Las Diez Promesas II: Segunda Promesa: Dios promete estar a tu lado. (Segundo mandamiento).

INTRODUCCIÓN:

Ayer vimos la parte más árida de esta semana, la más teórica. Dios es amor, y ten Éxodo 20 vamos a descubrir la esencia resumida del amor de Dios, en 10 maravillosas promesas que van a cambiar tu vida.
Ayer pudimos entender que lo que se registra en Éxodo 20 es un certificado matrimonial, donde Dios registró los votos que pronunció al comprometerse públicamente, ante el universo entero, que tomaba a Israel, a sus hijos, como esposa.
En la Biblia se nos muestra a la Iglesia como a una esposa dispuesta para celebrar la boda, el banquete. En el antiguo Israel, se celebraban dos ceremonias cuando una pareja se enamoraba. Los desposorios, que eran igual de válidos que una boda, aunque aún no consumaban el matrimonio. De hecho, un desposado, si fallecía, la desposada se consideraba viuda. Luego, al cabo de un año, se celebraba la boda definitiva, donde se reafirmaban los votos matrimoniales. Nosotros estamos esperando las bodas del Cordero. ¿Cuándo se celebró el desposorio? Allá en el Sinaí, y culminará en la Segunda Venida.
Nos dio tiempo a entender la primera promesa que Dios nos hizo, es el primer voto matrimonial, con el que se compromete a ser tu esposo, tu Dios, y a serte fiel, de modo que ya no habrá nadie más en tu vida, salvo Dios, tu esposo. Ya no tendrás que ir de desengaño en desengaño, sino que ya encontraste al único que se compromete a quedarse contigo cada día de tu vida en todo momento. El que estará contigo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. No tendrás que buscar otros “dioses” después de comprometerte con él. “No tendrás dioses ajenos delante (después) de mi”.
Os propongo conocer un poco mejor a ese maravilloso Dios que está deseando que entiendas que, lejos de exigirte nada, lo que está es ansioso de que aceptes las promesas que te hace hoy a ti.

Segunda promesa

Hoy vamos a ver y entender cuál es la segunda promesa que te presenta, el segundo voto matrimonial que dio por ti: Éxodo 20:4 “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”.
Era común (y sigue siendo) hacer representaciones de los dioses para sentir que están cercanos. La cultura hoy en día aún preserva estas costumbres, como en Semana Santa en Sevilla y otros muchos países.
La pregunta es, ¿por qué hacen esto las religiones paganas? El problema de las religiones paganas es que sus dioses, o son personas que están “muertas” o sencillamente, no existen. Los paganos consideraban a sus dioses como seres muy lejanos, siempre enfadados a los que había que calmar la ira con sacrificios.
Para no olvidarse de ellos, y tener presente a esos dioses se hacían las famosas estatuillas, ídolos, representaciones de guerreros muertos, o animales que no existen y creer así que son reales.
Es una reacción natural en el ser humano. Cuando un familiar está lejos, o ausente por haber muerto, las personas suelen tener fotografías en la mesa, en la oficina, en algún lugar de la casa para tenerlos presentes, que les recuerde ese ser querido que vive lejos o falleció.
Otras veces no son imágenes de las personas lejanas sino objetos que han hecho para nosotros, o algún mechón de pelo (reliquias), lo que nos recuerdan a ese ser querido, un cuadro, un bordado, una cerámica, etc.
La necesidad de tener imágenes se debe a la ausencia o distancia del ser querido. Sin embargo, Dios que conoce esta necesidad del ser humano, te hace una promesa extraordinaria, para ti. Vamos a analizarla por partes.
Éxodo 20:4 “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás”. Recordad que lo que parece una “orden” o mandamiento es en realidad una promesa. Dios nos está diciendo:
“Te prometo que desde ahora en adelante, to te harás ninguna imagen, ni cosa alguna para tener que recordarme”. Dios está prometiendo que no tendremos necesidad de colgar una foto suya en la pared para recordarle, ni de ningún objeto o cosa que el haya creado (cosa que esté en la tierra, debajo de la tierra, etc.).
¿Os imagináis que un esposo llega a su casa después de un día de trabajo, y nada más entrar, se queda mirando un retrato enorme de su esposa? ¿Os imagináis que empieza a hablar con el retrato, a decirle lo hermosa que es, lo mucho que la ama, a contarle cómo le fue el día, sin dejar de mirar al retrato? ¿Os imagináis que la esposa sale a recibirlo y el marido no le hace caso porque está hablando con el retrato de ella?
Dicho de forma positiva, Dios nos está diciendo que siempre estará con nosotros, a nuestro lado, constantemente, en todo momento. Dios te está prometiendo que no necesitarás nada para tener que recordar a Dios, ningún retrato (imagen) ni nada parecido, porque sentiremos su compañía y su presencia constantemente, si lo buscamos, claro. Sólo tienes que girarte de la foto para hablar con Él directamente en oración.
Esta es la semana para que te des cuenta de que Dios ya prometió hace mucho tiempo hablar contigo, escucharte, estar a tu lado, y en esta semana tienes la ocasión de aceptar su promesa. La única forma de aceptar una promesa es actuando en consecuencia. Habla con Él, ora, es el momento de decirle, “Señor, acepto tu promesa”.
En Génesis 28:15 Dios le prometió a Jacob: “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho”.
En Isaías 43:1-2 Dios repite de nuevo la promesa a su pueblo: “Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.”
En Mateo 18:20 Jesús repite esa promesa: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” No dice “si pones una imagen mía”, o “si tenéis un trozo de mi ropa”... Dice que dondequiera que haya creyentes pensando en él, ahí estará personalmente.
En Mateo 28:20 encontramos otro momento en el que se repite la misma promesa de Éxodo, pero articulada de forma diferente: “he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”.
Pero la promesa no termina ahí. Aún hay más en esta segunda promesa. Éxodo 20:4 “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”.
Esta promesa además es doble, pues Dios se compromete a “visitar la maldad de los padres sobre los hijos” en varias generaciones. Algunas versiones de la Biblia traducen erróneamente por “castigar”. El verbo hebreo para “visitar” es paqad. Significa literalmente “visitar con interés”. La mejor aplicación es la visita de un médico a domicilio para seguir la evolución de un paciente. Dios sabe que el pecado es una enfermedad grave, y algunos casos hay que vigilarlos muy de cerca por ser hereditarios.
En Ezequiel 18:20 leemos: “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él”. No puede ser que Dios “castigue” tu pecado sobre tus hijos, nietos, biznietos y hasta los tataranietos.
Dios conoce los problemas que tienes, lo que te atormenta. Dios promete visitar la enfermedad, el pecado que te atormenta para curarlo, y hacer un seguimiento sobre tus hijos, tus nietos y biznietos para evitar que ese problema lo sufran ellos también, y poner remedio. Dios promete hacerte “visitas” regulares, un seguimiento de cerca, para curarte y ayudarte en ese problema que te angustia.
En el contexto del “pacto” o compromiso matrimonial, Dios promete cuidar de la descendencia de todo el que desee entrar en esta relación de amor, pero pone énfasis en prestar atención y cuidado especial en aquellos que están enfermos y en su descendencia. A menudo unos padres no pueden atender a sus hijos por un problema, enfermedad, o incluso divorcio. Dios se compromete a ser el “padre adoptivo” de los hijos de la desgracia o del divorcio.
Esta promesa se manifiesta también en otros lugares de la Biblia como Deuteronomio 10:18 “El hace justicia al huérfano y a la viuda, y muestra Su amor al extranjero dándole pan y vestido” (NBLH)
Deuteronomio 4:7 “Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos?”
Salmo 16:8 “A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido”.
Salmo 34:18 “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu”.
Salmo 119:151 “Cercano estás tú, oh Jehová, Y todos tus mandamientos son verdad”.
Salmo 145:18 “Cercano está Jehová a todos los que le invocan, A todos los que le invocan de veras”.
(Sal. 139; Isa. 50:8; 55:6; Hch. 17:27; Ef. 2:13). Dios está cerca, siempre está al lado del que lo necesita, y no le hará falta imágenes para invocarlo o recordarlo en la distancia.

CONCLUSIÓN

No olvides nunca, Dios es un Dios vivo, que te hace promesas maravillosas.
Dios te ha prometido que no te va a hacer falta ninguna fotografía suya, porque Él personalmente está a tu lado todos los días.
Dios ha prometido, no solo estar contigo todos los días de tu vida, sino que se compromete a pasar cada minuto a tu lado interesándose por ti, por tus problemas, por tu salud, por tus preocupaciones.
Dios no solo ha prometido estar contigo, y tener interés, también te ha prometido intervenir en tu vida de forma poderosa. Visitarte cada día, como un médico visita al enfermo, para hacer un seguimiento, para ponerte en tratamiento, para curarte, para ayudarte.
Dios ha prometido también hacerse cargo de tu familia, de los que más quieres, de tus seres más cercanos, de aquellos que dependen de ti, para ayudarles a ellos también.
Tenemos un Dios maravilloso, que se goza en hacer promesas, pero más aún, se goza aún más en cumplir sus promesas.
¿Quieres aceptar esta promesa que Dios te hace en este día? Te invito a orar a Dios, pidiéndole que cumpla su promesa en ti. Ora diciéndole que aceptas esa maravillosa promesa y que deseas estar hablando con Él cara a cara, en oración, compartiendo con Él todo lo que te ocurre, lo que te alegra, lo que te preocupa.
Descarga esta predicación en PDF aquí.

Las Diez Promesas: ¿Qué significa la fidelidad para ti? (Primer Mandamiento)

En las próximas semanas publicaré aquí los temas predicados en Portugal en Marzo de 2016 durante la Semana de Oración de Jóvenes Adventistas del Distrito de Lisboa. Incluye vídeo de la predicación (con traducción simultánea al portugués), el texto a continuación y el enlace para descarga del PDF al final del texto.

INTRODUCCIÓN:

Queridos jóvenes, la visión que tenemos de Dios depende de cómo entendemos sus mensajes. ¿Quién o cómo es Dios para ti? A veces escribimos una carta, un mensaje, un correo electrónico intentando expresarnos lo mejor posible, y nos damos cuenta que cuando lo lee otra persona, Malos entendidos. lo ha podido entender completamente al revés, o de forma muy diferente a lo que teníamos en mente.
Dios nos ha escrito una carta maravillosa, la Biblia. De igual manera que a nosotros a veces nos entienden mal, y se pueden formar una idea equivocada de quiénes somos, o de cuáles son nuestras intenciones, también nos podemos formar una idea errónea de quién es Dios y cuáles son sus intenciones.
¿Cuántas veces habéis oído decir que los 10 mandamientos son el “resumen” del carácter de Dios, un resumen de la Biblia en sí? Os pido ser honestos y sinceros conmigo, sin vergüenza, ¿realmente veis reflejado el amor de Dios en los 10 mandamientos?
En 1 Juan 4:8 leemos “El que no ama, no ha conocido a Dios: porque Dios es amor”. Es un texto muy claro. Luego, hablando del amor de Dios, nos explica cómo se mostró ese amor, esencia misma de Dios: “Dios mostró su amor hacia nosotros al enviar a su Hijo único al mundo para que tengamos vida por él.” (1 Juan 4:9 DHH).
Después nos explica en qué consiste ese amor: “El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo, para que, ofreciéndose en sacrificio, nuestros pecados quedaran perdonados” (1 Juan 4:10 DHH). Es decir, el amor consiste en que Dios nos perdona, nos abraza de nuevo sin que nosotros lo merezcamos.
Hasta aquí vemos cómo Dios explica el amor desde la perspectiva de Dios: qué ES Dios, cómo muestra Dios el amor (cómo manifiesta su propia esencia), y en qué consiste ese amor (el sacrificio de Jesús tomando la iniciativa en primer lugar).
¿Cómo explicar el amor desde la perspectiva humana? ¿Cómo podemos entender textos como 1 Juan 5:3? “El amar a Dios consiste en obedecer sus mandamientos; y sus mandamientos no son una carga” (DHH). ¿Realmente es así? Tenemos múltiples explicaciones para este texto, y lo utilizamos para martillear a otros con la obligación de guardar el sábado, entre otras cosas. Pero, sed de nuevo honestos y sinceros, ¿realmente los 10 mandamientos NO son una carga?
Si los Diez Mandamientos son el resumen del carácter de Dios, y Dios es Amor, ¿entendemos los 10 Mandamientos como un “resumen del amor”? ¿Dónde está Jesús en ellos? ¿Dónde está el sacrificio de la cruz en ellos?
Reconozcamos que ver “el amor” en esas 10 órdenes, en esos 10 mandamientos, parece estar lejos de la idea de perdón, de la reconciliación. ¿No será porque, quizá, no estamos leyendo de forma correcta la Carta de Dios?

Entendiendo cómo se escribieron los 10 mandamientos.

Cuando se traduce una carta a otro idioma diferente al que la escribió, le quitamos al texto parte de su sentimiento, de su expresividad. Es prácticamente imposible traducir una poesía del español a otro idioma, pierde la rima, pierde el ritmo, pierde la intensidad que la cultura le da al contexto de cada palabra. No es lo mismo una barca para un pescador del litoral mediterráneo, que una barca para un aborigen del Amazonas. Aún utilizando palabras sinónimas en otro idioma, el que lee lo interpreta emocionalmente de forma distinta, se crea en su mente imágenes diferentes.
Con el texto bíblico sucede igual. La esencia del Evangelio siempre estará ahí, a pesar de la pérdida del colorido emocional y cultural en las traducciones y del cambio cultural con el paso de los siglos. No obstante, permitidme esta semana hacer un repaso de los 10 mandamientos con un filtro que está implícito en el texto original, pero no se ha sabido transmitir en las traducciones y se ha perdido. Entenderemos y veremos realmente la esencia de Dios, el Amor, en el resumen de su carácter, los 10 mandamientos.
En hebreo clásico, no existe el tiempo presente, sólo el pasado (perfecto) y el futuro (imperfecto), el “presente” se tiene que construir con partículas añadidas a los verbos. Lo que sí importaba a los antiguos hebreos son los modos (intensidades “emociones”), les importaba más el cómo se hacen las cosas que cuándo se hacen. En la Biblia se registran muchos imperativos, con órdenes directas, para un ejército, de un profeta a su siervo, etc. PERO, los 10 mandamientos de Éx. 20:2-17 están escritos en “futuro imperativo”.
En cualquier libro de sintaxis hebrea, (en este caso consulté, además de profesores de Hebreo de varias Universidades, entre ellos de la Complutense de Madrid, el libro Arnold, Bill T.; Choi, John H. (2003): A Guide to Biblica Hebrew Syntax. Cambridge University Press p. 63-64), el imperativo se entiende de tres formas:
1) Como un mandato. Ejemplos: Génesis 12:1 “Sal de tu tierra y de tu parentela”. Es una orden. Es un imperativo “presente”. Una orden. Otros ejemplos: Génesis 7:1 “Entra en el arca”. Éxodo 6:11 “Ve y di a Faraón”, etc.
2) Dar permiso para algo. El que habla otorga permiso para que alguien pueda hacer algo que desea, o ha solicitado. Ejemplos: Génesis 50:5-6 “Deja que vaya y entierre a mi padre” (la respuesta sería “ve y entierra”). Éxodo 4:18 “Deja que vuelva en paz” (la respuesta sería “vuelve”).
3) Promesa. Este caso es un imperativo de futuro claro. El que habla asegura al que se dirige que lo que le está diciendo va a ocurrir, aunque lo que sea que vaya a ocurrir esté fuera del alcance del interlocutor que recibe la “orden”. Ejemplo Isaías 37:30 “y el el tercer año sembrarás, cosecharás, plantarás...”. Lo harás, lo podrás hacer.
Es bajo esta tercera acepción por la que no estamos acostumbrados a leer los 10 mandamientos, y sin embargo, es aplicable, de modo que los 10 mandamientos se convierten automáticamente en 10 promesas. Dios resume su esencia, el Amor, en 10 maravillosas promesas. Ahora sí que resulta más fácil entender 1 Juan 5:3 “El amar a Dios consiste en obedecer (aceptar) sus mandamientos (promesas)”. Juan encontró gente que entendía los 10 mandamientos como una carga, y les tenía que recordar que, al contrario, son 10 maravillosas promesas (lo estaba escribiendo un hebreo), y por lo tanto, lejos están de ser una carga pesada.

Las 10 promesas.

El contexto en el que se dan los 10 mandamientos está en el capítulo previo, Éx. 19:4-6 “Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel...”.
Notemos la imagen del águila cuidando y educando a su polluelo, cómo es Dios quien nos trae hacia sí. Y menciona la palabra “pacto”. Un sinónimo es “compromiso”. Dios quiere hacer un compromiso con Israel. La palabra “pacto”, “compromiso”, implica la expresión de promesas, votos, y el respeto hacia esas promesas o votos. El capítulo 19 continúa explicando los preparativos, y deja el contenido de esos votos, promesas que Dios hace con Israel para el capítulo siguiente.  En Éxodo 20:1 se introducen así: “Y habló Dios todas estas palabras diciendo:”
Siguiente elemento: Justo antes de que Dios se comprometa (ofrecer promesas), se identifica al que hace el voto, como en una ceremonia matrimonial: “yo, fulano de tal, prometo amarte, honrarte, respetarte... etc.” Éxodo 20:2 identifica al “contrayente del compromiso (pacto), que realiza las promesas: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre”. Propongo sustituir la palabra “Dios” por “Esposo” en los 10 mandamientos, y entender el “pacto” como un matrimonio, y los 10 mandamientos como las 10 promesas de los votos matrimoniales. Lo que ocurrió en el Sinaí fue un “desposorio” (bodas) entre Dios y su pueblo.

Primera promesa

Éxodo 20:3 “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. En una boda, el primer voto es no tener otra mujer u otro hombre. Es una ceremonia matrimonial entre Dios y su pueblo, Dios le está diciendo: “Si me tomas por esposo (Dios), no tendrás necesidad de seguir buscando más dioses”.
Dios promete que no va a hacer falta tener multitud de “dioses”, uno para la lluvia, otro para la fertilidad, otro para la salud, etc. Dios es tan poderoso, que podrá suplir todas las necesidades de los contrayentes en este pacto.
Podríamos traducirlo por “A partir de ahora no te harán falta más dioses, conmigo es suficiente”. “Has encontrado al verdadero Dios, soy yo”. Jesús mismo te dice: “Yo soy el primero y el último” (Apocalipsis 1:11, 17; 22:13), el primero y el último en tu vida.
El primero en llegar, el primero que vas a ver por la mañana cuando te despiertes, y el último en salir, el que se queda contigo hasta que te duermes.
Ya no habrá otros en tu vida, te prometo, que desde hoy, ya “no tendrás otros dioses extraños antes que yo”, ni después.
Yo soy todo lo que necesitas, no tendrás que seguir buscando, se acabó la búsqueda, se acabó que te engañen, que te defrauden.
Confía en mi. Yo te prometo ser tu Dios, tu esposo, y no vendrá otro detrás, porque nunca te defraudaré.
Dios te promete ser FIEL, y te pide que le correspondas esa fidelidad. Dios te promete ser todo para ti, el “todo en uno”. Y promete también, por lo tanto, que para él eres lo más precioso, lo más bonito, el objeto de todo su amor.
No tendrás que buscar amor en ningún otro dios, el se compromete a cuidarte en todo tiempo.

CONCLUSIÓN

En resumen, los “10 mandamientos” son los 10 votos matrimoniales o promesas que Dios hace para establecer una relación (matrimonio) con su pueblo.
Tenemos un Dios maravilloso que está deseando que le descubras tal y como es, tal y como te ama. Un Dios que está enamorado de ti, y que desea ser el primero que veas cuando te despiertes, el último en darte las buenas noches.
Es un Dios que desea compartir toda tu vida con él, y como se le hace corto el tiempo (a los enamorados el tiempo se les pasa volando cuando están juntos), ha decidido que una vida es poco tiempo, y que desea compartir contigo toda SU vida, toda la Eternidad.
Te invito ahora, a que invites al “Novio” y le des el “Sí quiero” en este momento. Te invito a aceptar la maravillosa promesa, el ofrecimiento que Dios te hace, y que le entregues tu vida en este mismo momento.
Descarga esta predicación en PDF aquí.

Seremos glorificados (Crecimiento Cristiano 6 de 6)

reachingoutLectura Bíblica: Romanos 5:2

INTRODUCCIÓN:

Una de las cosas que los seres humanos deberíamos hacer es pensar en lo que nos depara el futuro, me refiero a qué sucederá y cómo. Esto nos anima a perseverar en el esfuerzo que supone alcanzar ciertas metas. También nos ayuda a ver qué cosas pueden ser necesarias o cuáles otras hay que cambiar para alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto. Hoy vamos a hablar de la glorificación, algo que nos acontecerá cuando Jesús regrese. Pero, ¿es algo “extra” o está relacionado con mi vida cristiana de hoy? ¿Quién nos glorifica, el Padre, el Hijo o el Espíritu Santo? ¿Qué efectos tendrá en nosotros esa “glorificación”?

La experiencia de la Salvación en el Futuro.

Nuestra salvación se completa, o mejor dicho, se cumple de forma final cuando seamos glorificados en la resurrección, o trasladados al cielo. Por medio de la glorificación, Dios comparte con los redimidos su propia gloria radiante. Esa es la esperanza que todos nosotros anticipamos, anhelamos y deseamos como hijos de Dios. Pablo dice en Romanos 5:2 “Por Cristo gozamos el favor de Dios por medio de la fe, y estamos firmes y nos gloriamos de la esperanza de tener parte en la gloria de Dios”. Es en la ocasión de la segunda venida de Jesús, cuando Cristo aparezca para “salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:28).

Glorificación y Santificación.

¿Cómo se relaciona la glorificación con la santificación? Una condición para poder recibir la glorificación es haber vivido, y vivir en el presente continuo, la experiencia de la santificación. Cristo debe morar en nuestros corazones y ser así transformados. Pablo dice en Colosenses 1:27 “Cristo, que habita en vosotros, es la esperanza de la gloria que habéis de recibir”. En otras palabras, si Cristo no mora en nosotros, no tenemos esperanza de recibir gloria alguna. ¿Quién nos glorificará? La respuesta la da Pablo en Romanos 8:11 “Y si el Espíritu de aquél que resucitó a Jesús vive en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo dará nueva vida a vuestros cuerpos mortales por medio del Espíritu de Dios que vive en vosotros”. En otras palabras, si el Espíritu de Dios, que resucitó a Jesús, si ese mismo Espíritu vive en nosotros, de igual manera que resucitó a Cristo, a nosotros, los que lo tenemos en nuestro interior viviendo y obrando en nosotros, seremos transformados por el mismo Espíritu, y nos dará una nueva vida, inmortal, con un cuerpo transformado, en gloria. Por lo tanto, si estamos en el proceso de santificación, tenemos la garantía de que el mismo Espíritu Santo que nos está transformando el carácter, llegará a transformar nuestro cuerpo en el momento oportuno. Y al contrario, si yo ahora no estoy aprovechando la oportunidad que Dios me da para caminar en santificación, no estoy dejando al Espíritu Santo que entre en mí, ni menos que me transforme el carácter. El peligro está en que si ahora no está ya operando cambios interiores, puede venir el momento de la glorificación, y yo no participar, por no tener el Espíritu de Dios en mi. Pablo vuelve a aclarar la idea en 2 Tesalonicenses 2:13 y 14 “Dios os escogió desde el principio para salvación, por medio del Espíritu que os santifica y de la verdad en la que habéis creído… para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo”. Esta gloria, además de la externa, incluye la gloria interna, es decir, la semejanza de carácter al de Dios. Mientras contemplemos a Jesús en nuestra devoción diaria, observemos su belleza, “vamos transformándonos en su misma imagen porque cada vez tenemos más de su gloria” (2 Corintios 3:18). Esta transformación, es la que nos prepara para recibir esa glorificación o transformación final, cuando Jesús regrese por segunda vez. Esto es lo que Jesús llama en Mateo 19:28 “la regeneración”, que comprende no sólo a las personas, sino a toda la creación en este mundo. Me gusta cómo dice Romanos 8:20 – 23 “Porque la creación perdió toda su razón de ser, no por propia voluntad, sino por aquél que así lo dispuso; pero le quedaba siempre la esperanza de ser liberada de la esclavitud y la destrucción, para alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que hasta ahora, la creación se queja y sufre como una mujer con dolores de parto. Y no sólo sufre la creación, sino también nosotros que ya tenemos el Espíritu como anticipo de lo que hemos de recibir. Sufrimos intensamente esperando el momento en que Dios nos adopte como hijos, con lo cual serán libertados nuestros cuerpos”.
Ahora convendría explicar una posición bíblica que los teólogos llaman el “ya, pero todavía no”. La Biblia nos enseña que ya somos salvos, que somos hechos hijos de Dios. Nuestra redención ya está cumplida, pero en otro sentido aún no se ha hecho real. ¿Cómo es esto posible? La respuesta la tenemos, como siempre, echando un vistazo panorámico a la Biblia. Pablo habla de nuestra salvación presente, el ya, el ahora, con la primera venida de Cristo. En la vida, en la muerte, en la resurrección y en el ministerio de Cristo en el Santuario Celestial, se asegura nuestra justificación y santificación de forma definitiva y para siempre. PERO, algunos aspectos quedan pendientes de completarse y otros de realizarse en el futuro, en la ocasión de la segunda venida de Cristo. Ejemplo de ello es la glorificación del cuerpo. Por eso Pablo puede decir que YA somos salvos en Cristo, y también puede decir que TODAVÍA no somos salvos, en lo que refiere a la redención completa, incluyendo nuestra transformación. Hacer énfasis en la salvación presente, separándola de la culminación en la segunda venida de Cristo es un error que lleva a confusión. Pongamos un ejemplo. Imaginemos un muchacho menor de edad, hijo de unos padres multimillonarios. Éstos, fallecen en un terrible accidente, dejando toda la fortuna en herencia al joven. Mientras no sea mayor de edad, no podrá disponer totalmente y en libertad de la fortuna que heredó. Quedará bajo la tutela de algún responsable. Eso no quiere decir que no sea rico. El muchacho es ya, ahora, rico. Pero no dispondrá de la fortuna de forma libre hasta la mayoría de edad, hasta que haya alcanzado la madurez suficiente. La salvación es nuestra, ya, ahora, pero aún tenemos que esperar el día de nuestra mayoría de edad en el momento del regreso del Señor Jesús para poder disfrutar de esa maravillosa herencia que Dios nos ha dejado, como hijos suyos que somos.

La glorificación y la perfección.

Hablando de la perfección, ya hemos visto que en lo que a lo humano se refiere, es relativa, según la esfera en la que nos desarrollamos y la etapa que vamos quemando en nuestra experiencia cristiana individual. ¿Afectará la glorificación a nuestra “perfección”? Algunos creen, de forma errónea, que la perfección “máxima” alcanzable ya está disponible para los seres humanos. Olvidan que la “perfección máxima” se alcanzará en la ocasión de la glorificación. Recordemos un texto de Pablo en Filipenses 3:12 – 15 “No que lo haya alcanzado ya, ni que sea perfecto; sino que prosigo por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos”. La santificación es un proceso que dura toda la vida. La perfección de ahora, de la que Pablo habla justo al final, es nuestra solamente gracias a Jesús, a que nos transforma y completa con su vida las deficiencias de la mía. Solamente en ocasión de la segunda venida de Jesús alcanzaremos esa perfección en todos los aspectos de nuestra vida, física, moral y espiritual. Seremos de nuevo, la imagen de Dios. Pero no antes de la aparición de Cristo en las nubes de los cielos.
Pablo nos amonesta con cariño en 1 Corintios 10:12 “Así pues, el que cree estar firme tenga cuidado de no caer”. Hay muchos ejemplos en la Biblia de personas que, habiendo sido honradas por Dios, posteriormente cometieron graves pecados. Sirva de ejemplo el rey David cuando tomó a Betsabé, o Salomón, con su vida disoluta después de haber sido el hombre más sabio que pisase la tierra, después de Jesús, claro está. No podemos decir en ningún momento que “ya lo he alcanzado”. Al menos, hasta que Jesús regrese, tenemos la posibilidad de echar a perder el trabajo hecho por Dios en nosotros hasta el momento. Cuando finalmente, el Espíritu de Dios restaure hasta el último ápice de la imagen de Dios en nosotros, cuando recibamos la inmortalidad, la incorruptibilidad, entonces sí podremos decir llenos de gozo que lo hemos conseguido de forma definitiva y para siempre.

La base de nuestra aceptación ante Dios.

Aunque estamos hablando de “perfección”, de “santificación”, de mejorar nuestra conducta día a día, ¿podemos pensar que esto “ayuda” a que seamos salvos?
Ni los rasgos de un carácter semejante al de Cristo ni la conducta impecable deben constituir la base de nuestra aceptación ante Dios. Dios no nos acepta por nada de eso. Es más, si algo de ello poseemos es precisamente porque Dios nos lo dio por su buena voluntad. El único Hombre que tuvo una conducta intachable fue Jesús, y es el Espíritu Santo quien nos trae eso a nuestra vida, reproduciéndola en nosotros. No nos podemos atribuir a nosotros algo que no es nuestro, sino que Dios nos lo regaló y el Espíritu Santo nos lo trajo. Sólo podemos recibir. Fuera de Jesús, como dice Pablo en Romanos 3:10 “No hay justo, ni aún uno”. Isaías 64:6 dice: “Todos nosotros somos como un hombre impuro y todas nuestras buenas obras como un trapo sucio”.
Yendo más allá, incluso lo que hacemos en respuesta al amor salvador de Cristo no puede formar la base de nuestra aceptación por parte de Dios. Esa aceptación se identifica simplemente con la obra de Cristo.
Y si estamos dispuestos a hilar más fino todavía, pregunto, el que Dios nos acepte, ¿se basa en lo que nos ha perdonado en el pasado (en la justificación), o en el cambio que va obrando día a día en nosotros (la santificación)?
La respuesta es: En ambas cosas. El ministerio de Cristo en nuestro favor, y su obra en nosotros y por nosotros, debe ser contemplada en su totalidad. De nada sirve si Dios me perdona pero no le permito que haga cambios en mi vida. Si no hace cambios, volveré a cometer los mismos pecados que perdonó antes, y vuelvo a estar condenado. Por otro lado, si supuestamente Dios fuese cambiando mi vida para no cometer los mismos errores que cometí en el pasado, pero no me perdonó mis pecados pasados, nunca dejé de ser un pecador. Al igual que el sol da luz y calor, y ambas cosas no se pueden separar, el perdón de Dios y la transformación que obra en nosotros, tampoco se pueden separar.

Resumen.

Hoy hemos visto que nuestra salvación se completa en la glorificación, con ocasión de la segunda venida de Cristo. Es el momento en que Dios comparte con nosotros, no sólo su carácter de forma plena, sino también su gloria radiante. No podemos participar de la glorificación si no participamos ya de la santificación, porque el Espíritu Santo que nos santifica, es el mismo que nos glorificará, y si no está para lo uno, tampoco estará para lo segundo. Por otro lado, hemos visto que Dios nos salva ya, ahora, pero esa restauración de la imagen de Dios no se hace de forma plena hasta que Jesús regrese por segunda vez. Entonces habremos alcanzado la “perfección máxima”, y no ahora, que aún somos susceptibles de caer de nuevo en pecado. Y aunque hayamos hablado de mejorar moralmente (santificación), y de ser “perfectos” a nuestra esfera, nada de esto constituye mérito alguno para que Dios nos acepte como hijos suyos. Sólo por gracia somos hechos hijos de Dios, y estas cosas son consecuencia de ello, y no al revés.
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“Don Perfecto” (Crecimiento Cristiano 5 de 6)

reachingoutLectura Bíblica: Mateo 5:48.

INTRODUCCIÓN:

A veces nos vemos tentados a hablar del hermano “Don Perfecto”, y cómo quiere que todos seamos igual de perfectos que él o ella. Pero eso sería criticar, y no de forma constructiva. Así que hoy mejor hacemos lo que correspondería en un caso así. Hablaremos de la perfección cristiana, desde el punto de vista bíblico. Veremos qué quiere decir la Biblia con ser “perfecto”. Quisiera recordar brevemente que la santificación abarca el participar de la naturaleza divina, y es algo progresivo. El carácter de cada uno de nosotros se compone de lo que “come y bebe” intelectualmente hablando. De igual modo, si alimentamos nuestra mente con el Pan de Vida, con las palabras de Cristo y estudiamos lo que hizo y enseñó, nos vamos transformando a su imagen. Entonces, ¿podemos ser perfectos aún estando en proceso de santificación?

La Perfección bíblica.

Las palabras “perfecto” y “perfección” son traducciones del hebreo “tam” o del plural “tamim”, que significan “completo”, “recto”, “pacífico”, “íntegro”, “saludable” o “intachable”. Por otro lado, el término griego equivalente es “teleios”, que significa “comlpeto”, “perfecto”, “completamente desarrollado” o “que ha logrado su propósito”.
En el Antiguo Testamento, cuando la palabra tam o tamim se usa en relación con algún ser humano, tiene un sentido relativo. Por ejemplo, en Génesis 6:9, podemos leer: “Noé, hombre justo, era perfecto entre los hombres de su tiempo, caminó Noé con Dios”. Otras versiones parafrásticas de la Biblia, como la Dios Habla Hoy, registran el sentido relativo de “perfección” de la siguiente manera: “Noé era un hombre justo y bueno, que siempre obedecía a Dios. Entre los hombres de su tiempo, tan sólo él vivía de acuerdo con la voluntad de Dios”. En esta traducción dinámica, vemos que “perfecto” es “vivir de acuerdo con la voluntad de Dios”. No se refiere a una “PERFECCIÓN” absoluta. El único perfecto es Dios. De hecho, Noé tenía defectos, como leemos en Génesis 9:21 “Un día Noé bebió vino y se emborrachó, y quedó tendido y desnudo en medio de su tienda de campaña”. La Biblia amonesta en muchos lugares acerca de las bebidas alcohólicas, nos insta a no probarlas. No hay que confundir el vino sin corromper (mosto) con el vino símbolo del pecado, el que tiene alcohol. Pero esto lo dejaremos para otro día. Noé se equivocó en esta ocasión, y probablemente en muchas otras de las que no tenemos registro. Si hubiese sido “perfecto” en el término absoluto, no habría podido cometer tal torpeza. Hay otros ejemplos, y se nos iría el tiempo de hoy sólo viendo los ejemplos, y no habríamos terminado. Abraham también se dice de él que era perfecto, lo podemos leer en Génesis 17:1 y 22:18. No obstante, Abraham mintió, era un mentiroso cuando dijo que su esposa Sara era su hermana. Job, es otro claro ejemplo. En Job 1:1 y 18 se dice que Job es varón perfecto delante de Dios, pero en Job 40:2 – 4 leemos una conversación que inicia Dios con Job: “¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? ¡Responda a esto el que disputa con Dios! Entonces respondió Job a Dios y dijo: Yo soy vil, ¿qué responderé? ¡Me tapo la boca con la mano!”.
En el Nuevo Testamento, la palabra “perfecto” a menudo describe a individuos maduros que vivieron de acuerdo con toda la luz de que disponían, y lograron desarrollar al máximo el potencial de sus poderes espirituales, mentales y físicos. Pablo nos da un indicio en Filipenses 3:12 – 15, donde, hablando de la resurrección y del día de la redención, dice lo siguiente: “No que lo haya alcanzado ya, ni que sea perfecto; sino que prosigo por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos”. ¿Se contradice Pablo tan sólo en tres versículos? En absoluto. Entonces, ¿qué quiere decir pablo con “ni que ya sea perfecto”, y luego con “todos los que somos perfectos”? Otras versiones de la Biblia vierten ese “todos los que somos perfectos” de otro modo. Dice: “Los que tenemos una fe madura”. En Hebreos 5:14 leemos “El alimento sólido es para los que han alcanzado la madurez”, aquí se recoge bien el sentido, aunque debería decir “es para los perfectos”.
Los creyentes debemos ser perfectos en nuestra esfera limitada, así como Dios es perfecto en su esfera infinita y absoluta. Mateo 5:48 recoge esas palabras de Jesús: “Sed, pues perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. ¿Acaso nos invita Jesús a ser iguales a Dios? Eso es imposible. Pero sí que podemos imitar a Dios, tener su carácter a nuestra esfera, a nuestro nivel. Ilustración: Si un niño cumple con las posibilidades académicas propias de su edad, no se le puede pedir más. No es lógico que un niño de 6 años (a no ser alguna excepción de la naturaleza) sepa hacer raíces cuadradas y menos derivar fórmulas complicadas de física y química. Pero sí que se le puede exigir el poder leer y escribir con cierta fluidez. El niño es “perfecto” en su esfera, en su nivel. Tampoco es lógico que una persona adulta, que vaya a la universidad, no rinda un examen de nivel de secundaria o primaria. Cada uno es “completo”, “perfecto” en la medida en que desarrolla sus facultades hasta sus posibilidades (dependiendo de la edad, medio social y cultural, etc.). Lo mismo sucede con la perfección espiritual. No se le puede exigir lo mismo a una persona que jamás pudo tener acceso a la Palabra de Dios, que a aquellos que la hemos tenido décadas acumulando polvo en la estantería. Nosotros hemos tenido oportunidad de aprender y desarrollar nuestro carácter por medio de la santificación. Tampoco es lo mismo una persona que hace unos días, semanas que conoció el Evangelio, que aquél que hace años lo conoce.
A la vista de Dios, un individuo perfecto es aquél cuyo corazón y vida se han rendido completamente a la adoración y el servicio de Dios, creciendo constantemente en el conocimiento de lo divino. Un individuo perfecto para Dios, es aquél que anda en toda la luz que ha recibido. Vive todo aquello que ha aprendido hasta el momento, en la Palabra de Dios.

La perfección completa en Cristo.

Ahora la pregunta es, ¿cómo podemos llegar a ser perfectos? A pesar de nuestros defectos. Esto es una frase hecha, pero que trataremos de explicar: “El Espíritu Santo nos trae la perfección de Cristo”. Efectivamente, por fe, confiando en que si Dios lo prometió, así será. Por fe, el carácter perfecto de Cristo llega a ser nuestro. Nadie podrá jamás pretender que tiene esa “perfección” por sí mismo. Necesitamos de Cristo para cambiar aquello negativo que tenemos en nuestras vidas, defectos de carácter, etc. Así es como podemos llegar a vivir toda la luz que estamos conociendo, y ser perfectos en nuestra esfera. La perfección, es alcanzable, pero sigue siendo un don de Dios. Recordemos que aparte de Dios, fuera de él, nosotros no tenemos capacidad de cambiar lo malo que hay en nosotros en algo bueno. Jesús dijo en Juan 15:5 “El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí, nada podéis hacer”.

Avancemos hacia la perfección.

¿Qué papel nos toca desempeñar a nosotros como creyentes? Una vez que Cristo mora en nosotros, crecemos hacia la madurez espiritual, esto es, en perfección. Dios ha dado dones a su iglesia, pero con una finalidad, la encontramos en Efesios 4:13 en una versión parafraseada: “Hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios. De este modo alcanzaremos la edad y el desarrollo que corresponden a la plena madurez de Cristo”. Otras versiones, como la Reina Valera del 60, rinden: “…a un varón perfecto, a la medida de al estatura de la plenitud de Cristo”. Necesitamos crecer más allá de nuestra “niñez” espiritual. No se trata simplemente de recibir una serie de estudios bíblicos y luego bautizarse. El creyente debe continuar estudiando, investigando la Biblia por sí mismo, cada día. Al igual que un niño pasa de la leche a la papilla, luego a verdurita, y finalmente a alimento sólido, el creyente debe pasar por la misma experiencia en su alimentación espiritual. A eso se refiere Pablo en Hebreos 6:1 “Así que sigamos adelante hasta llegar a ser adultos, dejando atrás las primeras enseñanzas acerca de Cristo. No volvamos otra vez con asuntos elementales, como la conversión y el abandono de las obras que llevan a la muerte, como la fe en Dios, las enseñanzas sobre el bautismo, el imponer las manos a los creyentes, la resurrección de los muertos y el juicio eterno”. Dicho de otro modo, Pablo les dice: “¿Es que tenemos que volver a comenzar con los estudios bíblicos más básicos? ¡Progresemos, por favor!” Pablo expresa su deseo de otro modo en Filipenses 1:9 – 11: “Pido en oración que aumente más y más vuestro amor, y que alcancéis mucha sabiduría y entendimiento en todo, para saber escoger siempre lo mejor. Así podréis vivir una vida limpia y no habrá nada que reprocharos cuando Cristo regrese; pues entonces presentaréis una abundante cosecha de buenas acciones gracias a Jesucristo, para honra y gloria de Dios”.
Aún así, la vida santificada no se encuentra libre de obstáculos, aunque Pablo nos amonesta a ocuparnos con diligencia de nuestra salvación, en Filipenses 2:13 nos alienta con las siguientes palabras: “Dios es quien hace nacer en vosotros los buenos deseos y quien os ayuda a llevarlos a cabo, según su buena voluntad” (Dios pone en nosotros el querer, como el hacer). Para esto, la oración continua es indispensable si hemos de vivir una vida santificada que sea perfecta en cada etapa del desarrollo. Pablo oró así por los creyentes de Colosas. Leamos Colosenses 1:9, 10 “Por esta razón, nosotros, desde el día en que lo supimos, no hemos dejado de orar por vosotros y de pedir a Dios que os haga conocer plenamente su voluntad, y que os dé toda clase de sabiduría y entendimiento espiritual, así podréis portaros como deben hacerlo los que pertenecen al Señor, haciendo siempre lo que le agrada, dando frutos de toda clase de buenas obras y llegando a conocer mejor a Dios”.

Resumen.

Hoy hemos estudiado la “perfección” desde el punto de vista bíblico. El término, tanto en el Antiguo Testamento, como en el Nuevo Testamento, si se refiere a seres humanos, es un término relativo. Se refiere a la perfección dentro de la esfera posible de desarrollo de cada uno, así como no se puede exigir lo mismo a un niño de dos años que a un adulto. Perfecto es algo que cumple el objetivo para el que fue creado o diseñado. Hemos visto ejemplos de personas que fueron consideradas por Dios “perfectas”, a pesar de sus errores. Fueron perfectas porque aceptaron el perdón de Dios, y permitieron que les fuese transformando (santificando) a lo largo de sus vidas. Hermanos, así sí que todos podemos ser “perfectos”, la cuestión es que no dejemos de crecer como cristianos. Ese estancamiento implicaría dejar de ser “perfectos”. Sigamos creciendo. Sigamos estudiando con más interés la Biblia. No nos relajemos, porque el que no sube, empieza a bajar.
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“Como Dios” (Crecimiento Cristiano 4 de 6)

reachingoutLectura Bíblica: 2 Pedro 1:4.

INTRODUCCIÓN:

Muchos hablamos de Dios, de su poder, de su bondad, de su amor, y de muchos otros atributos que le corresponden. Decimos que hay que ser como Jesús, hablar y actuar como él lo hizo. Pero quiero recordar algo, Jesús es Dios, y por lo tanto, estamos diciendo que debemos ser “como Dios”. ¿Es eso posible? ¿No fue el pecado de Lucifer? Si fuese posible, ¿cómo podemos lograrlo? ¿Es imprescindible?

Participamos de la naturaleza divina.

Comencemos leyendo 2 Pedro 1:4 “Nos ha dado (Dios) sus promesas, que son muy grandes y de mucho valor, y por las cuales, llegaréis a ser participantes de la naturaleza divina y escaparéis de la corrupción que los malos deseos han traído al mundo”. Aquí se nos promete que tendremos acceso al poder divino, podremos tener parte o participar del poder de Dios. Este poder es el que obra cambios en nosotros. Y entonces sucede lo que describe Pedro a continuación del versículo anterior, 2 Pedro 1:5 – 9: “Por eso debéis esforzaros por añadir a vuestra fe la buena conducta; a la buena conducta, el conocimiento; al conocimiento, el dominio propio; al dominio propio, la paciencia; a la paciencia, la devoción; a la devoción, el afecto fraternal; y al afecto fraternal, el amor. Si poseéis estas cualidades y las desarrolláis, ni vuestra vida será inútil ni habréis conocido en vano a nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no las posee es como un ciego o corto de vista; ha olvidado que fue limpiado de sus pecados anteriores”.
¿Cómo podemos conseguir esto? Sólo por medio de Cristo. Lo que transforma a los seres humanos a la imagen de su Creador, es el acto de revestirse, o participar, del Señor Jesucristo. Pablo nos dice en Romanos 13:14 “Revestíos del Señor Jesucristo como de una armadura, y no busquéis satisfacer los malos deseos de la naturaleza humana”.
¿Cómo nos revestimos de Jesucristo? La respuesta nos la da Pablo en Gálatas 3:27 “Y por el bautismo habéis sido unidos a Cristo y habéis sido revestidos de él”. Por supuesto que este bautismo tiene que ser algo consciente, no el que se la hace a los niños recién nacidos, que dicho sea de paso, no tiene base bíblica. Si Jesús nos dio ejemplo en todo, él fue bautizado bien mayorcito. Aunque de esto hablaremos en próximos programas más a fondo.
Pero el bautismo es sólo el inicio. Como bien dice Pedro, que no se nos olvide el perdón de pecados, pero hay que continuar a partir del bautismo. Hebreos 3:14 nos indica cómo “Porque para tener parte con Cristo hemos de mantenernos firmes hasta el fin en la confianza que teníamos al principio”. Debemos seguir confiando en Dios, como el día de nuestro bautismo (al principio). Recordemos de nuevo Tito 3:5 “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación del Espíritu Santo”. La versión “Dios Habla Hoy” de la Biblia, vierte este texto de la siguiente manera: “Y nos salvó, no porque nosotros hubiéramos hecho nada bueno, sino porque tuvo compasión de nosotros. Por medio del lavamiento nos ha hecho nacer de nuevo (regeneración); por medio del Espíritu Santo nos ha dado nueva vida (renovación, algo nuevo)”. Esto son los tres factores que nos enseñan que sólo por Cristo, uniéndonos a Él en el bautismo, manteniendo nuestra fe en él con el paso del tiempo y siendo renovados en Él, es como participamos de la naturaleza divina, participamos del poder de Dios.
Esto científicamente no se puede explicar. Son asuntos que trascienden nuestro conocimiento y entendimiento. Es un misterio similar al de la encarnación del Hijo de Dios. De igual manera que el Espíritu Santo hizo posible que Cristo Dios, participase de la naturaleza humana, por ende, puede hacer posible que nuestra nosotros participemos de los rasgos de carácter divinos. Esta apropiación de la naturaleza divina, renueva nuestro ser interior, haciendo que nos parezcamos a Cristo (no en lo físico, cada uno es como es, sino en el carácter). Hay que matizar una cosa. Cristo, siendo Dios se hizo hombre. Pero nosotros, los creyentes, aunque participemos del poder divino, no pasamos a ser divinos ni dioses. Lo que sí hacemos es desarrollar un carácter semejante al de Dios. Esto es restaurar la imagen de Dios en el hombre, perdida por el pecado. Satanás quiso ser Dios, nosotros sólo queremos ser “como Dios”, semejantes a él en carácter.
¿Sucede esto de una vez, se puede decir, “yo ya lo he alcanzado”? La santificación, que abarca el participar de la naturaleza divina, es algo progresivo. Por lo que podemos decir que no es algo instantáneo y completo. Por medio de la oración y el estudio de la Palabra de Dios, crecemos constantemente en comunión con Dios. Cuidado, no es suficiente con una mera comprensión intelectual del plan de salvación. Podemos conocer de memoria, por ejemplo, el plan de evacuación de emergencia de nuestro puesto de trabajo. Pero si llegado el momento no lo ponemos en práctica, de nada nos sirve. Podemos conocer recetas de memoria, pero si no cocinamos, no sirven de nada. De igual manera podemos tener un poderoso conocimiento intelectual de Dios y su plan para rescatarnos. Pero, como dijo Jesús en Juan 6:53 – 56 “Os aseguro que si no coméis el cuerpo del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día último. Porque mi cuerpo es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi cuerpo y bebe mi sangre vive unido a mí, y yo vivo unido a él”.
En otras palabras. Jesús está diciendo que tenemos que asimilar sus palabras, comer y beber de su propia esencia, de todo lo que dijo, enseñó e hizo. En Juan 6:63 leemos: “Las cosas que os he dicho son espíritu y son vida”. Otro texto muy conocido, y que también aclara el tema es Mateo 4:4 “Pero Jesús contestó: La escritura dice: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que salga de los labios de Dios”.
El carácter de cada uno de nosotros se compone de lo que “come y bebe” intelectualmente hablando. Si vemos violencia, nos volvemos violentos. Si observamos con frecuencia promiscuidad, acabaremos consintiéndola o practicándola. Nuestros procesos mentales se amoldan a aquello que vemos y oímos, aunque no queramos, es algo involuntario (dime con quién andas y te diré quién eres). De igual modo, si alimentamos nuestra mente con el Pan de Vida, con las palabras de Cristo y estudiamos lo que hizo y enseñó, nos vamos transformando a su imagen.

Las dos transformaciones.

Hubo un año especial por dos hechos memorables. 1517 d.C. En ese año, Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittemberg, en Alemania. En ese mismo año, el pintor Rafael comenzó a pintar en Roma su famoso cuadro de la transfiguración. Ambos hechos tienen algo en común. Lo que hizo Lutero marcó el inicio de la Reforma Protestante. Por otro lado, el cuadro de Rafael, aunque probablemente no era su intención, simbolizaba el espíritu de la Reforma. Ese cuadro muestra a Cristo de pie en la montaña, y al endemoniado en el valle, mirando hacia Cristo con una expresión de esperanza en el rostro. El suceso reflejado en ese cuadro, lo encontramos en Marcos 9:2 – 29. Hay dos grupos de discípulos, unos arriba en el monte de la transfiguración con Jesús (Pedro, Santiago y Juan). Los otros discípulos estaban abajo en el valle, intentado sanar a un muchacho pero sin poder conseguirlo. Estos dos grupos de discípulos representan dos clases de cristianos. Los tres discípulos que estaban en el monte de la transfiguración con Jesús, deseaban permanecer con Cristo, aparentemente sin sentir preocupación por lo que sucede en el valle, donde está la muchedumbre. A lo largo de los siglos, muchos han construido “refugios” en las montañas, alejados de las necesidades del mundo. Su experiencia consiste en oraciones sin obras, una fe indemostrada.
Por otra parte, los discípulos que estaban en el valle trabajaron sin orar, y sus esfuerzos por echar fuera el demonio fracasaron. Hay multitudes que se han visto aprisionadas, ya sea en una trampa de trabajar a favor de otros careciendo de poder, o en la de orar mucho sin trabajar por los demás. Estas dos clases de cristianos necesitan que se restaure en ellos la imagen de Dios.
¿Cuál es, entonces, la verdadera transformación? Dios espera reproducir su imagen en los seres caídos, transformando sus voluntades, sus mentes, sus deseos y caracteres. Cuando el Espíritu Santo trabaja en nosotros, se produce un cambio de nuestro punto de vista respecto las cosas. Inexplicablemente, comenzamos a hacer lo que antes nos era difícil o imposible. Damos los frutos del Espíritu que se encuentran en Gálatas 5:22, 23 “En cambio el Espíritu da frutos de amor, alegría y paz; de paciencia, amabilidad y bondad; de fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene cosas como éstas”. Por eso termina diciendo en los versos siguientes “y los que son de Cristo Jesús, han crucificado ya la naturaleza del hombre pecador junto con sus pasiones y malos deseos. Si ahora vivimos por el Espíritu, dejemos también que el Espíritu nos guíe”. Si dejamos que el Espíritu de Dios nos guíe, los frutos mencionados antes pasan a ser nuestro estilo de vida, aunque sigamos siendo mortales corruptibles hasta que Jesús regrese.
Si realmente no nos resistimos al Salvador, Jesús se identificará tanto con nuestros pensamientos y metas, y llegará a amoldar de tal manera nuestro corazón y mente a su voluntad, que cuando le obedezcamos, no lo haremos pensando en qué tenemos que hacer o dejar de hacer. Simplemente estaremos haciendo nuestra voluntad, que ya ha sido santificada. Entonces será una delicia servir a Dios.
Volviendo al cuadro de Rafael, el episodio de la transfiguración de Jesús en el monte Tabor. Cristo en el monte se tranfiguró . El muchacho del valle, también estaba transfigurado por Satanás. Vemos un contraste, la voluntad de Dios de devolver la imagen divina en el ser humano, y por otro lado, contrasta la voluntad de Satanás de recrear su imagen perversa en la humanidad, como lo hizo en aquél niño.
La vida implica constantes cambios. No hay terreno neutral. Bien estamos siendo ennoblecidos por Dios, o bien estamos siendo degradados por Satanás. Como dice Pablo en Romanos 6:17 y 18, o somos esclavos del pecado, o somos siervos de justicia. El que ocupa nuestras mentes, nos ocupa a nosotros. Si Cristo por su Espíritu tiene lugar en nosotros, él nos llena con todo lo que implica. Pero si estamos sin Cristo, eso nos separa de la fuente de vida, y hace que nuestra destrucción sea inevitable. Por cierto, no hay términos medios. Cristo dijo: “Quien conmigo no junta, desparrama”.

Resumen.

Hoy hemos visto cómo participamos de la naturaleza divina, cómo podemos ser “como Dios”. Esto son los tres factores que nos enseñan que sólo por Cristo, uniéndonos a Él en el bautismo, manteniendo nuestra fe en él con el paso del tiempo y siendo renovados en Él, es como participamos de la naturaleza divina, participamos del poder de Dios. La santificación, que abarca el participar de la naturaleza divina, es algo progresivo. El carácter de cada uno de nosotros se compone de lo que “come y bebe” intelectualmente hablando. De igual modo, si alimentamos nuestra mente con el Pan de Vida, con las palabras de Cristo y estudiamos lo que hizo y enseñó, nos vamos transformando a su imagen. Cuando el Espíritu Santo trabaja en nosotros, se produce un cambio de nuestro punto de vista respecto las cosas. Si realmente no nos resistimos al Salvador, Jesús se identificará tanto con nuestros pensamientos y metas, y llegará a amoldar de tal manera nuestro corazón y mente a su voluntad, que cuando le obedezcamos, no lo haremos pensando en qué tenemos que hacer o dejar de hacer. Simplemente estaremos haciendo nuestra voluntad, que ya ha sido santificada. Entonces será una delicia servir a Dios. La vida implica constantes cambios. No hay terreno neutral. Bien estamos siendo ennoblecidos por Dios, o bien estamos siendo degradados por Satanás. Si Cristo por su Espíritu tiene lugar en nosotros, él nos llena con todo lo que implica.
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