Las Diez Promesas II: Segunda Promesa: Dios promete estar a tu lado. (Segundo mandamiento).

INTRODUCCIÓN:

Ayer vimos la parte más árida de esta semana, la más teórica. Dios es amor, y ten Éxodo 20 vamos a descubrir la esencia resumida del amor de Dios, en 10 maravillosas promesas que van a cambiar tu vida.
Ayer pudimos entender que lo que se registra en Éxodo 20 es un certificado matrimonial, donde Dios registró los votos que pronunció al comprometerse públicamente, ante el universo entero, que tomaba a Israel, a sus hijos, como esposa.
En la Biblia se nos muestra a la Iglesia como a una esposa dispuesta para celebrar la boda, el banquete. En el antiguo Israel, se celebraban dos ceremonias cuando una pareja se enamoraba. Los desposorios, que eran igual de válidos que una boda, aunque aún no consumaban el matrimonio. De hecho, un desposado, si fallecía, la desposada se consideraba viuda. Luego, al cabo de un año, se celebraba la boda definitiva, donde se reafirmaban los votos matrimoniales. Nosotros estamos esperando las bodas del Cordero. ¿Cuándo se celebró el desposorio? Allá en el Sinaí, y culminará en la Segunda Venida.
Nos dio tiempo a entender la primera promesa que Dios nos hizo, es el primer voto matrimonial, con el que se compromete a ser tu esposo, tu Dios, y a serte fiel, de modo que ya no habrá nadie más en tu vida, salvo Dios, tu esposo. Ya no tendrás que ir de desengaño en desengaño, sino que ya encontraste al único que se compromete a quedarse contigo cada día de tu vida en todo momento. El que estará contigo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. No tendrás que buscar otros “dioses” después de comprometerte con él. “No tendrás dioses ajenos delante (después) de mi”.
Os propongo conocer un poco mejor a ese maravilloso Dios que está deseando que entiendas que, lejos de exigirte nada, lo que está es ansioso de que aceptes las promesas que te hace hoy a ti.

Segunda promesa

Hoy vamos a ver y entender cuál es la segunda promesa que te presenta, el segundo voto matrimonial que dio por ti: Éxodo 20:4 “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”.
Era común (y sigue siendo) hacer representaciones de los dioses para sentir que están cercanos. La cultura hoy en día aún preserva estas costumbres, como en Semana Santa en Sevilla y otros muchos países.
La pregunta es, ¿por qué hacen esto las religiones paganas? El problema de las religiones paganas es que sus dioses, o son personas que están “muertas” o sencillamente, no existen. Los paganos consideraban a sus dioses como seres muy lejanos, siempre enfadados a los que había que calmar la ira con sacrificios.
Para no olvidarse de ellos, y tener presente a esos dioses se hacían las famosas estatuillas, ídolos, representaciones de guerreros muertos, o animales que no existen y creer así que son reales.
Es una reacción natural en el ser humano. Cuando un familiar está lejos, o ausente por haber muerto, las personas suelen tener fotografías en la mesa, en la oficina, en algún lugar de la casa para tenerlos presentes, que les recuerde ese ser querido que vive lejos o falleció.
Otras veces no son imágenes de las personas lejanas sino objetos que han hecho para nosotros, o algún mechón de pelo (reliquias), lo que nos recuerdan a ese ser querido, un cuadro, un bordado, una cerámica, etc.
La necesidad de tener imágenes se debe a la ausencia o distancia del ser querido. Sin embargo, Dios que conoce esta necesidad del ser humano, te hace una promesa extraordinaria, para ti. Vamos a analizarla por partes.
Éxodo 20:4 “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás”. Recordad que lo que parece una “orden” o mandamiento es en realidad una promesa. Dios nos está diciendo:
“Te prometo que desde ahora en adelante, to te harás ninguna imagen, ni cosa alguna para tener que recordarme”. Dios está prometiendo que no tendremos necesidad de colgar una foto suya en la pared para recordarle, ni de ningún objeto o cosa que el haya creado (cosa que esté en la tierra, debajo de la tierra, etc.).
¿Os imagináis que un esposo llega a su casa después de un día de trabajo, y nada más entrar, se queda mirando un retrato enorme de su esposa? ¿Os imagináis que empieza a hablar con el retrato, a decirle lo hermosa que es, lo mucho que la ama, a contarle cómo le fue el día, sin dejar de mirar al retrato? ¿Os imagináis que la esposa sale a recibirlo y el marido no le hace caso porque está hablando con el retrato de ella?
Dicho de forma positiva, Dios nos está diciendo que siempre estará con nosotros, a nuestro lado, constantemente, en todo momento. Dios te está prometiendo que no necesitarás nada para tener que recordar a Dios, ningún retrato (imagen) ni nada parecido, porque sentiremos su compañía y su presencia constantemente, si lo buscamos, claro. Sólo tienes que girarte de la foto para hablar con Él directamente en oración.
Esta es la semana para que te des cuenta de que Dios ya prometió hace mucho tiempo hablar contigo, escucharte, estar a tu lado, y en esta semana tienes la ocasión de aceptar su promesa. La única forma de aceptar una promesa es actuando en consecuencia. Habla con Él, ora, es el momento de decirle, “Señor, acepto tu promesa”.
En Génesis 28:15 Dios le prometió a Jacob: “He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho”.
En Isaías 43:1-2 Dios repite de nuevo la promesa a su pueblo: “Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.”
En Mateo 18:20 Jesús repite esa promesa: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” No dice “si pones una imagen mía”, o “si tenéis un trozo de mi ropa”... Dice que dondequiera que haya creyentes pensando en él, ahí estará personalmente.
En Mateo 28:20 encontramos otro momento en el que se repite la misma promesa de Éxodo, pero articulada de forma diferente: “he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”.
Pero la promesa no termina ahí. Aún hay más en esta segunda promesa. Éxodo 20:4 “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”.
Esta promesa además es doble, pues Dios se compromete a “visitar la maldad de los padres sobre los hijos” en varias generaciones. Algunas versiones de la Biblia traducen erróneamente por “castigar”. El verbo hebreo para “visitar” es paqad. Significa literalmente “visitar con interés”. La mejor aplicación es la visita de un médico a domicilio para seguir la evolución de un paciente. Dios sabe que el pecado es una enfermedad grave, y algunos casos hay que vigilarlos muy de cerca por ser hereditarios.
En Ezequiel 18:20 leemos: “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él”. No puede ser que Dios “castigue” tu pecado sobre tus hijos, nietos, biznietos y hasta los tataranietos.
Dios conoce los problemas que tienes, lo que te atormenta. Dios promete visitar la enfermedad, el pecado que te atormenta para curarlo, y hacer un seguimiento sobre tus hijos, tus nietos y biznietos para evitar que ese problema lo sufran ellos también, y poner remedio. Dios promete hacerte “visitas” regulares, un seguimiento de cerca, para curarte y ayudarte en ese problema que te angustia.
En el contexto del “pacto” o compromiso matrimonial, Dios promete cuidar de la descendencia de todo el que desee entrar en esta relación de amor, pero pone énfasis en prestar atención y cuidado especial en aquellos que están enfermos y en su descendencia. A menudo unos padres no pueden atender a sus hijos por un problema, enfermedad, o incluso divorcio. Dios se compromete a ser el “padre adoptivo” de los hijos de la desgracia o del divorcio.
Esta promesa se manifiesta también en otros lugares de la Biblia como Deuteronomio 10:18 “El hace justicia al huérfano y a la viuda, y muestra Su amor al extranjero dándole pan y vestido” (NBLH)
Deuteronomio 4:7 “Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos?”
Salmo 16:8 “A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido”.
Salmo 34:18 “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu”.
Salmo 119:151 “Cercano estás tú, oh Jehová, Y todos tus mandamientos son verdad”.
Salmo 145:18 “Cercano está Jehová a todos los que le invocan, A todos los que le invocan de veras”.
(Sal. 139; Isa. 50:8; 55:6; Hch. 17:27; Ef. 2:13). Dios está cerca, siempre está al lado del que lo necesita, y no le hará falta imágenes para invocarlo o recordarlo en la distancia.

CONCLUSIÓN

No olvides nunca, Dios es un Dios vivo, que te hace promesas maravillosas.
Dios te ha prometido que no te va a hacer falta ninguna fotografía suya, porque Él personalmente está a tu lado todos los días.
Dios ha prometido, no solo estar contigo todos los días de tu vida, sino que se compromete a pasar cada minuto a tu lado interesándose por ti, por tus problemas, por tu salud, por tus preocupaciones.
Dios no solo ha prometido estar contigo, y tener interés, también te ha prometido intervenir en tu vida de forma poderosa. Visitarte cada día, como un médico visita al enfermo, para hacer un seguimiento, para ponerte en tratamiento, para curarte, para ayudarte.
Dios ha prometido también hacerse cargo de tu familia, de los que más quieres, de tus seres más cercanos, de aquellos que dependen de ti, para ayudarles a ellos también.
Tenemos un Dios maravilloso, que se goza en hacer promesas, pero más aún, se goza aún más en cumplir sus promesas.
¿Quieres aceptar esta promesa que Dios te hace en este día? Te invito a orar a Dios, pidiéndole que cumpla su promesa en ti. Ora diciéndole que aceptas esa maravillosa promesa y que deseas estar hablando con Él cara a cara, en oración, compartiendo con Él todo lo que te ocurre, lo que te alegra, lo que te preocupa.
Descarga esta predicación en PDF aquí.