramos en el evangelio de Juan 1:1―3: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios… Todas las cosas por medio de él fueron hechas, y sin él, nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Por si acaso hay dudas, en Juan 1:14 el apóstol especifica que “aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros”, haciendo clarísima referencia a Cristo. Luego Cristo es el Creador, el que por su Palabra trajo a la existencia las cosas que hay. El autor de la epístola a los Hebreos nos dice en 1:2 “En estos últimos días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

Un despliegue del amor de Dios.

Una de las primeras cosas que podemos ver detrás de tanta planificación, de tanto cuidado y atención en la creación, es el amor de un Padre preocupado por sus criaturas. Ya hemos visto que cuando le llegó el turno de ser creado al hombre, Dios modeló a Adán, implicando que Jesucristo se tuvo que arrodillar al lado de Adán para darle forma. Recordemos que Dios es Omnisapiente, y por lo tanto, cuando el propio Jesús estaba formando las manos de Adán, sabía que más adelante, las manos de los hijos de Adán lo matarían a Él mismo, su Creador. ¿Qué nos revela esto? Un inmenso amor por la criatura. Aún sabiendo Dios todo esto, no se detuvo en la creación de Adán. Bajo la sombra del Calvario, Cristo sopló en Adán el aliento de vida para crear el primer ser humano en este mundo. Sólo alguien que ama infinitamente puede hacer algo así.

El propósito de la creación.

Teniendo en cuenta 1 Juan 4:8 que reza “Dios es amor”, entendemos que esta es la base de todo acto divino. Nos creó no sólo con el fin de que pudiésemos amarle, también para que él nos pudiese amar a nosotros. Por amor quiso compartir el mayor don, el de la existencia. Nos dio aliento de vida, de su propio aliento. ¿Ha indicado entonces la Biblia, con qué propósito existen el universo y sus habitantes?

Para revelar la gloria de Dios.

A través de sus obras creadas, Dios revela su gloria. Dice el clásico texto de Salmo 19:1―4 “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo su Palabra”.
¿Qué propósito tiene este despliegue de la gloria de Dios? La naturaleza funciona como testigo de Dios. Es su intención que sus obras creadas atraigan a los individuos hacia él. Pablo declara en Romanos 1:20: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y Deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas de modo que ni tienen excusa”.
De modo que somos atraídos a Dios por medio de la naturaleza. Por lo que por la naturaleza aún podemos aprender más acerca de sus cualidades, las cuales pueden ser incorporadas en nuestras propias vidas. Nosotros también somos criaturas suyas, por lo que también podemos reflejar el carácter de Dios. Y al reflejar el carácter de Dios, le damos gloria, cumpliendo así el propósito para el cual fuimos creados.

Para poblar el mundo.

El Creador no deseaba que la tierra fuese un planeta solitario y vacío; debía ser habitado, como dice en el relato de la creación, “creced y multiplicaos y llenad la tierra” (Génesis 1:22 y 28). Un buen detalle, Dios no creó a Eva hasta que Adán se sintió solo. Cuando Adán sintió la necesidad de compañía, Dios creó a la mujer. De este modo Dios estableció la institución del matrimonio, para que fuese una unión feliz, que satisfaga las necesidades del ser humano, de ayuda idónea. Dios tomó del costado de Adán para formar una mujer, y el mismo Dios se la trajo a Adán, se la presentó. Entonces Adán dijo, y de forma muy acertada: “Ésta sí que es huesos de mis huesos, carne de mi carne”. Fue creada de su propio tejido. Después de haber traído Dios a Eva a la presencia de Adán, es decir, de haber celebrado el primer “matrimonio”, les dio dos privilegios. El primero es sojuzgar la tierra, es decir, tener dominio sobre la creación como mayordomos de la propiedad de Dios. Esto nos tendría que hacer reflexionar en cómo tratamos nuestro entorno y a nosotros mismos. En segundo lugar, les dio el privilegio de participar en la creación con las palabras “Creced y multiplicaos”.

El significado de la Creación.

Los seres humanos hemos sido, y estamos siendo tentados a ignorar la enseñanza bíblica de la creación. Hay quienes dicen: “¿Qué más da cómo crease Dios el mundo?” Luego se argumenta que lo que necesitamos saber es cómo llegar al cielo. Pero no podemos ignorar de forma tan abultada la enseñanza bíblica de la creación. Es la base de la teología del resto de la Biblia, como dijimos en temas anteriores, si no hay creación, si no es literal el relato de Génesis 1 y 2, el resto de la Biblia sería una incongruencia. Muchos de los conceptos bíblicos se entienden bien si se acepta la creación de modo literal. Haciendo un juego de palabras, el saber cómo Dios hizo los cielos y la tierra, nos ayudará a encontrar el camino a los nuevos cielos y la nueva tierra de la que habla el apóstol Juan en el libro de Apocalipsis. ¿Qué implicaciones tiene entonces creer en la enseñanza bíblica de la creación?

Antídoto de la idolatría.

En primer lugar, el hecho de que Dios es Creador, lo distingue de cualquier otro posible dios. Ejemplo de ello lo tenemos en 1 Crónicas 16:24―27 “Cantad su gloria entre las naciones, sus maravillas entre los pueblos. Porque grande es el Señor, y muy digno de ser alabado; temible es él también sobre todos los dioses. Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos, mas el Señor hizo los cielos. Gloria y majestad están delante de él; poder y alegría en su morada”. En Salmo 96:5 leemos: “Todos los dioses de los pueblos son ídolos, mas el Señor hizo los cielos”. Me gusta mucho el texto de Isaías 40:18―26 “¿A quién, pues, asemejaréis a Dios, o con qué imagen le compararéis? El escultor hace una imagen de fundición, y el platero la recubre con oro y le funde cadenas de plata. El que es muy pobre para tal ofrenda escoge un árbol que no se pudra; se busca un escultor hábil para hacer un ídolo que no se tambalee. ¿No sabéis? ¿Acaso no sabéis? ¿Acaso no habéis oído? ¿Acaso no se os ha dicho desde el principio? ¿Es que no habéis comprendido la creación del mundo? Él es el que está sentado sobre la redondez de la tierra, cuyos habitantes son como langostas. Él es el que extiende los cielos como una cortina y los despliega como una tienda para morar. Él reduce a la nada a los gobernantes, y hace insignificantes a los jueces de la tierra. Apenas han sido plantados, apenas han sido sembrados, apenas ha arraigado en la tierra su tallo, cuando Él sopla sobre ellos, y se secan, y la tempestad como hojarasca se los lleva. ¿A quién, pues, me haréis semejante, para que yo sea su igual?, dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos y mirad quién ha creado estas cosas. Él saca y cuenta al ejército de ellas; a todas llama por sus nombres y ninguna faltará. Así es la grandeza de su fuerza y el poder de su dominio. Entonces, ¿por qué dices, oh Jacob, y hablas tú Israel: Mi camino le es oculto a Yavé, y mi causa pasa inadvertida a mi Dios?”
Dios nos vacuna contra la idolatría recordándonos que no hay otro Dios creador más que Él. Debemos adorar al Dios que nos hizo, y no a los dioses que nosotros hemos hecho. Por ser nuestro Creador, Dios merece nuestra lealtad absoluta. Cualquier relación que estorbe esta lealtad deberíamos considerarla, y de hecho es, idolatría, y esto está sujeto a juicio divino. Por lo que nuestra fidelidad al Dios creador es un asunto de vida o muerte.

Resumen.

Hoy, continuando con el tema de la Creación, hemos empezado a ver quién es el Dios creador, qué nos dice la creación acerca de Dios. En primer lugar, Dios es un Dios responsable, detallista también, teniendo en cuenta la preparación del hogar del ser humano de forma minuciosa. De esto deducimos que el ser humano es lo mejor de la creación de Dios. Aún más, compartió con Adán la responsabilidad de gobernar y cuidar la tierra. Por otro lado, la Divinidad en pleno participó de la creación, pero fue el Verbo, es decir Jesucristo antes de la encarnación, quien llevó adelante el acto creador. La creación de Dios es un fruto o demostración de su infinito amor. Dios mismo, mientras moldeaba las manos de Adán, sabía que esto le causaría la muerte en el futuro. Aún así, no paró la creación, por amor a su criatura. La creación también tiene un propósito, el revelar la gloria de Dios, ser testigos del poder de Dios. Por otro lado, la creación tenía el privilegio de poblar el mundo, con lo que participa en la continuación de la creación del mundo. Por último, hemos comenzado a estudiar el significado de la creación, las implicaciones que tiene el creer o no en la enseñanza bíblica de la creación de Dios tal cual viene en el texto bíblico. La primera es vacunarnos contra la idolatría, recordarnos quién es nuestro creador, quiénes somos y de dónde venimos. El próximo tema hablaremos del resto de implicaciones, como son la verdadera adoración, el monumento de la creación, instituciones hechas en la creación y una muy importante, la autoestima, entre otras más. ¡Feliz Sábado!
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