Las Diez Promesas III: Tercera Promesa: Dios promete prestar atención a tus ruegos (tercer mandamiento)

INTRODUCCIÓN:

Vamos conociendo más a Dios, y mejor tras estudiar estas promesas tan bonitas, esta declaración de amor de Dios hecha en 10 votos matrimoniales. Hemos visto que lo que se registra en Éxodo 20 es un certificado matrimonial, donde Dios registró los votos que pronunció al comprometerse públicamente, ante el universo entero, que tomaba a Israel, a sus hijos, como esposa.
La primera promesa que Dios nos hizo, es el primer voto matrimonial, con el que se compromete a ser tu esposo, tu Dios, y a serte fiel, de modo que ya no habrá nadie más en tu vida, salvo Dios, tu esposo que estará contigo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza.
El segundo voto matrimonial de Dios contigo es su promesa de estar constantemente a tu lado, de hacerte compañía en todo momento al punto que no necesitarás tener una fotografía suya para acordarte de Él. También promete estar al cuidado de ti y de tu familia, como el médico visita a los enfermos para sanarlos.
Vamos hoy con la tercera promesa, que es muy interesante.

Tercera promesa

Leamos Éxodo 20:7 “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”.
El tercer mandamiento siempre se ha entendido, y de forma adecuada, como una prohibición de tomar a la ligera el nombre de Dios. No está mal, eso es correcto, pero nos hemos perdido un aspecto más que está en este texto. La PROMESA que Dios hace.
Al igual que en la segunda promesa la palabra “visitar” tiene un significado diferente del que se le atribuye tradicionalmente, en esta ocasión “no dará por inocente” o “castigará”, según la versión, también tiene connotaciones que no son exactas. El concepto que hay detrás de esta segunda parte de la promesa se refiere a “consecuencias". Fallar en creer a Dios en esta promesa tiene consecuencias, tristes y pueden llegar a ser terribles.
¿Entonces, cómo podemos entender esta aparente contradicción entre promesa y "castigo"? Solamente entendiendo de forma adecuada el sentido completo del texto, de la promesa, que no excluye la comprensión tradicional, sino que la amplía aún más.
Si hacemos de Dios lo primero en nuestras vidas (primera promesa) y si lo integramos de forma constante (relación) en nuestro diario vivir de forma que su presencia sea constante y no dependa de imágenes o estatuas físicas (segunda promesa), entonces tendremos la tercera promesa:
Éxodo 20:7 “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano”.
Luego vamos con la segunda parte del texto. ¿Para qué sirve el nombre de las personas? ¿Qué debes usar cuando quieres tener la atención de alguien, o su ayuda? Usamos el nombre de la persona, de lo contrario, esa persona no se sentirá identificada y no responderá tu llamada.
Voy a pedir que un joven se suba aquí al estrado. Preguntaré por su nombre. Le pediré que se pongan de espaldas a mi. Lo llamaré por diferentes nombres, hasta que finalmente le llame por su nombre pidiéndole que se de la vuelta.
Cuando el/la joven se da la vuelta, me habrá respondido, eso me demuestra que me presta atención. ¿Cierto? Ahora vamos a repetir el experimento de forma diferente. Voy a pedir al mismo joven que NO me haga caso en absoluto, a pesar de mis múltiples intentos de llamada (incluso le llamaré en el hombro y me ignorará).
En este ejemplo que hemos visto, he usado el nombre de X (persona) con resultados diferentes. En el primer caso, he usado su nombre para pedir ayuda, y me ha respondido.
En el segundo caso, por mucho que haya usado su nombre, aunque se lo desgaste de tanto llamarle, no me ha hecho caso. Es decir, he usado su nombre en vano.
Lo que Dios está diciendo en esta promesa, en este voto matrimonial, es que cada vez que invoquemos el nombre de Dios, cada vez que le llames, nunca será en vano. Dios siempre responderá a nuestro llamado, a nuestra oración. Cada vez que pronunciemos su nombre, hablemos de él o con él, siempre habrá un fruto de ello. Nunca será en vano. “No tomarás el nombre de Dios en vano”.
¿Te das cuenta de lo que Dios te está prometiendo? Promete ser todo lo que necesites, promete estar contigo todos los días, vivir contigo al punto que no te harán falta imágenes ni fotografías para recordarlo. Pero una cosa es estar al lado de alguien (presencia) y otra cosa es hacer caso de la persona. Dios promete también estar pendiente de ti, hacerte caso y responder cada vez que le llames. Descolgar el teléfono cada vez que le llames en oración.
Ahora bien, esta promesa no quiere decir que siempre esté de acuerdo contigo. Cabe la posibilidad de que Dios no responda como esperas o de la forma que deseas.
¿Qué ocurre cuando alguien responde de la forma que no esperas? A veces nos hacemos los sordos y no damos por buena su respuesta. Imagínate esta situación: (usar al traductor)
1)  Alguien te llama por tu nombre, y le respondes.
2)  Le pides consejo o ayuda para un problema concreto.
3)  Te responde con el mejor consejo o te dice que esperes un momento.
4) Haces lo que te da la gana ignorando el consejo que te dio.
Sería lógico que esa persona a la que has llamado para pedir consejo se pregunte: “entonces, si finalmente haces lo que quieres ignorando mi consejo, ¿para qué me llamas?” Lo mismo le ocurre a Dios. Él promete escucharte siempre, promete que cada vez que invoques su nombre, nunca lo harás en vano. Pero esta promesa tiene implícita una advertencia: “Si me llamas, es para que me hagas caso, si no, no lo hagas”.
Sólo si haces esto, habremos pronunciado o invocado el nombre de Dios en vano. Dios podría decirnos: "¿Para qué me llamas, para qué me invocas, para qué me pides consejo, para qué me pides ayuda si no aceptas lo que te digo, lo que hago, lo que te ofrezco?"
Tomar o pronunciar en vano el nombre de Dios va más allá de la simple blasfemia, maledicencia, o juramento necio. También es no apreciar las promesas de Dios. Es desobedecer a Dios. Es fallarle. Es despreciar su ayuda, su consejo, su ofrecimiento.
Evidentemente, todo aquél que invoque el nombre de Dios, "pronuncie su nombre" para pedir ayuda, sabiduría, o lo que necesite, y desprecie lo que Dios le diga, aconseje u ofrezca, está invocando, pronunciando, tomando el nombre de Dios en vano.
La consecuencia (castigo) es algo natural. Despreciar el consejo de Dios, su ayuda, su sabiduría, su ofrecimiento, siempre tendrá una consecuencia negativa para el ser humano.
Dios te dio su opinión o consejo, pero has decidido tomar tus propias decisiones desoyendo lo que te ha dicho. En el momento que emprendemos un curso diferente al que Dios nos propone, o en el momento que no esperamos a que Dios rompa el silencio, nos llevará a actuar de forma posiblemente equivocada.
Las acciones equivocadas tienen consecuencias que Dios quiso evitar, pero que no puede obligarte a evitar. Dios respeta tu libertad, y a pesar de haberte prometido estar ahí siempre, a tu lado, escucharte y darte los mejores consejos y ayuda, no puede obligarte a aceptar sus consejos y ayuda, y tampoco puede obligarte a aceptar sus bendiciones. Las cosas tomarán su curso natural, y eso es lo que recoge la segunda parte de esta promesa:
Éxodo 20:7 “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”.
El mero hecho de dejarnos sufrir nuestra propia suerte fruto de nuestra necedad es suficiente castigo. Dios no puede bendecir en contra de la voluntad del ser humano, menos si le preguntan o piden y abiertamente le desprecian. Dios diría: “Esta injusticia no es contra un “inocente” que me obligue a intervenir, sino que por su propia voluntad, ha decidido este camino”.
Incluso en esta situación Dios sigue esperando y recordando que a pesar de nuestros propios errores, él sigue dispuesto a escucharte, incluso después de haber tomado su nombre en vano, sigue esperando que le vuelvas a llamar para tener otra segunda oportunidad para que le escuches y poder ayudarte de nuevo.
No importa los errores que hayas cometido hasta ahora. Seguro que tienen consecuencias tristes y graves, pero aunque hallas fallado en creer la promesa de Dios, él prometió estar constantemente dispuesto a responder cada vez que invoquemos su nombre.

CONCLUSIÓN

No olvides nunca, Dios es un Dios vivo, que te hace promesas maravillosas.
Dios te ha prometido que no te va a hacer falta ninguna fotografía suya, porque Él personalmente está a tu lado todos los días.
Dios ha prometido, no solo estar contigo todos los días de tu vida, sino que se compromete a pasar cada minuto a tu lado interesándose por ti, por tus problemas, por tu salud, por tus preocupaciones.
Dios no solo ha prometido estar contigo, y tener interés, también te ha prometido intervenir en tu vida de forma poderosa. Visitarte cada día, como un médico visita al enfermo, para hacer un seguimiento, para ponerte en tratamiento, para curarte, para ayudarte.
Dios ha prometido también hacerse cargo de tu familia, de los que más quieres, de tus seres más cercanos, de aquellos que dependen de ti, para ayudarles a ellos también.
Dios ha prometido escucharte con toda su atención cada vez que le llames, y está deseando ayudarte. Tenemos un Dios maravilloso, que se goza en hacer promesas, pero más aún, se goza aún más en cumplir sus promesas.
No importa los errores que hayas cometido hasta ahora. Seguro que tienen consecuencias tristes y graves, pero aunque hallas fallado en creer la promesa de Dios, él prometió estar constantemente dispuesto a responder cada vez que invoquemos su nombre y perdonar nuestros fallos.
¿Quieres aceptar esta promesa que Dios te hace en este día? Te invito a orar a Dios, pidiéndole que cumpla su promesa en ti. Ora con la seguridad de que te escucha. Y si tienes una carga por errores que hayas cometido, ora también, sabiendo que mantiene su promesa y que está deseando oírte en este momento, para que le cuentes tu problema y ayudarte a salir de él. Te invito a orar.
Descarga esta predicación en PDF aquí.