La Deidad: “Dios S.A.” (4 de 4)

Dios S.A.

Introducción.


Vimos la importancia que tienen los nombres de Dios en la Biblia, qué significaban algunos de ellos, y qué nos revelaban acerca de nuestro Dios, de sus características, tanto las exclusivas, como aquellas que puede y quiere compartir con nosotros.
Otra de las grandes características de Dios es su soberanía, su poder absoluto sobre toda la creación. Esto dio lugar a que algunas personas entendiesen mal a Dios, y creyesen en la predestinación. Pero la Biblia es clara al respecto, y hace notorio que la salvación es para todo el que la acepte. Dios respeta la libertad del ser humano para ser salvo o no. Por último repasamos algunos de los textos más importantes en los que se basa la defensa de la predestinación, como es Romanos 9.
El resultado es una comprensión del texto incorrecta, pues cuando Dios escoge o desecha a alguien lo hace respecto a la Misión, nunca respecto la salvación, que sigue siendo gratuita y universal para el que la acepte. Dios elige quién es el profeta o el patriarca, o su testigo. No quién va a ser salvo, aunque conozca el principio desde el fin.

La dinámica de la Deidad.


Vamos a pasar al último aspecto a considerar dentro de la doctrina de la deidad. Vamos a ver cuál es la dinámica de la Deidad. Vamos a ver cómo trabaja Dios consigo mismo, es decir, cómo interactúan las tres personas de la divinidad.
Aunque con lo que acabo de decir he dado por sentada la trinidad, cabe hacer la siguiente pregunta: ¿Hay un solo Dios? ¿Entonces qué hacemos con Cristo y con el Espíritu Santo?

La unidad de Dios.


Vamos a tratar primero la unidad de Dios. En la época del antiguo Israel, lo común entre las naciones paganas era tener varios dioses, un panteón de dioses. Se tenían dioses para los aspectos más importantes de la naturaleza y del ciclo anual. Se tenía un dios para el sol, otro para la luna, otros para las estrellas, llamado el “ejército de los cielos”1, en otro lado llamado Zodíaco (2 Re. 23:5), otro dios o diosa para la fertilidad, la lluvia, los montes, etc.
Sin embargo, Israel, en contra de la costumbre común de entonces, sólo tenía un Dios. En Deuteronomio 4:35 dice: “A ti te fue mostrado, para que supieras que Jehová es Dios y que no hay otro fuera de él”.Otro texto conocido por los cristianos y memorizado por los israelitas (hoy judíos) es el Shemáh.
Es la oración que se aprenden los judíos desde niños. Es Deuteronomio 6:4 “Escucha Israel, Yahvé nuestro Dios, Yahvé uno es”. Y así podríamos pasar por varios textos más2.
En el NT vemos que también se hace énfasis en la unidad de Dios. Jesús repitió el Shemah en Marcos 12:29, y en la oración sacerdotal, en Juan 17:3 nuestro Señor dijo: “esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.3 Esta afirmación monoteísta no contradice la creencia cristiana de la Trinidad. Al contrario, más bien defiende el monoteísmo, creer en un Dios único frente a la idea pagana de tener varios dioses distintos (en este caso sería tres dioses separados). No creemos en una multitud de dioses individuales o separados. Creemos en un único Dios.

La pluralidad dentro de la divinidad.


Si bien no encontramos en el AT de forma explícita que Dios es triuno, sí que encontramos expresiones en plural que hacen referencia a la divinidad. Por ejemplo, el clásico “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gén. 1:26). O cuando Adán y Eva pecaron, en Génesis 3:22 leemos “He aquí el hombre es como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal”. No hace referencia a los seres celestiales no caídos. Hace referencia a la divinidad.
El episodio de la torre de Babel nos da otro claro ejemplo. Dice en Génesis 11:6 y 7: “Y dijo Jehová: “El pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; han comenzado la obra y nada los hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. 7 Ahora, pues,descendamos y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero”
Otras veces se hace referencia al Ángel de Jehová, en 62 versículos en toda la Biblia. Muchas de ellas están identificando al propio Dios. Por ejemplo, en Éxodo 3:2 – 6 le dice a Moisés, “Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob”.
Acerca del Espíritu de Dios, se distingue en varios lugares del AT. 80 veces se hace referencia directa al Espíritu de Dios en toda la Biblia. El clásico es Génesis 1:2: “Y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. En el AT encontramos referencia también a la trinidad. En Isaías 48:16 texto que habla de Dios como Redentor dice: “Y ahora me envió (¿quién fue enviado? Cristo) Jehová el Señor, (¿quién lo envió? El Padre) y su espíritu”. En este texto es Cristo el que habla, le enviaron el Padre y el Espíritu.
Hay otro texto en Isaías, y esa vez habla el Padre. Isaías 42:1 dice: “He aquí mi Siervo, a quien yo sostengo, mi escogido, en quien mi alma se complace. He puesto mi Espíritu sobre Él; Él traerá justicia a las naciones”. El Padre habla de Cristo y menciona al Espíritu Santo.

Relación entre las personas de la Deidad.


Ahora que tenemos una vislumbre clara de que hay tres personas interactuando, que se hablan el uno al otro, que se mencionan, la pregunta es ¿cómo se relacionan entre sí? Juan nos revela bastante de la divinidad. En el capítulo 3 vemos el episodio de Nicodemo, donde Cristo habló del Espíritu. En Juan 4, con la mujer samaritana, vemos a Cristo, el Mesías prometido, el Dios encarnado. Y en Juan 5, tras la curación del paralítico de Betesda, Jesús explicó cómo trabaja el Padre, y que de igual manera trabaja él.
1. Relación de amor. Entre las tres personas de la divinidad, hay una relación de amor. Cuando Jesús expiró en la cruz con el grito “¡Padre mío! ¿Por qué me has desamparado?” era la expresión del sufrimiento por la separación del Padre, causada por el pecado. El pecado nos separó de Dios (Isa. 59:2: Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados le han hecho esconder su rostro de vosotros para no escucharos).
Cristo, que no conoció pecado, sufrió esa separación al hacerse pecado por nosotros. Sufrió la separación que nos corresponde a nosotros, y eso fue lo que le causó la muerte. Jamás llegaremos a comprender lo que significó para la Deidad la muerte de Jesús. Desde la eternidad, los tres habían compartido la vida coeterna, en perfecta armonía, una vida coexistente, en abnegación y amor mutuos. 1 Juan 4:8 dice de forma sencilla “Dios es amor”. Con todo lo que implica el verbo ser.
Cuando se habla de la paciencia divina, en 1 Corintios 13, no se trata entre la propia divinidad, sino al tratar con los seres caídos, (los ángeles de Satanás y los seres humanos). No hay distancias entre las personas de la Deidad, pues comparten atributos, cualidades y poderes divinos. Mientras que los seres humanos hacemos recaer la responsabilidad final sobre una persona, sea presidente, rey u otro; en la divinidad la autoridad final recae sobre los tres por igual. Si bien la Divinidad no es una en personas, es una en propósito, mente y carácter. Esta unidad no destruye las distintas personalidades, y el que las haya no contradice que el Padre, el Hijo y el Espíritu sean un solo Dios.
2. Una relación práctica. Una de las características que más me gustan del cielo (y de la que tengo mucho que aprender) es el orden. Dios no duplica innecesariamente el trabajo. Existe lo que se llama “economía funcional”. Dicho de otro modo, en un hogar se reparten las tareas, para permitir una mayor eficiencia de las mismas, de ahorro de tiempo y de energía. Igual sucede en el cielo, y en la Deidad. Un ejemplo es la encarnación de Cristo. El Padre dio a su Hijo. Cristo se entregó a sí mismo, y el Espíritu produjo la concepción de Jesús. En Lucas 1:35 vemos la actuación de las tres personas de la divinidad. “Respondiendo el ángel, le dijo: — (1) El Espíritu Santo vendrá sobre ti y (2) el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también (3) el Santo Ser que va a nacer será llamado Hijo de Dios”.
En el momento del bautismo, la Trinidad estuvo presente. El Padre dio su aprobación de forma audible, el Espíritu se manifestó en forma visible entregándose a Jesús para impartirle su poder; y el Hijo estaba presente entregándose a sí mismo en bautismo como ejemplo.
En Juan 14:16 Cristo prometió enviar al Espíritu en calidad de Consejero o Ayudador. Horas más tarde clamaba al cielo porque el Padre le había abandonado a causa del pecado.
En Juan 15:26 leemos: “Cuando venga el Consolador, a quien yo enviaré del Padre, es decir, el Espíritu de verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí”. El Padre y el Hijo envían al Espíritu para revelar a Cristo a cada persona.
Aunque Cristo es el único de la Deidad que se hizo hombre, que murió como hombre, y que por lo tanto es nuestro único Salvador, Dios también puede ser designado como nuestro Salvador, pues en Tito 3:4 dice: “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad”
Cada persona de la Deidad tiene su propia función en el plan de la salvación. La obra del Espíritu no añade más calidad al sacrificio de Cristo, sin embargo la expiación ofrecida en al cruz de forma general, para todos, mediante el Espíritu es aplicada de forma individual, a cada uno que la acepte.

Conclusión


Al mirar a la Cruz, un instrumento de tortura, vemos cómo Dios derramó allí su amor, su vida por nosotros. Allí Dios fue colgado en nuestro lugar. Allí encontramos la revelación del verdadero carácter de Dios, su amor infinito por nosotros. Dios estuvo dispuesto a sufrir esa separación entre sí, que había sido eterna y feliz, sólo para poder salvarnos del pecado y la muerte eterna. Desde esa cruz Dios nos dice: Reconciliaos, “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4:7). Feliz Sábado.
1 2 Re. 17:16; 21:3, 5;23:4, 5; 2 Cr. 33:3, 5, etc.
2 Ejemplo: Isa. 45:5; Zac.14:9.
3 Otros textos: 1 Co. 8:4 – 6; Efe. 4:4 – 6; 1 Tim. 2:5).
———–

La Deidad: ¿Estamos predestinados? (3 de 4)

¿Estamos predestinados?

Lectura Bíblica: Salmo 139:2

Introducción.


Hemos visto en las semanas anteriores la importancia de la revelación que Dios hace de sí mismo, sobre todo en la Biblia. También repasamos algunas de las características de Dios, basándonos en la forma que tiene de presentarse según el momento lo requiera. Los nombres de Dios nos aportan información de cómo es nuestro Dios. También comenzamos a ver un nuevo tema que hoy vamos a abordar, la soberanía de Dios.

Dentro de la soberanía de Dios, entendemos su trascendencia, que hace todo según su voluntad, sin que nadie se lo impida. De ahí la expresión “Si Dios quiere”, como vimos en los escritos de Pablo y Santiago.

La predestinación y la libertad humana.


De lo visto hasta aquí, se podría llegar a una conclusión errónea. Calvino cayó en ella, y otros muchos lo siguieron en esto. Estamos hablando de la predestinación. Si Dios es soberano y hace su voluntad en todo sin que nadie se lo impida, entonces cabe pensar que nuestros destinos están marcados por la voluntad divina. A este razonamiento se le añaden un par de versículos en la Biblia que parecen apoyarlo, y ya está la doctrina de la “predestinación”. Pero esto no es así.

La Biblia revela que Dios ejerce control pleno sobre el mundo. Según Romanos 8:29, 30 Dios predestinó a los seres humanos “para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo”, a fin de adoptarlos como sus hijos, y en calidad de tales, poder recibir una herencia (Efe. 1:4, 5, 11), la vida Eterna.

Entonces surge una pregunta. ¿Cómo afecta al hombre esta soberanía? El verbo predestinar significa “determinar de antemano”. Algunos piensan que Dios escoge a unos para la salvación y a otros para la condenación, por su soberanía, sin tener en cuenta la voluntad del propio hombre ni sus elecciones. Sin embargo veremos que Dios no excluye a nadie del reino de los cielos de forma caprichosa.

Cuando se habla de este tema, se suele ver de forma exclusiva, es decir, que Dios excluye a unos para que no entren en la Salvación, mientras que a otros los preserva, hagan lo que hagan. Pero el significado de estos textos es inclusivo y no exclusivo. Dios quiere que todos sean salvos, “y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Tim. 2:4). Según 2 Pedro 3:9 Dios “es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.

No hay evidencia en los Evangelios de que Dios haya hecho una “selección” de personas para que se pierdan. Tal cosa haría del Calvario algo incompleto, pues entonces Jesús no habría muerto por todos. Tampoco tendría sentido Juan 3:16, puesto que “Todo aquel que en Él cree” incluye a cualquiera que se acerque a Cristo. Esto indica que cualquiera puede ser salvo.

En muchos pasajes de la Biblia, Dios presenta de continuo las consecuencias de la obediencia y la desobediencia. Por ejemplo, Deuteronomio 30:19 dice: “Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia”. O en Josué 24:15: “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis”. Dios da a escoger entre el bien y el mal, la obediencia y la desobediencia. Dios respeta la libertad del ser humano.

Es más, contradiciendo la doctrina de la predestinación, la Biblia enseña que los que ya han recibido el don de la Salvación, aún pueden caer y perderse. Como dice Pablo en 1 Corintios 9:27 “Más bien, pongo mi cuerpo bajo disciplina y lo hago obedecer; no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo venga a ser descalificado.” Mirad lo que les dice a cierto grupo de creyentes de Galacia: Gálatas 5:4 “Vosotros que pretendéis ser justificados en la ley, ¡habéis quedado desligados de Cristo y de la gracia habéis caído!” Otros textos son Hebreos 6:4-6; 10:29.

Otra cosa es pensar en la omnisciencia de Dios. Dios lo sabe todo, de antemano, y eso quiere decir que ya sabe quién va a ser salvo y quién no, pero no porque él lo decida así, sino porque “(Salmo 139:2) Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos”. Dios no toma la decisión, sino el hombre. Cuando Pablo fue llamado al servicio, ¿qué pregunta se le hizo? Hechos 22:16 “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”.

En Juan 1:12 leemos lo siguiente: “Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios”. No dice “a los que Él escogió”. A todos los que le recibieron. En Efesios 1:4 “Asimismo, nos escogió en éldesde antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él. 5 En amor nos predestinó por medio de Jesucristo para adopción como hijos suyos, según el beneplácito de su voluntad, 6 para la alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio gratuitamente en el Amado. 7 En él tenemos redención por medio de su sangre, el perdón de nuestras transgresiones, según las riquezas de su gracia 8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría y entendimiento. 9 Él nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad, según el beneplácito que se propuso en Cristo, 10 a manera de plan para el cumplimiento de los tiempos: que en Cristo sean reunidas bajo una cabeza todas las cosas, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra”.

2 Pedro 3:9 El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; más bien, es paciente para con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento.

Pero aún queda un texto más, que puede ser tropiezo. Romanos 9:13 dice “A Jacob amé, y a Esaú aborrecí”. Esto parecería confirmar de nuevo la teoría de la predestinación. Otro texto es cuando en Éxodo leemos que “endureció el corazón de Faraón”. Esta porción de Romanos 9, especialmente el versículo 18, donde leemos: “De manera que de quien quiere, tiene misericordia; pero a quien quiere, endurece”, no se refiere a “Salvación”. Hemos visto que la Salvación está disponible para todos. Entonces, ¿a qué se refiere Pablo en este pasaje? Al concepto de Misión. Dios llama a todos para ser salvos, pero sí que ejerce su arbitrio a la hora de llamar a unos o a otros para ejercer un ministerio especial, o que cumplan tareas especiales. La salvación estaba tanto al alcance de Jacob como de Esaú, pero Dios escogió a Jacob para establecer la nación de la cual nacería el Mesías.

Respecto al Faraón, Dios le dio oportunidad de dejar marchar al pueblo de Israel. Pero cuantas más oportunidades se le dieron, más obstinado se volvió Faraón. Se endureció su corazón aún más cada vez. Se afirmó cada vez más en su negativa. Dios “endureció” el corazón de Faraón, no para que dijese “no dejo ir a Israel”. Dios “endureció” el corazón de Faraón al darle la libertad de escoger 10 veces, y mostrando así, cada vez con más terquedad el propósito de Faraón. El hecho de tener 10 oportunidades demuestra que Dios respetó la libertad de Faraón, hasta ver que no había más posibilidades (se endureció su corazón).

La presencia Divina y la libertad humana.


Por otro lado, están los que piensan que Dios conoce ciertos acontecimientos importantes del futuro, como la segunda venida, etc., pero que no sabe quién va a ser salvo y quién no. Es decir, que Dios no conoce qué elecciones va a hacer cada ser humano, hasta que se materializan. Se realizan conjeturas de si Dios realmente lo sabe todo, “desde la eternidad hasta la eternidad”. Pero esto no afecta el curso de la Historia. Dios respeta la libertad y el curso de la historia. Y esto en ninguna manera viola la libertad del hombre.

Conclusión.


Hemos visto hoy una característica de la Deidad. Dios, siendo Omnipotente y Omnisciente, se ha limitado a sí mismo al respetar nuestra libertad de elección, aún sabiendo de antemano cuáles van a ser los resultados de nuestras decisiones. Hemos visto que Dios escogió a toda la raza humana para ser salva, ese era el plan desde el Edén, crear una raza de seres en este planeta en perfecta armonía con el cielo. Y después de la caída de Adán y Eva, ese seguía siendo el Plan, poner la redención al alcance de Todos.

Por otro lado, Dios se reserva la arbitrariedad de escoger a ciertas personas, por sus características o cualidades para realizar ciertas tareas específicas. Es en ese contexto en el que Pablo desarrolla los textos que algunos toman para defender la idea de Predestinación, y vemos que es en un sentido distinto.

La próxima semana intentaremos averiguar cuál es la dinámica de trabajo dentro de la Deidad. Cómo se relacionan las tres personas de la Trinidad. Es interesante ver qué cualidades tienen esas relaciones “internas” de la divinidad.

———–

La Deidad: El Gran Soberano (2 de 4)

El Gran Soberano.

Introducción:


Para poder amar a Dios, hay que conocerlo, pues no se puede amar a alguien que no se conoce. También sabemos que se puede conocer a Dios, aún estando limitados.

Para conocer a Dios se ha de tener algo más que la intelectualidad, y es el “corazón”. Vimos que el Espíritu Santo trabaja sobre el corazón humano. Además vimos las evidencias de la existencia de Dios en la creación y la evidencia interna en la Escritura. Nadie que existe trata de probar su existencia, simplemente se presenta a los demás. Así hace Dios en la Biblia.

El Dios de las Escrituras.


Dios tiene muchas cualidades, y esto se ve, entre otros medios, a través de los nombres de Dios.

Los nombres de Dios.

No es nuevo el saber que los nombres tenían una gran importancia en el Oriente antiguo. El nombre era una manifestación del carácter de la persona que lo tenía, y por eso, cuando se hacía un gran cambio en la vida de alguien, se le cambiaba el nombre. Por ejemplo, el caso de Noemí:RVA Ruth 1:20 Y ella les respondía: –No me llaméis Noemí; llamadme Mara, porque el Todopoderoso ha hecho muy amarga mi vida.

El tercer mandamiento reza así: Éxodo 20:7 “No tomarás el nombre de Jehová, tu Dios, en vano, porque no dará por inocente Jehová al que tome su nombre en vano.”

Los nombres hebreos El Elohim (Dios) revelan el poder de Dios, se puede traducir por “Todopoderoso”. Otros nombres como El Elyon (Dios Altísimo), o Adonai (Señor) dan la imagen trascendente de Dios, su gran majestad, nos dice que Él está por encima de su creación. Por eso se usa el nombre de Elohim en el relato de la creación en Génesis 1.

Respecto a los nombres de Dios para identificar su relación con los hombres, está El Šadai que significa “Todopoderoso” respecto al hombre, como su ayudador. Es una fuente de bendición inagotable para el hombre. Otro nombre es Yahweh, traducido erróneamente por Jehová. Esto significa “El que es” el único que tiene existencia en sí mismo. Pero este nombre nos recuerda los pactos de fidelidad que Dios ha hecho con nuestros antepasados espirituales. Otras veces se ha mostrado como “Padre” en el ATDeuteronomio 32:6 ¿Así pagáis a Jehová, pueblo loco e ignorante? ¿No es él tu padre, que te creó? Él te hizo y te estableció.

Esto es sólo un pequeño resumen acerca del enorme campo de los nombres de Dios.

Las actividades de Dios.


Los escritores bíblicos pasan más tiempo escribiendo acerca de lo que Dios hace que de su propia esencia. Vamos a hacer un breve repaso de las distintas funciones con que es descrito en la Biblia: Dios es el Creador (Gen. 1), quien además de crear el mundo lo sustenta, Sustentador (Heb. 1:3), Redentor y Salvador. Dios hace planes (Isa. 46:11), predicciones (Isa. 46:10), y hace promesas (Deum. 15:6). Perdona pecados (Exo. 34:7), y en consecuencia de todo ello, merece nuestra adoración (Apo. 14:6, 7).

Como acto o rasgo característico en todas las Escrituras tenemos a Dios como Gobernante, “Rey de los siglos, Inmortal, Invisible, … Único y Sabio Dios” (1 Tim. 1:17).

Los atributos de Dios.


Son sus atributos lo que nos declaran más acerca de la esencia de Dios. Por ejemplo, hay atributos que no se han dado a explicaciones, como en Juan 5:26 donde dice que “El Padre tiene vida en sí mismo”. Esto nos dice que Dios tiene existencia propia, y no derivada de otro ser vivo como nosotros.

Su voluntad no depende de nada ni de nadie, según Efesios 1:5. Su poder es propio, no tiene ninguna otra fuente externa, como dice en Salmo 115:3 ¡Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho! Conoce todas las cosas, esto es, es Omnisciente, como dice Salmo 147:5 Grande es el Señor nuestro y mucho su poder, y su entendimiento es infinito.

Como Alfa y Omega, deducimos que conoce el fin desde el principio (Isa 46:9 – 11: 46:9 Acordaos de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo, 10 que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: “Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré.” 11 Yo llamo del oriente un ave de rapiña, y de tierra lejana al hombre de mi propósito. En verdad he hablado, ciertamente haré que suceda; lo he planeado, así lo haré.).

Omnipresente Hebreos 4:13 “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”.

Es eterno Salmo 90:2 Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde la eternidad hasta la eternidad, tú eres Dios.

Dios es Todopoderoso, Omnipotente. Esto nos asegura que no hay nada que no pueda proponerse y hacerlo. Mateo 19:26 Jesús los miró y les dijo: –Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible.

Dios no cambia, es Inmutable, esto nos da la seguridad de que no habrá sorpresas con Él ni con su carácter. Tenemos la certeza de su estabilidad eterna. Esto es así porque Dios es perfecto, si no fuese así, tendría algo que mejorar, y por lo tanto sería susceptible de cambio. En Malaquías 3:6 leemos “Porque yo Jehová no cambio”. O como dice en Santiago 1:17 Toda buena dádiva y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

Estos atributos son inexpresables en todo su sentido para el entendimiento humano. Son atributos que no se pueden traspasar a los hombres, pues son únicamente suyos. Nosotros no podemos tener vida en nosotros mismos como la tiene Dios, por ejemplo.

Pero Dios tiene otros atributos que sí nos puede comunicar, hacer llegar a nosotros. Son, entre otros, el Amor (Romanos 5:8 Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.) La Gracia(Rom. 3:24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús). La Misericordia (Sal. 145:9El SEÑOR es bueno para con todos, y su compasión, sobre todas sus obras). La Paciencia (2 Ped. 3:15 tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito). La Santidad(Sal. 99:9 Exaltad a Jehová, nuestro Dios, y postraos ante su santo monte, porque Jehová, nuestro Dios, es santo). La Justicia (Juan 17:25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste). LaVerdad (1 Juan 5:20 Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna). Estos dones son inseparables del que los da, es decir, de Dios. Por lo tanto, aunque nos los da a nosotros, también lo definen a Él.

La Soberanía de Dios


La Biblia define y aclara la soberanía de Dios. Pues según Daniel 4:35 vemos que “Él hace según su voluntad… y no hay quién detenga su mano”. También sabemos por Apocalipsis 4:11 que Dios creó “todas las cosas, y por su voluntad existen y fueron creadas”. El salmista dice en Salmo 135:6 “Todo lo que Jehová quiere, lo hace en los cielos y en la tierra”. No en vano la costumbre, que de paso, se está perdiendo, de decir “Si Dios quiere”, es bíblica. Ya nos dio ejemplo Pablo en Hechos 18:21 donde dice “volveré a vosotros, si Dios quiere”. Santiago nos amonesta a seguir el mismo ejemplo, nos dice en su epístola, cap. 4:15: “Deberíais decir: si el Señor quiere viviremos y haremos esto o aquello”.

Conclusión


Es consolador ver que tenemos un Dios tal, que tiene estas características y peculiaridades, pues a mí me reconforta el saber que hay un Ser que no varía ante ninguna circunstancia y que siempre responde ante sus promesas. Más de una vez y de dos me ha fallado alguien en quien confiaba para hacer una cosa u otra, otras veces he sido yo mismo quien ha fallado a otros que esperaban algo en mí. Es tranquilizador saber que Dios está ahí, pese a todo, y que no cambia de parecer según sean las circunstancias, no se agobia, no cambia de humor, etc.

Hemos visto que sus diferentes nombres nos revelan cualidades de nuestro Dios. Y que lo que más nos dice de una persona son su actos, por eso en la Biblia tenemos continuas referencias a los actos de Dios, “Yo soy Jehová que te sacó de la tierra de Egipto”, etc. Lo que hace una persona suele hablar más fuerte que lo que dice acerca de sí mismo o de sus ideas. Por último hemos visto los atributos de Dios, que se corresponden con sus nombres. Especialmente los nombres se corresponden con atributos de Dios que no pueden sernos transferidos, así que siguen cumpliendo su función definitoria acerca de Él mismo. Aquellos atributos de Dios que no le dan nombre sino adjetivos, son los atributos que Dios sí puede transferirnos.

La soberanía de Dios queda clara en los textos hasta aquí leídos, no está sujeto a nada ni nadie. Puede hacer su voluntad de forma plena. Ahora surge una pregunta, ¿y con el ser humano? ¿Puede hacer su voluntad con el hombre? Vuelvo a insistir en la misma idea que expongo desde el primer día. Depende de lo que creamos, afectará de forma seria una doctrina. Depende del concepto que tengamos de Dios, puede derivarse una idea u otra.

En este punto surgió la teoría calvinista de la predestinación, que hoy día aún sigue deambulando por el mundo. La próxima semana veremos qué dice y qué no dice la Biblia acerca de la Predestinación. Es importante tener las ideas doctrinales claras, no sólo “lo básico”, que no es sino el fruto del conjunto de todas estas conclusiones. Recordemos que una doctrina no es un monolito, sino que se compone de muchas más ideas que no son periféricas, como a veces las vemos, sino que forman parte de la misma doctrina, y al quitarlas o entenderlas mal, debilitamos la doctrina.
———–

La Deidad: Dios habla de sí mismo (1 de 4)

Dios habla de sí mismo

Lectura Bíblica: Juan 17:2

Introducción

Hoy vamos a ver qué revela Dios de sí mismo en las Escrituras. Vamos a estudiar la qué nos dice la Biblia sobre La Deidad, qué ha querido revelar Dios de sí mismo en su Palabra.

Jesús vino a este mundo para salvar a la raza humana. Pero a los pies de la cruz sólo unos pocos lo reconocieron como Rey y Señor. Cuando el apóstol Juan escribió las palabras “a los suyos vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11) no sólo se refería a los contemporáneos de Jesús en aquel momento. Esta afirmación se amplía a todo ser humano a lo largo de la historia de este planeta. Muchos son los que no lo han aceptado, lo han rechazado con el pasar de los siglos. Esto se puede considerar un auténtico fracaso. Pero ese fracaso no es de Dios, sino de los hombres, gracias al pésimo y deficiente conocimiento que los hombres han tenido y seguimos teniendo de Dios.

El conocimiento de Dios


Hay muchísimas disputas y argumentos en pro y en contra de la existencia de Dios. Otros intentan explicar a Dios, y todo esto demuestra que la sabiduría humana es completamente insuficiente para entrar en lo divino y poder comprenderlo plenamente. Intentar entender a Dios sólo con el conocimiento humano, con el raciocinio de nuestra mente es como investigar con una lupa inmensas galaxias lejanas. Pablo nos dice en 1 Cor. 2:7 que la sabiduría de Dios es “sabiduría oculta”. Dios no dejará de ser un misterio. Como dice Pablo en el versículo siguiente, hablando de la sabiduría: “La que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria”.

Uno de los mandamientos principales es “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mat. 22:37; Deut. 6:5). No podemos amar a alguien a quien no conocemos. Por otro lado, según Job 11:7 no podemos conocer a Dios por nosotros mismos. ¿Cómo podemos entonces llegar a conocerlo?

Se puede conocer a Dios


Dios conoce nuestras limitaciones, y el dilema que enfrentamos como seres humanos. Por eso se ha hecho próximo a nosotros, a través de la Biblia. En sus páginas se revela que el “Cristianismo no es el registro de la búsqueda que los hombres hacen de Dios; es el producto de la revelación que Dios hace de sí mismo y de sus propósitos para con el hombre”1 Sin embargo, aunque sea repetitivo, la mayor revelación de Dios nos vino a través de Jesucristo, su Hijo. Por medio de Cristo podemos conocer al Padre. Como dice Juan en 1 Juan 5:20 “Sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero”. Jesús añade a esto: “Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado” (Juan 17:2). Lo importante es, que a pesar de que nos es imposible conocer plenamente a Dios, a través de su Palabra tenemos revelación suficiente como para entrar en una relación salvífica con él.

Cómo conocer a Dios


A diferencia de otros métodos de aprendizaje, y de investigación, el conocimiento de Dios tiene tanto que ver con el corazón como con la mente. Es decir, con las emociones y con lo intelectual. Comprende todo el ser, de forma íntegra. No es sólo un mero conocimiento de algo que se aprende para luego repetirlo o almacenarlo en la memoria. Primero nos tenemos que abrir a la influencia del Espíritu Santo, de forma que nos impresione y nos guíe a toda verdad. Jesús dijo “Bienaventurados los de limpio corazón porque ellos verán a Dios”. Esto es así, porque los que no tienen el corazón limpio, no pueden recibir la influencia del Espíritu Santo. Por eso los incrédulos no pueden comprender a Dios. Pablo lo dice en 1 Corintios 1:20, 21: “¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría de este mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación”. Y eso es así porque lo espiritual se discierne espiritualmente.

La manera en que adquirimos conocimientos de Dios a través de la Biblia es completamente distinto de los métodos tradicionales. Normalmente el objeto de estudio está por “debajo” del estudioso, simbólicamente es como si colocásemos el objeto de estudio en un microscopio y lo analizásemos y observásemos. Pero con Dios no sucede así, no podemos colocarlo en ningún “microscopio”, ni “macroscopio” (por lo grande). No nos podemos poner por encima de Dios, no lo podemos diseccionar ni analizar de forma cuántica. Sólo podemos estudiarlo a través de la Biblia, y como sabemos, la Biblia es su propio intérprete, así que las reglas de estudio vienen definidas por ella misma. Este es el método provisto para conocer a Dios.

La pregunta es, entonces, ¿por qué tantos contemporáneos de Jesús no fueron capaces de ver en él la revelación de Dios? La respuesta se deduce de lo dicho anteriormente, porque no se sometieron a la regla de la Palabra de Dios, ni permitieron que el Espíritu Santo trabajase en ellos revelándole lo que las Escrituras decían de Él. Interpretaron de forma equivocada las Escrituras y obteniendo un mensaje de parte de Dios completamente distorsionado. Esto les llevó, a la larga a crucificar a su propio Salvador. El problema de entonces no fue un problema intelectual, jamás he visto un pueblo tan metódico a la hora de estudiar e interpretar las cosas. El problema de ellos era que sus corazones estaban endurecidos, esto cerró sus mentes al Espíritu de Dios, y perdieron la vida eterna.

La Existencia de Dios


Hay dos grandes fuentes que hablan de la existencia de Dios, como ya vimos son el libro de la naturaleza, y la otra es la Sagrada Escritura.


Evidencias de la Creación


Todo el mundo puede aprender de la existencia de Dios a través de la naturaleza como vimos semanas pasadas. Es conocido el Salmo 19:1 “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”. Y el otro texto que ya vimos era Romanos 1:20: “Las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas”.

La conducta humana también provee evidencias de la existencia de Dios. Recordad que Enoc no caminó con Dios hasta que fue padre, y supo lo que es amar a un hijo. Entonces conoció el amor de Dios por sus criaturas. En muchos lugares se adora a Dios sin que siquiera sean conscientes de ello, por ejemplo, Pablo vio en Atenas un altar “al Dios no conocido. Y Pablo les dijo: “Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio” (Hechos 17:23). Pablo también nos enseña que la conducta de los no cristianos se rige por su conciencia, y que el que se deja regir por ella da testimonio de que la ley de Dios ha sido escrita en su corazón (Romanos 2:14, 15). Esta intuición de lo Divino, se encuentra aún entre los que no conocen la Biblia, el hombre tiene la necesidad de adorar a alguien o algo. EN toda cultura, lugar y momento, siempre ha habido una necesidad de religión, de reunir lo humano con lo divino, ya sea de una manera o de otra. Culturas aborígenes, más o menos desarrolladas, pero siempre ha habido un matiz religioso en todo ello. Siempre se ha hablado e intentado demostrar la existencia de Dios con diversos argumentos.

Evidencia de la Escritura


La Biblia no entra en la dinámica de intentar demostrar la existencia de Dios. Pura y llanamente la da por sentada “En el principio creó Dios los cielos y la tierra…”. Ninguno de nosotros trataría de demostrar su existencia ¿o sí? ¿entonces por qué Dios tiene que hacerlo?

La Biblia describe a Dios como Creador, Sustentador y Legislador de toda la creación. La revelación de Dios por medio de la creación es tan poderosa que no hay excusa para el ateísmo, que surge cuando se suprime la verdad de un Dios o cuando voluntariamente se intenta rehusar o rechazar la evidencia de la existencia de Dios. (Sal. 14:1; Rom. 1:18 – 22, 28).

Hay suficientes evidencias de la existencia de Dios para convencer a cualquiera que procura seriamente descubrir la verdad acerca de él. Y sin embargo la fe es un requisito previo, por cuanto sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (Hebreos 11:6).

Sin embargo la fe en Dios no es ciega. Está basada en muchas evidencias que se encuentran tanto en las revelaciones de Dios a través de las Escrituras como en el mundo de la Naturaleza. Y por supuesto, una vez que hemos comenzado a andar con el Señor, nuestra propia experiencia es otra evidencia más de la existencia de Dios.

Resumen


Para conocer a Dios tenemos dos bases, la naturaleza, ya estudiada, y la Biblia. Por eso es tan importante que vayamos avanzando poco a poco. Lo que Dios es, para nosotros es lo que él mismo ha revelado acerca de sí en la Biblia. Ahora que tenemos plena confianza en la Palabra de Dios es cuando podemos quitar todo tipo de filtros mentales y acudir abiertamente a la Palabra de Dios para beber agua pura de ella. Vamos a conocer a nuestro Dios, y así lo podremos amar de forma más plena. Sólo entendiendo esto podremos estudiar a Dios, quién es y cómo es. Conocer a Dios es amarlo, y ese es el fin principal del repaso doctrinal que estamos llevando a cabo.
------------
1Gordon R. Lewis. Decide for yourself: A Theological Wordbook. Downers Grove. Il. Inter Varsity Press, 1978. Pág. 15.
———–