Dios El Padre: Un Padre Celestial II (2 de 3)

Un Padre Celestial (2).

Lectura Bíblica: Salmo 125:2

Introducción.

La semana anterior repasamos algunos conceptos acerca del Padre corrigiendo algunos malos entendidos acerca de Él. Vimos que no estaba en una oposición al Hijo, sino que van en armonía, al igual que en Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento también están en armonía.
Consideramos a Dios como un Dios de Misericordia, que se goza en perdonar, pero que tampoco perdonaba ciegamente, sino que seguía manteniendo el sentido de la Justicia. También vimos al Dios del Pacto, es decir, un Dios deseoso de establecer relaciones con los seres humanos, y pactar con ellos. Por último analizamos al Dios Redentor, ese Dios que no queda impasible ante los problemas de sus criaturas, sino que se involucra en la vida de ellos para ayudarles. Quedaron seis puntos pendientes y vamos a abordarlos.

1. Conceptos acerca de Dios el Padre en el AT (2).

1. Un Dios de Refugio.

El Rey David consideraba a Dios como alguien en quien podemos encontrar refugio, tal y como se hacía en las ciudades de refugio que había en Israel en aquellos tiempos. Eran unas ciudades repartidas a lo largo y ancho del país, de forma más o menos equidistantes, a las que acudían corriendo aquellos fugitivos inocentes. Cuando alguien por accidente quitaba la vida de otra persona, la venganza era inminente y la familia acudiría a quitarle la vida también a él. Esto no está sancionado por la Biblia, por eso Dios estableció las ciudades de refugio, donde pudiesen acudir y refugiarse aquellos proscritos que eran inocentes.
El tema del refugio aparece muchas veces en los Salmos, describe tanto a Cristo como al Padre. La Deidad era un refugio para el Salmista. Por ejemplo, dice el Salmo 46:1 “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”. Otro Salmo muy significativo es el Salmo 125:2 “Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella, así Yavé está alrededor de su pueblo desde ahora y para siempre”.
El salmista expresa el anhelo de gozar más de la presencia de su Dios, por ejemplo el bonito Salmo 42: 1, 2 “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo”.
Por su propia vida, por su propia experiencia, David podía aconsejar lo que dejó escrito en el Salmo 55:22 “Echa sobre Yavé tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo”. En el Salmo 62:8 nos dijo: “Esperad en él en todo tiempo, oh, pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio”. En Salmo 86:15 nos dirá que tenemos un “Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad”.

2. Un Dios perdonador.

También David cometió graves pecados. Recordaremos la historia de Betsabé. David se encaprichó de ella, y finalmente logró tener relaciones con Betsabé. Ésta quedó encinta pero Urías, su esposo estaba en el frente de guerra, con lo cual, era evidente a todos el adulterio. David hizo traer a Urías para que se allegara a su esposa, y así poder disimular el fruto del adulterio. Urías, hombre entregado al rey y a Dios en cuerpo y espíritu, no quiso tocar a su esposa. Como el plan no tuvo efecto, David finalmente planea poner a Urías en lo más fiero del frente de batalla, para que cayese muerto, y así sucedió. David era un adúltero y asesino con premeditación y alevosía. Después de haber cometido tan terribles pecados, rogó a Dios con anhelo desde lo más hondo de su corazón: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones… No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu Santo Espíritu” (Salmo 51:1, 11).
David se sintió reconfortado por la seguridad de que Dios es misericordioso. Lo ejemplificó en Salmo 113:11―14 “Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Yavé de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo”.

3. Un Dios de Bondad.

Según Salmo 146:7―9, Dios es quien “hace justicia a los agraviados, es quien da pan a los hambrientos. Yavé liberta a los cautivos; Yavé abre los ojos a los ciegos; levanta a los caídos, ama a los justos. Yavé guarda a los extranjeros; al huérfano y a la viuda los sostiene”. ¡Este es el cuadro que se nos presenta de Dios en el Antiguo Testamento! ¡Ese es el Padre!

4. Un Dios de fidelidad.

A pesar de la grandeza de Dios, su pueblo, Israel, pasó gran parte del tiempo apartado de Él. Sirva de ejemplo lo dicho en Levítico capítulo 26 donde Dios arengó al Pueblo y les avisó de las consecuencias de la obediencia y las consecuencias de la desobediencia a Él. Otro capítulo interesante es Deuteronomio 28, donde por última vez se repasa de nuevo el pacto que Dios hace con Israel de obediencia y protección divinas, y se contrasta con la desobediencia y la desprotección divinas.
Se describe la actitud de Dios hacia su pueblo como la de un esposo que ama a su esposa. Otro ejemplo lo tenemos en el libro del profeta Oseas, donde se ilustra en la propia experiencia del profeta el amor de Dios hacia su pueblo a pesar de ser infiel, y la continua disposición de Dios para perdonar. Esto revela su carácter de amor incondicional.
También es cierto que Dios, en su deseo de corregir la conducta de su pueblo, le permitió experimentar las calamidades causadas por su infidelidad, de todos modos lo abrazó con su misericordia. Esto se aplica a su pueblo a lo largo de todos los tiempos, incluso hoy a aquellos que le buscan. Dios aseguró en Isaías 41:9, 10: “Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché. No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. Esa promesa también es para nosotros hoy.
A pesar de la infidelidad del antiguo Israel, Dios les prometió: “Y confesarán sus maldades, y las de sus padres, por su delito con que me fueron infieles… entonces se humillará su corazón incircunciso (no apartado) y reconocerán su pecado. Entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob, y asimismo de mi pacto con Isaac, y también de mi pacto con Abraham recordaré” (Levítico 26:40―42).
Dios recuerda a su pueblo su actitud redentora en Isaías 44:21 y 22 “Israel, no me olvides. Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí”. Hay motivos para que Dios diga: Mirad a mí, y sed salvos todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más” (Isaías 45:22).

5. Un Dios de Salvación y Venganza.

La descripción que el Antiguo Testamento hace de Dios como un Dios de venganza, hay que situarla en su contexto, esto es, en la destrucción de su pueblo fiel por los malvados. En el AT encontramos muchas veces las expresiones “el día de Yavé”, y ese día siempre se refiere al fin del tiempo, cuando Dios defienda a su pueblo de forma definitiva. Es un día de Salvación para los que creen en Dios y le hicieron entrega de su vida. Pero ese mismo día glorioso de salvación, de recompensa definitiva, también se recompensa, no sólo lo bueno, sino lo malo. Es el día de recompensa para los injustos, es el día de venganza sobre los enemigos del pueblo de Dios. Así se entiende el texto de Isaías 35:4 “Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá y os salvará”.

6. Un Dios paternal.

Moisés, hablando a Israel se refirió a Dios llamándolo su Padre, que los había redimido: “¿No es él tu Padre que te creó?” (Deuteronomio 32:6). Por la redención, Dios adoptó a Israel como su hijo. Isaías escribió: “Ahora pues, Yavé, tú eres nuestro Padre” (Isaías 64:8, ver Isaías 63:16). Por medio de Malaquías, Dios afirmó su paternidad “El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos” (Malaquías 1:6). También en Malaquías, en este caso, capítulo 2 y versículo 10 se nos dice: “¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?”. Dios es nuestro Padre tanto por la Creación, como por la Redención.

Resumen

Hoy hemos visto a Dios como un Dios de Refugio, a quien acudir para buscar protección. También es un Dios perdonador, que hace “borrones, y cuentas nuevas”. Es un Dios bondadoso y fiel a pesar de nuestra infidelidad. Es un Dios que Salva y nos hace justicia y nos vengará cuando ya no haya más oportunidad de arrepentimiento. Es un Dios paternal, el mejor Padre que podremos jamás tener, y que nunca nos dejará y nunca fallará.
La próxima semana veremos cómo Jesús reveló al Padre en dos puntos, como un Dios que da desinteresadamente, y como un Dios de amor. Dios el Padre en el NT.¡Feliz Sábado!
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