La Deidad: “Dios S.A.” (4 de 4)

Dios S.A.

Introducción.


Vimos la importancia que tienen los nombres de Dios en la Biblia, qué significaban algunos de ellos, y qué nos revelaban acerca de nuestro Dios, de sus características, tanto las exclusivas, como aquellas que puede y quiere compartir con nosotros.
Otra de las grandes características de Dios es su soberanía, su poder absoluto sobre toda la creación. Esto dio lugar a que algunas personas entendiesen mal a Dios, y creyesen en la predestinación. Pero la Biblia es clara al respecto, y hace notorio que la salvación es para todo el que la acepte. Dios respeta la libertad del ser humano para ser salvo o no. Por último repasamos algunos de los textos más importantes en los que se basa la defensa de la predestinación, como es Romanos 9.
El resultado es una comprensión del texto incorrecta, pues cuando Dios escoge o desecha a alguien lo hace respecto a la Misión, nunca respecto la salvación, que sigue siendo gratuita y universal para el que la acepte. Dios elige quién es el profeta o el patriarca, o su testigo. No quién va a ser salvo, aunque conozca el principio desde el fin.

La dinámica de la Deidad.


Vamos a pasar al último aspecto a considerar dentro de la doctrina de la deidad. Vamos a ver cuál es la dinámica de la Deidad. Vamos a ver cómo trabaja Dios consigo mismo, es decir, cómo interactúan las tres personas de la divinidad.
Aunque con lo que acabo de decir he dado por sentada la trinidad, cabe hacer la siguiente pregunta: ¿Hay un solo Dios? ¿Entonces qué hacemos con Cristo y con el Espíritu Santo?

La unidad de Dios.


Vamos a tratar primero la unidad de Dios. En la época del antiguo Israel, lo común entre las naciones paganas era tener varios dioses, un panteón de dioses. Se tenían dioses para los aspectos más importantes de la naturaleza y del ciclo anual. Se tenía un dios para el sol, otro para la luna, otros para las estrellas, llamado el “ejército de los cielos”1, en otro lado llamado Zodíaco (2 Re. 23:5), otro dios o diosa para la fertilidad, la lluvia, los montes, etc.
Sin embargo, Israel, en contra de la costumbre común de entonces, sólo tenía un Dios. En Deuteronomio 4:35 dice: “A ti te fue mostrado, para que supieras que Jehová es Dios y que no hay otro fuera de él”.Otro texto conocido por los cristianos y memorizado por los israelitas (hoy judíos) es el Shemáh.
Es la oración que se aprenden los judíos desde niños. Es Deuteronomio 6:4 “Escucha Israel, Yahvé nuestro Dios, Yahvé uno es”. Y así podríamos pasar por varios textos más2.
En el NT vemos que también se hace énfasis en la unidad de Dios. Jesús repitió el Shemah en Marcos 12:29, y en la oración sacerdotal, en Juan 17:3 nuestro Señor dijo: “esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.3 Esta afirmación monoteísta no contradice la creencia cristiana de la Trinidad. Al contrario, más bien defiende el monoteísmo, creer en un Dios único frente a la idea pagana de tener varios dioses distintos (en este caso sería tres dioses separados). No creemos en una multitud de dioses individuales o separados. Creemos en un único Dios.

La pluralidad dentro de la divinidad.


Si bien no encontramos en el AT de forma explícita que Dios es triuno, sí que encontramos expresiones en plural que hacen referencia a la divinidad. Por ejemplo, el clásico “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gén. 1:26). O cuando Adán y Eva pecaron, en Génesis 3:22 leemos “He aquí el hombre es como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal”. No hace referencia a los seres celestiales no caídos. Hace referencia a la divinidad.
El episodio de la torre de Babel nos da otro claro ejemplo. Dice en Génesis 11:6 y 7: “Y dijo Jehová: “El pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; han comenzado la obra y nada los hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. 7 Ahora, pues,descendamos y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero”
Otras veces se hace referencia al Ángel de Jehová, en 62 versículos en toda la Biblia. Muchas de ellas están identificando al propio Dios. Por ejemplo, en Éxodo 3:2 – 6 le dice a Moisés, “Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob”.
Acerca del Espíritu de Dios, se distingue en varios lugares del AT. 80 veces se hace referencia directa al Espíritu de Dios en toda la Biblia. El clásico es Génesis 1:2: “Y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. En el AT encontramos referencia también a la trinidad. En Isaías 48:16 texto que habla de Dios como Redentor dice: “Y ahora me envió (¿quién fue enviado? Cristo) Jehová el Señor, (¿quién lo envió? El Padre) y su espíritu”. En este texto es Cristo el que habla, le enviaron el Padre y el Espíritu.
Hay otro texto en Isaías, y esa vez habla el Padre. Isaías 42:1 dice: “He aquí mi Siervo, a quien yo sostengo, mi escogido, en quien mi alma se complace. He puesto mi Espíritu sobre Él; Él traerá justicia a las naciones”. El Padre habla de Cristo y menciona al Espíritu Santo.

Relación entre las personas de la Deidad.


Ahora que tenemos una vislumbre clara de que hay tres personas interactuando, que se hablan el uno al otro, que se mencionan, la pregunta es ¿cómo se relacionan entre sí? Juan nos revela bastante de la divinidad. En el capítulo 3 vemos el episodio de Nicodemo, donde Cristo habló del Espíritu. En Juan 4, con la mujer samaritana, vemos a Cristo, el Mesías prometido, el Dios encarnado. Y en Juan 5, tras la curación del paralítico de Betesda, Jesús explicó cómo trabaja el Padre, y que de igual manera trabaja él.
1. Relación de amor. Entre las tres personas de la divinidad, hay una relación de amor. Cuando Jesús expiró en la cruz con el grito “¡Padre mío! ¿Por qué me has desamparado?” era la expresión del sufrimiento por la separación del Padre, causada por el pecado. El pecado nos separó de Dios (Isa. 59:2: Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados le han hecho esconder su rostro de vosotros para no escucharos).
Cristo, que no conoció pecado, sufrió esa separación al hacerse pecado por nosotros. Sufrió la separación que nos corresponde a nosotros, y eso fue lo que le causó la muerte. Jamás llegaremos a comprender lo que significó para la Deidad la muerte de Jesús. Desde la eternidad, los tres habían compartido la vida coeterna, en perfecta armonía, una vida coexistente, en abnegación y amor mutuos. 1 Juan 4:8 dice de forma sencilla “Dios es amor”. Con todo lo que implica el verbo ser.
Cuando se habla de la paciencia divina, en 1 Corintios 13, no se trata entre la propia divinidad, sino al tratar con los seres caídos, (los ángeles de Satanás y los seres humanos). No hay distancias entre las personas de la Deidad, pues comparten atributos, cualidades y poderes divinos. Mientras que los seres humanos hacemos recaer la responsabilidad final sobre una persona, sea presidente, rey u otro; en la divinidad la autoridad final recae sobre los tres por igual. Si bien la Divinidad no es una en personas, es una en propósito, mente y carácter. Esta unidad no destruye las distintas personalidades, y el que las haya no contradice que el Padre, el Hijo y el Espíritu sean un solo Dios.
2. Una relación práctica. Una de las características que más me gustan del cielo (y de la que tengo mucho que aprender) es el orden. Dios no duplica innecesariamente el trabajo. Existe lo que se llama “economía funcional”. Dicho de otro modo, en un hogar se reparten las tareas, para permitir una mayor eficiencia de las mismas, de ahorro de tiempo y de energía. Igual sucede en el cielo, y en la Deidad. Un ejemplo es la encarnación de Cristo. El Padre dio a su Hijo. Cristo se entregó a sí mismo, y el Espíritu produjo la concepción de Jesús. En Lucas 1:35 vemos la actuación de las tres personas de la divinidad. “Respondiendo el ángel, le dijo: — (1) El Espíritu Santo vendrá sobre ti y (2) el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también (3) el Santo Ser que va a nacer será llamado Hijo de Dios”.
En el momento del bautismo, la Trinidad estuvo presente. El Padre dio su aprobación de forma audible, el Espíritu se manifestó en forma visible entregándose a Jesús para impartirle su poder; y el Hijo estaba presente entregándose a sí mismo en bautismo como ejemplo.
En Juan 14:16 Cristo prometió enviar al Espíritu en calidad de Consejero o Ayudador. Horas más tarde clamaba al cielo porque el Padre le había abandonado a causa del pecado.
En Juan 15:26 leemos: “Cuando venga el Consolador, a quien yo enviaré del Padre, es decir, el Espíritu de verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí”. El Padre y el Hijo envían al Espíritu para revelar a Cristo a cada persona.
Aunque Cristo es el único de la Deidad que se hizo hombre, que murió como hombre, y que por lo tanto es nuestro único Salvador, Dios también puede ser designado como nuestro Salvador, pues en Tito 3:4 dice: “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad”
Cada persona de la Deidad tiene su propia función en el plan de la salvación. La obra del Espíritu no añade más calidad al sacrificio de Cristo, sin embargo la expiación ofrecida en al cruz de forma general, para todos, mediante el Espíritu es aplicada de forma individual, a cada uno que la acepte.

Conclusión


Al mirar a la Cruz, un instrumento de tortura, vemos cómo Dios derramó allí su amor, su vida por nosotros. Allí Dios fue colgado en nuestro lugar. Allí encontramos la revelación del verdadero carácter de Dios, su amor infinito por nosotros. Dios estuvo dispuesto a sufrir esa separación entre sí, que había sido eterna y feliz, sólo para poder salvarnos del pecado y la muerte eterna. Desde esa cruz Dios nos dice: Reconciliaos, “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4:7). Feliz Sábado.
1 2 Re. 17:16; 21:3, 5;23:4, 5; 2 Cr. 33:3, 5, etc.
2 Ejemplo: Isa. 45:5; Zac.14:9.
3 Otros textos: 1 Co. 8:4 – 6; Efe. 4:4 – 6; 1 Tim. 2:5).
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