Dios El Padre: Un Padre Celestial I (1 de 3)

Un Padre Celestial (I).

Lectura Bíblica: Éxodo 34:6-7

Introducción.

¿Qué podemos decir de Dios el Padre?

1. Conceptos acerca de Dios el Padre.

Con demasiada frecuencia se comprende mal a Dios el Padre. Muchos conocemos la misión que Cristo vino a cumplir a este mundo a favor de la raza humana, y estamos al tanto del papel que el Espíritu Santo realiza en el individuo, pero ¿qué tiene que ver con nosotros el padre? ¿Está Él, en contraste con el Hijo, lleno de de bondad y el Espíritu, totalmente separado de nuestro mundo? ¿Es acaso el Amo ausente, la Primera Causa inamovible?
¿O será él, según algunos piensan, el “Dios del Antiguo Testamento”, un Dios de venganza, caracterizado por el dicho: “ojo por ojo, diente por diente”? Muchos piensan que Dios es exigente, que requiere conducta perfecta, bajo la amenaza de terribles castigos. Un Dios que ofrece un contraste absoluto con la descripción que hace el Nuevo Testamento de un Dios de Amor, el cual nos pide que volvamos la otra mejilla y que caminemos la segunda milla (Mateo 5:39―41).

2. Dios el Padre en el Antiguo Testamento.

No hay que olvidar que entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento hay una unidad, Dios busca la salvación del hombre y se la brinda gratuitamente. Es el mismo Dios quien habla y actúa en ambos testamentos, es el mismo Dios el que dice “Amad a vuestros enemigos” en Mateo, y el que dice “No quiero la muerte del que perece” (Eze. 18:32).
No en vano leemos en Hebreos 11:1―2: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”. Es decir, el mismo Dios que se dirigía a los seres humanos en el AT, sigue haciéndolo igualmente en el NT, pero a través del Hijo. Estamos hablando del mismo Dios.
Si bien en el AT se hace alusión a la pluralidad de Dios, a las personas, no se distinguen sino en el NT. No obstante, el NT deja claro que Cristo, Dios el Hijo, fue el agente activo en la creación. En Juan 1:1―3 vemos que a Cristo, antes de la Encarnación, se le llama el Verbo, literalmente leemos: “1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Éste era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Y en Colosenses 1:16, hablando del Hijo, Pablo dice: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.” También Pablo nos dice que Jesucristo, el Hijo, fue el Dios que sacó a Israel de Egipto, lo leemos en 1 Corintios 10:1―4: “1 Porque no quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron por el mar; 2 y en Moisés todos fueron bautizados en la nube y en el mar; 3 y todos comieron el mismo alimento espiritual; 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo.”
Lo que el NT declara acerca del papel que Cristo desempeñó en la Creación y en el Éxodo, sugiere que a menudo, en el AT las alusiones que se hacen describiendo a Dios el Padre, se hacen por medio del Hijo. Hay un texto muy conocido, y musicado por Haëndel en “el Mesías”. Ese texto es Isaías 9:6, donde hablando de la Navidad dice: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros; y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso,Padre Eterno, Príncipe de Paz.” En 2 Corintios 5:19 también leemos: “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo”.

El Antiguo Testamento describe al Padre en los siguientes términos:

Un Dios de Misericordia.

Ningún pecador ha visto jamás a Dios. Esto lo dijo el propio Dios a Moisés en Éxodo 33:20 “No puedes ver mi rostro; porque nadie puede verme, y vivir.” No tenemos ninguna fotografía de su rostro. Así que Dios demostró su misericordia a través de sus hechos. Dios mismo proclamó ante Moisés, según leemos en Exodo 34:6―7: “Entonces pasó el SEÑOR por delante de él y proclamó: El SEÑOR, el SEÑOR, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad; 7 el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la trasgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable; el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación.” Respecto de este texto, hay que resaltar un aspecto más. Fíjate que dice que hace misericordia a millares, y sin embargo limita las consecuencias del pecado hasta unas pocas generaciones. Esto es entendible sabiendo que nuestro estilo de vida afecta a nuestros hijos, y aún a nuestros nietos. Literalmente, hasta la tercera y cuarta generación. Sin embargo, los efectos de la misericordia de Dios no se ven limitados a tan corto radio, sino a millares de seres. Otra forma de entenderlo es que hace millares de misericordias. Su misericordia no tiene límites.
Con todo, la misericordia no perdona ciegamente, sino que se deja guiar por el principio de la justicia. Los que rechazan la misericordia divina, cosechan el castigo de su error, sufren las consecuencias de su pecado. Conozco una historia, que ilustra este aspecto. Un muchacho en Estados Unidos, que solía llevar una vida ejemplar, un mal día perdió los estribos. El resultado de ese “mal rato” fue una muerte. Lo condenaron a muerte. Estando en el corredor de la muerte, y debido a su ejemplar vida anterior, el vecindario recogió gran cantidad de firmas pidiendo el indulto de aquel joven. El gobernador, recibió aquellas peticiones, grandes sacos llenos de cartas. Se conmovió ante la situación, y decidió indultar al joven muchacho. Con el indulto en el bolsillo, y vestido con sus atuendos de clérigo, su oficio además de ser gobernador, se dirigió al corredor de la muerte. Cuando al muchacho se le anunció una visita, y vio a un clérigo que se acercaba, le habló de forma inadecuada, le dijo que ya había recibido la visita de muchos como él, y que no quería oírle. El gobernador le insistió y le dijo que tenía buenas noticias para él. Pero el reo insistió en no querer verle. El gobernador, cabizbajo marchó de vuelta con el indulto en el bolsillo.
Al poco regresó el carcelero y le preguntó qué tal estaba después de haber hablado con el gobernador. El joven quedó sorprendido y preguntó: “¿Qué gobernador?” Entonces el carcelero le respondió: El clérigo que acaba de venir, ése era el gobernador, y traía tu indulto en el bolsillo.
El joven sintió desfallecer su corazón dentro de sí. Inmediatamente pidió lápiz y papel para escribir una carta al gobernador disculpándose por su conducta reprochable. Cuando aquella carta llegó a manos del gobernador, suspirando, le dio la vuelta y escribió en el envés: “No estoy interesado en el caso”.
Cuando el día de cumplir la condena llegó, se le hizo la típica pregunta: “¿Unas últimas palabras?”.
El joven respondió: “Quiero que todo el mundo sepa que no voy a morir por haber asesinado a alguien, sino por haber rechazado el perdón que me devolvía la vida”.
Sucede lo mismo con la misericordia de Dios. Dios nos perdona, y nos quiere dar la vida eterna. Pero si nos empecinamos en rechazar a Dios, en no aceptar ese perdón, nos alcanzará la consecuencia de nuestro pecado. Dios pasará de ser nuestro abogado a ser nuestro juez, cuando no haya más vuelta atrás. Aún hoy hay esperanza, y si oyes la voz de Dios a través de este mensaje, no lo desprecies. No tengas prejuicios como los tuvo aquel joven, acepta al Señor y el perdón que te brinda.
En el desierto del Sinaí, Dios expresó su deseo de ser amigo de Israel, y de estar con su pueblo. Por eso le dijo a Moisés: “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos” (Éxo. 25:8). Por cuanto el santuario era la morada de Dios en la tierra, se convirtió en el punto focal de la experiencia de Israel.

El Dios del Pacto.

Dios estaba ansioso de establecer, por fin, relaciones duraderas con su pueblo. Dios hizo pactos solemnes con personas como Noé, lo podréis leer en Génesis 9:1-17, o con Abraham, que se encuentran en Génesis 12, 13, 15, 17 y 22. En estos pactos, podemos ver a un Dios personal, amoroso, que se interesa en las situaciones por que pasa su pueblo. A Noé le dio la seguridad de que habría estaciones regulares, lo podemos leer en Génesis 8:22: “Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán.” También le prometió que no habría otro diluvio universal. En Génesis 9:11 leemos: “Yo establezco mi pacto con vosotros, y nunca más volverá a ser exterminada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.”
A Abraham le prometió numerosos descendientes, y una tierra en la que podría morar.

El Dios redentor.

En el Éxodo, Dios guió milagrosamente a una nación de esclavos hasta la libertad. Este gran acto redentor constituye el telón de fondo de todo el Antiguo Testamento, y nos da un ejemplo del anhelo que Dios siente en ser nuestro Redentor. Dios no es un ser distante y desconectado de la realidad humana. Dios se interesa por nosotros, además de forma personal. Se involucra en nuestros asuntos.
Los Salmos de forma especial, fueron inspirados por la profundidad de esa involucración divina en nuestro vivir. Por ejemplo, Salmo 8:3―4 dice: “3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has establecido, 4 digo:¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, y el hijo del hombre para que lo cuides?” Otro salmo interesante es el 18:1―2: “Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. 2 Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio”. Un último Salmo, 22:24: “porque no menospreció ni rechazó el dolor del afligido, ni de él escondió su rostro, sino que cuando clamó a él, lo escuchó”.

Resumen

Hoy hemos comenzado a descubrir al Padre Celestial, especialmente en el Antiguo Testamento. Hemos visto que el Dios del Antiguo Testamento es el mismo que el Dios del Nuevo Testamento que se manifestó a través del Hijo. Dios Padre es Dios de misericordia, que perdona a millares. Es un Dios que hace pactos con su pueblo, y más que eso, es un Dios que redime a su pueblo. Lo salva y le ayuda de forma constante. La próxima semana comenzaremos a ver al Padre como un Dios de Refugio, Dios perdonador, Dios de Bondad, de fidelidad, un Dios de Salvación y de venganza y como un Dios paternal. ¡Feliz Sábado!
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