Las Diez Promesas X y epílogo: Décima Promesa: Dios promete hacerse cargo de todas tus necesidades. (Décimo mandamiento).

INTRODUCCIÓN:

Todo lo bueno (y lo malo) se acaba. Espero que la percepción que teníais de Dios haya profundizado más a lo largo de esta semana, que Dios haya usado estos temas para darte a conocer mejor aún su voluntad y su deseo de estar contigo, bendecirte y ayudarte. Pero aún no hemos terminado, quedan una promesa más por tratar.
Estoy seguro de que, ahora que sabeos que Dios celebró una boda en el Sinaí públicamente, ante todo el Universo, con 10 maravillosas promesas, votos matrimoniales, os estéis enamorando nuevamente de Él.
Rápidamente, repasemos: La primera promesa es que Dios promete serte fiel y promete que no necesitarás más dioses aparte de él.
En segundo lugar promete estar siempre a tu lado, no te hará falta una fotografía suya porque tendrás el original constantemente a tu lado.
En tercer lugar promete atender siempre tus oraciones, escucharte siempre, de modo que cuando uses su nombre, lo llames, nunca lo harás en vano.
En cuarto lugar, Dios te promete dedicar un día a la semana, el sábado, para tener una fiesta de reunión familiar, disfrutar contigo y que invites a tus vecinos y visitas a estar en la fiesta del sábado.
En quinto lugar Dios te ha prometido ayudarte a ser una persona honrada y honrosa. Si le dejas ayudarte a honrar a tus ancestros, Él se gozará en tener un hijo que es un ejemplo para los demás, por lo que prolongará tus días para que otros vean tu testimonio.
En sexto lugar, el Dios de los ejércitos que todo lo puede, ha prometido defender tu vida, por lo que no tendrás que matar ni agredir a nadie para sobrevivir.
En séptimo lugar, Dios ha prometido defender la familia, la base de la sociedad. Dios prometió que si pones tu familia en sus manos, nunca tendrás la “necesidad” o tentación de ser infiel a tu esposo o esposa, porque tu familia en las manos de Dios será bendecida y colmará todas tus necesidades emocionales.
En octavo lugar, Dios el Creador y Dueño de todo el Universo, ha prometido hacerse cargo de todos tus problemas, incluso los materiales, de modo que no te faltará de nada, y ya no robarás más.
En noveno lugar, Dios, el Juez justo y verdadero, promete salir en tu defensa en toda circunstancia, de modo que cuando hagan un complot contra ti, o te veas en problemas de los que no sepas cómo salir, Él te defenderá, será tu abogado y juez a la vez. No tendrás la necesidad de mentir, no mentirás, ni tendrás necesidad o tentación de levantar falso testimonio contra nadie para obtener ventaja, pues Dios es quien ensalza y reivindica tu honor.
Nos queda la décima promesa, a la que quiero añadir luego unas cuantas promesas más, como “traca” final.

Décima promesa: Atender tus deseos

Décima promesa

Éxodo 20:17 “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”.
Desde la quinta promesa estamos viendo un orden intencional en cada una de ellas. Dios promete primero que te ayudará a honrarle a Él y a tus padres en la tierra. Y luego a partir de la sexta, te explica cómo te va a ayudar a hacerlo.
En primer lugar viene el derecho a la vida, el respeto a la vida y la preservación de la misma. Dios promete ayudarte a sobrevivir y también a mantener la vida.
En segundo lugar, Dios promete ayudar a estructurar la vida para que sea sostenible y se desarrolle, la familia, base de la sociedad. Promete ayudarte a estructurar tu vida.
En tercer lugar, promete mantener la vida y la familia, proveyendo lo que necesitas, no tendrás que robar.
Una vez que tenemos vida, estructurada en familia, y con el sostén asegurado, falta asegurar la convivencia entre las familias. Dios promete ayudarte a tener relaciones sociales saludables, no mentirás ni para defenderte de acusaciones injustas, ni para estropear las que ya tienes. Dios promete ayudarte hasta aquí en todo esto.
Pero si os fijáis, todo esto tiene algo en común, es visible, los demás podemos ver si estás vivo, si tienes familia, si robas o eres infiel estás interactuando con terceros, incluso si hay distorsión en la comunicación, “una mentira”, necesitas un interlocutor, otra persona para poder hacer algo.
Pero queda algo más, un rincón que nadie puede ver, del que no precisas interactuar con nadie para poder equivocarte y ser infeliz. Queda tu mente, tu corazón, tus deseos y tu pensamiento, algo que nadie puede ver, oír o leer. ¿Qué sientes? ¿Qué piensas? ¿Qué anhelas? ¿Qué deseas? Hombres: Cuántas veces os habéis preguntado “¿cómo puedo saber lo que piensan las mujeres?” Las mujeres directamente se preguntan: “¿Pero cuándo van a empezar a pensar estos hombres?”
Nadie puede entrar en tu mente y leer tus pensamientos. 1 Corintios 2:11 “Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”.
Bueno, casi nadie. Sólo hay uno, Dios. Jeremías 17:10 “Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras”.
Antes incluso de que puedas llegar a expresar lo que tu mente ha pensado, antes incluso de que puedas ser capaz de explicar lo que sientes y cómo te sientes, Dios ya lo sabe todo: Salmo 139:4 “Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda”.
La felicidad es también algo interior. Y la décima promesa de Dios tiene que ver con tu interior. Los que nos hemos casado, hemos prometido hacer feliz a alguien, pero nunca podríamos prometer lo que Dios SÍ promete al final. Se reserva una última promesa, la décima, que NADIE puede hacer. Sólo Él puede cumplir.
Éxodo 20:17 “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”.
Dios te promete, tras todas las promesas anteriores, una existencia tan plena, tan llena de experiencias, emociones y sentimientos positivos, que a partir de ahora no tendrás envidia de las cosas que le ocurran a los demás. Tu vida estará tan llena de significado, que no codiciarás ni la casa del vecino, ni su mujer, ni su coche, ni su moto, ni su televisión, ni su piscina, ni su jardín, ni su iPhone... Nada te llamará la atención más que lo que tienes en tu propia casa.
Cuando miro a los ojos de mi esposa, veo un profundo mar de recuerdos, de emociones, de sentimientos, de experiencias, de comprensión, de amor, que ninguna otra mujer, por “muy hermosa que pueda parecer por fuera” puede llegar a igualar. Y eso es lo que nunca encontraré en ningún otro lugar. No tengo necesidad de codiciar otra mujer.
¿Quién guarda souvenirs o recuerdos de los viajes? Yo procuro llevarme una taza a mi despacho cada vez que hago un viaje, como recuerdo. Si alguna taza se rompe, me da muchísima lástima, no por el valor físico, que no suele ser mucho, sino por todos los recuerdos, emociones y vivencias que me recuerda ver y usar esa taza. Tiene un valor simbólico que supera el valor real o físico.
En pedagogía se enseña que, para distraer la atención de un niño pequeño cuando está jugando con algo peligroso, lo mejor es darle una alternativa que le llame más la atención, de modo que soltará el encendedor o el cuchillo, lo que sea, para poder jugar con algo nuevo que le ofrezcamos. Le podremos retirar el objeto peligroso sin que se enfade y se haga daño. Si intentamos retirar el objeto por la fuerza (y está justificado) el niño no lo querrá soltar y se enfadará, llorará, e incluso querrá forcejear antes de soltarlo pudiendo hacerle daño.
Dios es el mejor pedagogo. Si te prohibe: “No juegues con el encendedor”, está llamando nuestra atención hacia ese objeto sin más. Pero lo que en realidad hace es prometernos algo mucho mejor. Te está diciendo: “Tengo algo preparado para ti, tan grande, tan bonito, tan emocionante, que todo esto que te rodea, te parecerá poca cosa. Si me aceptas como tu Dios, no necesitarás estar fijándote en cómo le va la vida a los demás, qué tienen, con quién se casan, ni nada de eso. Yo tengo algo mucho mejor para ti. Déjame que te lo muestre”.
Nosotros tenemos al Dios más grande del Universo, dueño y señor de toda la creación. Es imposible superarlo. Es imposible que otros tengan algo que nosotros podamos codiciar en estas condiciones. Lo máximo que otros pueden aspirar es a formar parte de nuestra familia celestial.
El Salmo 73 es una sana reflexión sobre esta promesa (v. 1-3; 15-17): “Ciertamente es bueno Dios para con Israel, Para con los limpios de corazón. En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos [...] Si dijera yo: Hablaré como ellos, He aquí, a la generación de tus hijos engañaría. Cuando pensé para saber esto, Fue duro trabajo para mí, Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos”.
En Dios, la victoria no es como la entiende el mundo. Una aparente victoria puede ser una derrota (si se consigue por nuestros propios medios, mintiendo, robando, engañando...). Pero una aparente derrota con Dios se convierte en una Victoria. Jesús fue aparentemente derrotado en la cruz del Calvario, y su “derrota” fue nuestra victoria.

Más promesas (epílogo):

Quiero concluir esta maravillosa serie con una batería de promesas “extra”, con un epílogo que muestra y amplía aún más estas 10 promesas que Dios nos ha dado, y que nos revela hasta qué punto Dios se preocupa por ti, mucho más de lo que podrías imaginar.
¿Quién de vosotros ha contado los pasos que habéis dado desde que se ha levantado hasta ahora? Job 31:4: “¿No ve él mis caminos, Y cuenta todos mis pasos?” ¿Alguno de nosotros ha contado los pasos que ha dado desde su casa hasta aquí? ¿Uno por uno? Jesús sí lo ha hecho. ¡Eso dice la Biblia!
Mateo 10:29 – 31: “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo vuestro Padre. Y hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. Así que no temáis; vosotros valéis más que muchos pajarillos”. ¿Alguien ha contado, no ya los pelos que le quedan o tiene, sino siquiera los que se quedaron en el peine o cepillo esta mañana? Jesús sabe exactamente los que me quedan en el poco flequillo que tengo, y cuántos se me han caído al peinarme.
Juan 2:25: “y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.” Jesús conocía mejor que nadie, y sigue conociendo, al ser humano. Según este versículo, cuando se le acercó Judas, sabía que le iba a entregar, ¡ni siquiera el propio Judas sabía que se suicidaría tres años después! Jesús nos conoce mucho mejor que nosotros mismos. Me conoce mejor que yo a mi mismo. Si no, que se lo pregunten (si se pudiese) al apóstol Pedro, que decía que no iba a negar a Jesús, y Jesús se lo anunció porque sabía perfectamente lo que había en él.
Porque padeció como nosotros, porque sabe por experiencia lo que es luchar contra el pecado, porque conoce al detalle cada secreto, cada rincón, cada expresión de tu vida, de mi vida, incluso más y mejor que nosotros, por todo eso y mucho más, Él es el único que puede realmente ayudarnos.
Dice Hebreos 4:16: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. ¿Y cómo nos acercamos al trono de la Gracia? Sólo hay una forma, la oración.
Dice Mateo 21:22: “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.”
Juan 14:13: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.”
Juan 16:24: “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.”
1 Tesalonicenses 5:17: “Orad sin cesar”.
1 Juan 3:22: “y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.”
Tras leer estas promesas, yo os ruego, no endurezcáis vuestros corazones. No sé que circunstancias concurren hoy en tu vida, no sé por qué valle estás caminando estas horas, estos días, estos meses, pero una cosa sí que se, y estoy muy seguro de ello.
  • Dios conoce cada uno de tus problemas,
  • Dios conoce cada una de tus necesidades
  • Dios conoce cada una de tus ansiedades
  • Dios conoce cada uno de tus pecados, y sabe cómo te atormenta no abandonarlos definitivamente.
  • Dios conoce y ve tu llanto en secreto.
  • Dios está esperando a que le pidas ayuda para dártela, está deseando ayudarte, pero no lo puede hacer sin tu permiso, ¡habla con él hoy mismo! Dile que sí, invítalo a tomar las riendas de tu vida una vez más. Confía en Jesús, acércate a él.
Dice Hebreos 3:14-15 y 4:14 “Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. [...] Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.”
Dios no se ha olvidado de ti, y viene muy pronto para buscarnos, a ti y a mí. Jesús vuelve para llevarnos con él al hogar celestial. Cristo está volviendo para llevarte a esa mansión celestial que ha preparado con su propia mano para ti.
Dice Isaías 49:14 – 16: “Pero Sion dijo: Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí. ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida.” CONCLUSIÓN
Te invito a que ahora acudas a ese Dios que está siempre presto a oírte. Habla con Él y cuéntale en este momento tus más íntimas preocupaciones. Esos problemas que te agobian, esas luchas y discusiones en las que te han metido otros con mentiras, o que tú mismo has creado, y pídele que cumpla su promesa y que te ayude a salir de esos problemas. Pídele que te sostenga, exponle tus necesidades y reclámale sus promesas de sostén y justicia.
Ora con la seguridad de que te escucha. Agradécele por querer ayudarte a ser un buen hijo y no olvides que, aunque no te sientas digno, el primer interesado en ayudarte es Dios mismo. Te invito a orar.
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