Cristo Divino I (Jesucristo 4 de 11)

Introducción.

Hoy tocaremos algo controvertido e interesante. ¿Hasta qué punto Cristo era hombre y hasta qué punto era Dios? Hoy veremos los atributos divinos de Cristo, lo cual lo identifican plenamente como Dios.
Otro aspecto que no se tiene en cuenta a veces son las prerrogativas divinas y los poderes divinos de los que Jesús hizo muestra estando entre nosotros. Hoy vamos a echar un vistazo a los textos que reflejan estas cuestiones, leeremos bastantes textos que nos hablarán de los atributos, las prerrogativas y los poderes de Jesús para poder identificarle.

Las dos naturalezas de Cristo.

Juan afirmó que el Verbo se hizo carne. La encarnación de Dios el Hijo es un misterio. Pablo llama a esto en 1ª Timoteo 3:16 “el misterio de la piedad”.
El Creador del Universo, de los mundos, Aquél en quien se manifestó la plenitud de la Deidad, se convirtió en el Niño impotente en el pesebre. Era muy superior a los ángeles, era igual al Padre en dignidad y gloria, y aún así, consintió en revestirse de humanidad. Volverse como uno de nosotros. Nunca podremos entender plenamente el significado de ese misterio, y sólo podremos entender lo suficiente guiados por el Espíritu Santo.
Al entrar en este tema, es necesario recordar aquél texto de Deuteronomio 29:29 “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios, mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre”. Lo que es un misterio para nosotros, pertenece a Dios.

Jesucristo es verdaderamente Dios.

¿Qué evidencias tenemos de que Jesucristo es Divino? ¿Qué afirmó de sí mismo? ¿Reconocieron su divinidad sus contemporáneos?
Sus atributos divinos.
Cristo posee atributos divinos. Es omnipotente, es decir, lo puede todo. Según leemos en Mateo 28:18, el Padre le había concedido toda potestad en el cielo y en la tierra”.
Otro atributo divino es la Omnisciencia, es decir, el conocimiento de todo. Jesús también es Omnisciente. Testimonio de ello lo tenemos en el evangelio de Juan 2:25 donde se nos dice que Jesús no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre. Por otro lado, el apóstol Pablo dice en Colosenes 2:3, en Él “están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”.
Otro atributo es la Omnipresencia, del que atestiguó cuando dijo: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). Y en Mateo 18:20 leemos: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Aunque a la divinidad de Cristo le corresponde de forma natural el atributo de la Omnipresencia, en su encarnación el Hijo de Dios se ha limitado voluntariamente en este aspecto. Ha escogido ser omnipresente por medio del Espíritu Santo, como leemos en Juan 14:16-18: “Y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce; pero vosotros lo conocéis, porque vive con vosotros y estará en vosotros. “No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros”.
Otro aspecto de la Divinidad es la Inmutabilidad, es decir, que Dios no cambia. Esto también se aplica a Jesucristo, pues en Hebreos 13:8 leemos: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy y por los siglos de los siglos”.
Su existencia suficiente, es decir, su vida no heredada o recibida queda clara cuando dijo que tiene vida en sí mismo (Juan 5:26). Hablando del mismo tema, el apóstol Juan afirmó en Juan 1:4 “En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. Jesús mismo afirmó “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25). Con estas palabras, Jesús estaba diciendo que en él se encuentra la vida original, que no proviene ni deriva de otra”. Él es la Fuente de vida de la que dependemos todos los seres vivos (nos guste o no).
La Santidad es parte de su naturaleza también. Durante la anunciación a María, el ángel le dijo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35). Es un Ser Santo, ya de entrada diferente a los demás humanos. Los demonios, al ver a Jesús, en determinado momento exclamaron: “¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? Sé quién eres, el Santo de Dios” (Marcos 1:24).
Otro texto que nos indica más acerca de Cristo es 1 Juan 3:16 “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros” (1 Juan 3:16).
Otra característica es su eternidad. Ya el profeta Isaías le llamó “Padre Eterno” (Isaías 9:6). Miqueas, justo después de profetizar su nacimiento en Belén de Judá, afirmó que sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad (Miqueas 5:2). Pablo también explicó que su existencia es desde “antes de todas las cosas”. (Colosenses 1:17). Juan corrobora lo mismo en el inicio de su evangelio: “Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:2, 3).
En este punto se suele hacer una observación. Se dice que si Jesús fue engendrado, y se le llama “primogénito” esto contradice su preexistencia, e incluso lo descalifica como igual a Dios. Pues bien, de entrada, la Biblia ya ha sido clara respecto a su preexistencia, con lo cual hace falta un poco más de atención para explicar esto. El hecho de que la Sagrada Escritura alude a Jesús llamándolo el “unigénito” y el “primogénito”, y que se haga referencia al día en que fue engendrado, no niega su naturaleza divina ni su existencia eterna. El término “unigénito”, usado en Juan 1:14; 1:18; 3:16 y en 1 Juan 4:9, se deriva de la palabra griega monogenes. El uso que se hace en la Biblia de esta palabra nos indica que su significado comprende la idea de “único” o “especial”, algo irrepetible. Esto hace referencia a una relación especial, algo sin igual, y no a un hecho cronológico como sería nacer el primero de muchos hijos.
Un ejemplo de esto está en Isaac, hijo de Abraham. A Isaac se le llama “hijo único” de Abraham, aunque sabemos que no fue así en el sentido físico, pues Abraham tuvo otro hijo, Ismael, que nació incluso antes que el propio Isaac. Isaac ni siquiera era su primogénito (lo encontraremos en Génesis 16:16; 21:1-21; 25:1-6).
Isaac era un hijo especialísimo, único en su género. ¿Por qué? Porque era el que iba a convertirse en el sucesor de Abraham, e iba a heredar las promesas que Dios hizo a su padre Abraham.
El comité sobre problemas de traducción bíblica en Washington declaró: “Cristo Jesús, el Dios preexistente, el divino Verbo, en su encarnación se convirtió en un sentido especialísimo en el Hijo de Dios, razón por la cual se lo designa “monogenes”, el único en su clase, absolutamente sin par en muchos aspectos de su ser y de su vida. Ningún otro hijo de la raza humana se mostró tan maduro, ni gozó de una relación tan inigualable con la Deidad, ni llevó a cabo una obra como la que él realizó. De modo que el término “monogenes” describe una relación existente entre Dios el Padre y Jesucristo el Hijo como Personas separadas de la Deidad. Esta es una relación que corresponde a la completa personalidad divino-humana de Cristo, en conexión con la economía del plan de Salvación”. (Review and Herald 1954, pág. 202).
De igual modo, cuando Cristo es llamado el “primogénito”, como en Hebreos 1:6, o en Romanos 8:29; Colosenses 1:15 y 18; Apocalipsis 1:5, el término no se refiere a un momento cronológico, es decir, a “ser el primero de”, sino que hace hincapié en un sentido de “ser importante” o ser “prioritario”.
En la cultura hebrea, el primogénito recibía los privilegios familiares. De este modo, Jesús, como primogénito entre los hombres, como ser especial entre los hombres, rescató todos los privilegios que el hombre había perdido frente a Satanás. Se convirtió en el nuevo Adán, en el nuevo “primogénito” o cabeza de la familia humana.
Cuando se hace referencia al día en que Jesús fue engendrado, se basa en un concepto similar a los del unigénito y primogénito. Dependiendo de su contexto, la predicción mesiánica que encontramos en Salmo 2:7 “Mi Hijo eres tú; yo te engendré hoy”, se refiere al momento de la encarnación de Jesús. También puede hacer referencia a su resurrección, como es el caso en Hechos 13:33. Y por último, puede hacer referencia a su entronización, como es el caso de Hebreos 1:3 y 5 donde se repiten las palabras del Salmo.
Sus prerrogativas y poderes divinos.
Las obras de Dios se le adjudican a Jesús. A Jesús se le identifica como el Creador, así en Juan 1:3 “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. También en Colosenses 1:16 “Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él”.
También se le identifica como el Sustentador o Preservador, el que mantiene todo lo creado. En la misma epístola a los Colosenses 1:17 leemos: “Todas las cosas en él subsisten”.
También puede levantar los muertos con su voz, así lo leemos en Juan 5:28, 29: “No os admiréis de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio”.
También tiene la prerrogativa divina de ser el Juez que juzgará al mundo, así lo vemos en Mateo 25:31-32: “Pero cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces se sentará en el trono de su gloria; y serán reunidas delante de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos”.

Resumen.

Por hoy tenemos que dejarlo aquí. Hemos comenzado con la naturaleza de Cristo, y en concreto con su divinidad. Jesús conserva los atributos divinos, como la omnisciencia, omnisapiencia, omnipotencia, omnipresencia, la inmutabilidad, la santidad, la eternidad, y su vida no heredada ni derivada. También hemos respondido a la pregunta sobre su “primogenitura”, viendo que no hace referencia a ser el primero de muchos, sino a su calidad de único, especial e irrepetible.
El próximo tema continuaremos con los atributos divinos de Cristo, como son los nombres divinos, su testimonio personal acerca del tema, su igualdad a Dios, su adoración como Dios y la necesidad de su divinidad para el plan de la salvación.
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