El GPS Divino (Jesucristo 3 de 11)


Introducción.

Hoy hablaremos de unas cuantas señales más que tienen que ver con el tiempo del ministerio y la muerte de Jesús, que también fue anunciado con antelación. De este modo reafirmaremos nuestra fe en el Mesías Cristo-Jesús. Dios inventó antes que el hombre moderno el “GPS”, e incluso era mejor que el actual, dado que los de ahora sólo nos llevan a un sitio en el “espacio”, mientras que el “GPS” de Dios nos lleva a un sitio en el “espacio y en el tiempo”.

El tiempo de su ministerio y su muerte.

Según el apóstol Pablo, en su epístola a los Gálatas 4:4 nos indica Dios envió a su Hijo al mundo, “cuando vino el cumplimiento de tiempo”. Jesucristo mismo hizo referencia al cumplimiento del tiempo al iniciar su ministerio sobre esta tierra. Así lo leemos en Marcos 1:15 donde se registran las palabras de Jesús “El tiempo se ha cumplido”. Estas menciones nos dicen algo, tuvo que haberse establecido previamente un plan cronológico, una agenda. Al cumplirse el tiempo, es decir, cuando llegase el momento o la hora de tocar esos puntos de agenda, se anunciase de esa manera, “el tiempo se ha cumplido”, o lo que es lo mismo, ha llegado la hora.
El anuncio de asuntos con antelación, son lo que llamamos profecías de tiempo. Así que el inicio del ministerio de Cristo, tuvo que estar en relación con alguna profecía de tiempo, y desde luego cumplirla según lo previsto, de lo contrario no se habría anunciado como “el tiempo se ha cumplido”.
Algo más de cinco siglos antes de Cristo, Dios usó al profeta Daniel para registrar una profecía que comprendía el momento del inicio del ministerio de Jesús en este mundo, así como su muerte.
El pueblo de Israel fue deportado a Babilonia, por el rey Nabucodonosor. El profeta Jeremías, en Jeremías 25:12 registró la promesa por parte de Dios, de librar al pueblo Israelita de las manos de Babilonia en 70 años. Cuando se estaba a punto de cumplir los 70 años de deportación, el profeta Daniel, cautivo allí en la corte de Babilonia, recibió una visión de parte de Dios. Le fue revelado que Dios había apartado un tiempo de prueba para los judíos y la ciudad de Jerusalén, correspondiente a 70 semanas proféticas. Durante ese tiempo de prueba, la nación debía ser fiel a Dios y cumplir el propósito para el que Dios había rescatado a ese pueblo de Egipto. Debían arrepentirse de todo el mal que habían hecho, apostatando y adorando a otros dioses. Debían prepararse y esperar la venida del Mesías.
En esa profecía se indica que se iba a perdonar los pecados, literalmente dice “expiar la iniquidad”, que es lo mismo. También se indica que se traería “justicia perdurable”. Estas afirmaciones nos indican que el Salvador debía aparecer durante ese período de setenta semanas proféticas. Lo encontramos en Daniel 9:7.
La profecía indica que el Mesías debería aparecer en siete semanas y sesenta y dos semanas, lo que es lo mismo, en sesenta y nueve semanas proféticas, que comenzaremos a explicar enseguida. El período profético debía comenzar a contar cuando saliese “la orden para restaurar y edificar Jerusalén” según Daniel 9:25. Después de la semana 69 se quitará la vida al Mesías, pero no será por sí mismo” (Daniel 9:26). Estas palabras indican su muerte vicaria, es decir, que moriría por otros, no por su propia culpa (porque no la tendría). Había de morir en la mitad de esa 70ava semana.
Para comprender el tiempo profético, hemos de tener en cuenta que 70 semanas son 70 veces 7 días, o lo que es lo mismo, 490 días proféticos. En la Biblia es muy común interpretar los días simbólicamente como años. Un ejemplo de ello lo tenemos en Números 14:34 “Conforme al número de los 40 días en que explorasteis la tierra, cargaréis con vuestras iniquidades durante 40 años: un año por cada día. Así conoceréis mi disgusto”. Dios mismo aplica el principio “día por año”. Otro texto es Ezequiel 4:6 “Cumplidos estos, te acostarás por segunda vez, ahora sobre tu lado derecho, y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta días; día por año, día por año te lo he dado”.
Además de estas aplicaciones directas por el propio Dios, era común en la mentalidad semítica el intercambiar “día por año”. El capítulo 5 de génesis está repleto de ejemplos. En Génesis 5:4 y 5 dice: “Y los días de Adán después de haber engendrado a Set fueron ochocientos años, y engendró hijos e hijas. El total de los días que Adán vivió fue de novecientos treinta años, y murió”. Lo mismo sucede en el versículo 8 con Set, en los versículos 11, 14, 17, 20, 23, 27 y 31. Otro ejemplo que además también hace referencia a una profecía particular está en Génesis 6:3 donde Dios dijo: “Entonces el SEÑOR dijo: No contenderá mi Espíritu para siempre con el hombre, porque ciertamente él es carne. Serán, pues, sus días ciento veinte años”. Otros textos son Génesis 9:29; 11:32; 25:7; 35:28, 29; 47:28. En Levítico 25:8 leemos: “Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años”. Leyendo este texto, entendemos claramente que si siete semanas de años son 49 años, en Daniel 70 semanas (de días o años proféticos) son 490 años. Otros textos donde se aplica el mismo principio son: Deuteronomio 2:14; 1 Samuel 7:2; 2 Samuel 2:11; 1 Reyes 2:11; 11:42; 2 Reyes 20:6; 2 Crónicas 14:15; Isaías 23:15; 38:5 y 10; 65:20; Ezequiel 38:8; Malaquías 3:4.
Cuando en la literatura hebrea se hace poesía, es muy frecuente usar versos paralelos describiendo lo mismo pero usando sinónimos. En estos casos encontramos el paralelo entre día y año en los siguientes textos: Job 10:5; 15:20; 32:7; 36:11; Salmo 61:6; 77:5; 78:33; 90:9―10, 15; Proverbios 3:2; 9:11; 10:27; Eclesiastés 6:3; 12:1. Por lo visto hasta aquí, vemos que el principio “día por año” es de lo más natural dentro de la Biblia, no es una invención adventista ni una interpretación errónea como algunos han pretendido achacar a esta iglesia.
Volviendo a Daniel. Vemos que hay 70 semanas de años, o 490 años. Ese período profético debía comenzar con “la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén”. Históricamente, este decreto que concedió plena autonomía a los judíos, fue proclamado en el año 457 a.C. por el rey Artajerjes de Persia. El registro bíblico histórico de ello lo tenemos en el libro de Esdras capítulo 7:8, 12―26; y 9:9. Las fuentes extrabíblicas que nos hablan de las fechas del reinado de Artajerjes se pueden cotejar con las fechas de las antiguas olimpiadas, el Canon de Tolomeo, los papiros de Elefantina y en tabletas con escritura cuneiforme en Babilonia.
Según la profecía, el Mesías debería aparecer al inicio de la última semana, esto es, 490-7= 483 años después del 457 a.C. Esto nos lleva al año 27 de nuestra era, o d.C. En ese año Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, y comenzó su ministerio público. Es decir, “apareció el Mesías”. La predicción fue exacta. En el momento de su bautismo, Jesús fue ungido con el Espíritu Santo. La palabra hebrea “Mesías” y la palabra griega “Cristo” significan lo mismo, “Ungido”. Por eso, fue Cristo mismo, quien después de su bautismo, es decir, de su ungimiento, predicó “El tiempo se ha cumplido” como leemos en Marcos 1:15. Si se lee el evangelio sin entender la profecía de Daniel, uno se pregunta, ¿qué tiempo se cumplió? ¿Qué quería decir Jesús? Y no encontrar respuesta. Pero entendiendo lo visto hasta ahora, se comprende perfectamente a qué se hace referencia. A la profecía de las 70 semanas.
A la mitad de la septuagésima semana, en la primavera del año 31 d.C. exactamente tres años y medio (tres días y medio) después del bautismo de Jesús, el Mesías hizo cesar el sistema de sacrificios, al morir él en la Cruz, auténtico Sacrificio por el pecador. El evangelio de Mateo, 27:51 registra que en el momento de la muerte de Cristo, se rasgó el velo del templo de arriba abajo, partiéndose en dos. Esto indicó el final del sistema de sacrificios en el templo, por decisión divina. El auténtico Cordero de Dios, acababa de morir, y los corderos que lo prefiguraban, ya no tenían que continuar siendo sacrificados.
La muerte de Cristo coincidió con la fiesta de la Pascua, en el momento exacto que tenía que acontecer. El apóstol Pablo lo señala así, en 1 Corintios 5:7 “Limpiad la levadura vieja para que seáis masa nueva, así como lo sois, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado”.
El tema anterior vimos muchas señales y profecías que indicaban quién era el Mesías, pero hoy hemos visto la más exacta y extensa. Dios mismo anunció con antelación, las fechas cuando el Mesías tendría que aparecer y morir. Jesucristo cumplió con todas ellas. Jesús es el único que puede identificarse plenamente como el Salvador del mundo, el Mesías anunciado siglos antes.

La resurrección.

La Biblia predecía no sólo la muerte del Salvador, como hemos visto. También nos anunciaba su resurrección. David mismo hizo referencia a la resurrección de Cristo, diciendo “que su alma no fue dejada en el sepulcro, ni su carne se corrompió” Salmo 16:10. Jesús resucitó a otros de los muertos, los evangelios recogen varios casos. Pero el poder de resucitarse a sí mismo confirma que él es el Salvador del mundo. Cristo afirmó en Juan 11:25 y 26: “Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”
Tiempo después de su resurrección, dijo al apóstol Juan “No temas, yo soy el primero y el último, y el que vive, y estuve muerto; y he aquí, estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” Estas palabras las registró el apóstol en Apocalipsis 1:17 y 18.

Resumen.

Hoy hemos repasado una de las profecías más importantes del libro de Daniel. Hemos repasado de forma amplia el principio de interpretación profético “día por año”, constatando que es más que usual en el mundo bíblico, y basado en bastantes textos que lo confirman.
Una vez entendido esto, la profecía de las 70 semanas nos apuntaba hacia el futuro, indicando con precisión la aparición del Mesías, el inicio de su ministerio, así como su muerte vicaria, en nuestro lugar, por nuestros pecados.
Sólo el auténtico Mesías prometido por Dios, cumpliría con todas esas profecías a la exactitud. El único que lo ha hecho sobradamente es Jesús de Nazaret, el Cristo, hijo de José y de María, nacido en Belén.
El próximo tema tocaremos algo controvertido e interesante. ¿Hasta qué punto Cristo era hombre y hasta qué punto era Dios?
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